Sofía juega a las princesas delante de las luces y la cámara fotográfica. Con 5 años hace elegantes poses de señorita. Camina despacio para no estropear su peinado de bucles. Apenas domina los enormes tacones. Mueve con gracia propia de mujer mayor los hombros de abajo hacia arriba y ajusta las copas desinfladas del vestido a su pecho escuálido. Comprueba si el creyón continúa en su boca rozando las comisuras de los labios. Sonríe. “Más natural”, le pide la voz detrás del lente.

“Recuerda: los miniquince son una vez en la vida”, dice la madre desde una esquina del set. Usa la frase de moda para animar a su hija, mientras la pequeña protagoniza la última tendencia del espectáculo fotográfico en Cuba.

El polémico fenómeno, con un número creciente de adeptos, marca una nueva pauta en la tradición del decimoquinto aniversario de las mujeres. Ahora el festejo comienza 10 años antes de lo previsto con una sesión de fotos para ‘cincoañeras’.

Yanisleidys Montejo, fotógrafa de oficio, captó rápido las señas del mercado y vendió la propuesta a su clientela: “Comencé a tirar miniquinces hace poco más de un año. No sé a quién se le ocurrió la idea. Vi trabajos de fotógrafos de La Habana, Matanzas, Cienfuegos y adapté el concepto a mi casa estudio. Al menos en Placetas, Villa Clara, tienen tremenda aceptación en el público”, asegura.

Yanisleidys Montejo en su estudio. Foto de la autora.

Descifrar el momento justo en el que alguien apuntó los minquince al repertorio de un estudio fotográfico resulta tan difícil como innecesario. Sin embargo, ya existen investigaciones en Cuba que revisan el impacto de la nueva fórmula de celebración. En su tesis de licenciatura, Mis Quince Primaveras, la periodista Taissé Del Valle relaciona el origen de esta tendencia con influencias extranjeras llegadas a través de nuevas tecnologías de información y la comunicación.

Una simple búsqueda en internet muestra que este tipo de fotos se realiza desde hace tiempo. Revistas de marcas famosas y otros agentes publicitarios usan imágenes de niñas con atuendo y poses de adultas para vender estilos de moda. Las suben desde todas partes del mundo y grafican el debate sobre la hipersexualización de la infancia.

Foto tomada de 50sombrasdezoe.blogspot.com

“Reproducimos el trabajo que hacemos con las quinceañeras,” explica la fotógrafa Yanisleidys Montejo. “Las peinamos y maquillamos de acuerdo al gusto de la familia. Algunos padres lo quieren más pronunciado que otros. Al final casi todas se maquillan porque de eso trata. Es una especie de juego en el que las chicas fantasean ser jovencitas. Por eso tratamos de hacerlas lucir mayores. Nuestro sello es el maquillaje con dibujos artísticos en el rostro. También le ponemos trajes de aro, disfraces y otros vestuarios típicos de las fotos de 15”.

“Cuando Lauren me pidió fotos de miniquince no entendía de qué me hablaba”, cuenta Luisa Díaz, madre de una pequeña.”Luego me puse al tanto con otras mamás del preescolar. Se le hacen ‘books’ (libros) ampliaciones y todo lo que uno quiera o pueda. Quise complacerla porque si todas sus compañeritas tienen, ella no va ser menos. Además son graciosas. Parecen mujercitas”, agrega.

Una de las fotos que integran las colecciones de pequeños de 5 años. Foto: cortesía de la fotógrafa entrevistada.

Una de las fotos que integran las colecciones de pequeños de 5 años. Foto: cortesía de la fotógrafa entrevistada.

Todas las familias no lo ven de la misma manera. Lizdaimi Martin, madre de una pequeña de 4 años, asegura que “a veces los padres nos dejamos arrastrar por toda la basura que nos rodea y después nos preguntamos qué hicimos mal. No me gustan los miniquince. Resaltan la tendencia a vivir demasiado deprisa. Le hago fotos a mi hija en todos sus cumpleaños. Fotos que le cuenten en un futuro cómo era de chica, que hablen de la inocencia, no que la disimulen.”

Lisdán Lara, padre de la bebita Adahia, tiene otras preocupaciones: “El plan es arruinar a la familia. Desde que nacen empezamos a guardar dinero para los quince. Ahora este invento es una trampa al bolsillo. Toda esa fantasía que venden los estudios cuesta cara. Súmale además la fiesta de cumpleaños, temática, como se usan, con decoración a lo Disney, cake de Frozen y piñata de Minie. Luego a los 10 años hablan de los prequince. Me pregunto si al año de vida tocará bailar un vals”.

“Algunas personas piensan que este tipo de fotos no son adecuadas. Nunca lo he visto de esa manera. Son fotos divertidas y originales,” responde la fotógrafa Yanisleidys Montejo. “Es un trabajo difícil, demanda mayor paciencia y dedicación. Muchas niñas llegan con ilusión al set, pero cuando van por cuatro fotos se cansan. En ocasiones dividimos la sesión en dos jornadas. En lo personal termino más extenuada con los mini que con los propios quince”.

Otro vestido. Nuevo peinado. “Vamos a retocar el labial, princesa”, dice la maquillista mientras le empolva la cara. “Lo estás haciendo muy bien. Ya falta menos. Ánimo. Tu álbum será el más lindo del aula”, dice la madre. Sofía devuelve miradas de cansancio. Tiene ganas de llorar. Pero prometió portarse bien.