Duviel Herrera no temió dar ‘el paso al frente’ cuando en aquella asamblea le dijeron que el país necesitaba maestros. Ser profesor era su verdadera vocación. Fueron doce años en los que se sintió feliz, pero la alegría no lleva platos de comida a la mesa. Duviel Herrera ahora atiende su propio negocio.

Tiene 31 años y vende útiles del hogar en el portal de su casa. Nadie imagina que este joven emprendedor haya sido uno de los primeros «valientes»

“Cuando terminé el preuniversitario apareció la convocatoria de la Revolución para integrar aquel grupo, que se convertiría en el de los profesores generales integrales, formados en un año intensivo de preparación. Ya se había hecho un experimento en La Habana con 100 maestros. Decidieron masificar el proyecto y estuve en el primer llamado de 4500 jóvenes de toda Cuba”.

Después de su preparación, Duviel comenzó un largo recorrido por aulas de muy diversas características. “Estuve un año en La Habana estudiando, y posteriormente estuve dos años trabajando en una escuelita en una zona bastante problemática en la barriada de Lawton. Después estuve un año en una secundaria en Santa Clara, otro como cuadro de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en el Pedagógico de Villa Clara hasta que me gradué y regresé aquí, a mi pueblo de Quemado de Güines, donde fui hasta subdirector de una escuela secundaria, pero siempre vinculado al aula, impartiendo clases”.

“Amo el aula porque es mi verdadera vocación”.

“Muchos personas se alegran por la decisión que tomé de dejar las aulas, y no me creen cuando les digo que extraño mucho a los muchachos”. “Pero desgraciadamente en Cuba la economía familiar no se puede mantener con un salario de profesor”.

Foto: Duanys Hernández Torres

“Hace muchos años yo era cuentapropista, pero solo en las fiestas populares del pueblo, donde vendía productos alimenticios con mi cuñado. Cuando se amplió el cuentapropismo saqué mi carnet, seguí trabajando en Educación y ocasionalmente en los carnavales”

“En el portal de mi casa vendían unos testigos de Jehová que tenían rentado el espacio y yo les cubría el negocio los fines de semana. Al final del curso pasado ellos decidieron irse. Al ver que era una buena opción que me reportaba más beneficios que dar clases, pedí dinero prestado y monté mi propio negocio.”

Duviel está atento al pedido de sus clientes y busca la mercancía en varios lugares. “Le compro los productos a otros cuentapropistas que son intermediarios o productores y tengo que ir una o dos veces por semana a municipios distantes donde producen mi mercancía. Otras veces algunas personas me traen las cosas para que se las venda y si me da resultado hago una especie de contratos con ellos”

Al parecer no le va mal al exprofesor, porque habla de planes de expansión sin miedos: “Solicité un crédito al banco pero por trabas burocráticas no me lo han brindado. Con ese dinero quiero expandirme, invertir más y montar en un cuarto de la casa una especie de tienda con todos los productos que comercializo”.

“Este no es un negocio de grandes sumas de dinero porque los de amplia magnitud siempre van por vertientes ilegales y yo lo que ofrezco son productos netamente criollos pero eso me mantiene dentro de la legalidad. Es lo justo para seguir vendiendo sin problemas…por si un día puedo regresar al aula”.