Dicen que el productor que hizo famoso a Elvis Presley, la primera vez que lo escuchó, sin verlo, comentó: “Lástima que sea negro”. Algo parecido le sucede Mary Paz Fernández: muchos que la oyen tocar y no la han visto, enseguida imaginan que detrás de las tumbadoras está un hombre.

Le ha pasado tantas veces que ya ni siquiera le molesta. “Estoy acostumbrada”, asegura. Incluso, cuando llega a trabajar –maquillada y con tacones- algunos le preguntan si ella es la pianista, la cantante, la violinista… “Ah, ya tú verás”, responde, y luego ellos no salen del asombro.

La percusión afrocubana representa el núcleo de géneros musicales cubanos tradicionales como la rumba y el guaguancó. Debido a la propia ascendencia colonial y esclavista del país, durante décadas estos ritmos fueron estigmatizados; se consideraban vulgares, “atraso”, “cosa de negros”.

Aunque el panorama cultural y social ha cambiado bastante, todavía los tambores se asocian casi directamente con los hombres y las personas negras. Entonces ver una muchacha blanca tocando esos instrumentos resulta, al menos, impresionante.

Encima se trata de una sociedad machista, que asume lo fuerte –la percusión, por ejemplo- como sinónimo de masculino. Por ende, lo delicado deviene proporcional a lo femenino. Y cuando se intercambian los términos, ocurre un “cortocircuito”.

Eva no quiere vestir de tul

Otra sorpresa: Mary Paz es autodidacta. Recibió clases con profesores particulares, aprendió piano clásico, pero nunca matriculó en un conservatorio. La primera vez que le llamaron la atención los tambores fue en una fiesta yoruba, religión de origen afrocubano.

En un momento de la liturgia, llamado “don de gracia”, se interpretan cantos católicos. Como su mamá pertenecía al coro de la iglesia La Milagrosa, muchas veces le pedían que pusiera su voz en esta parte de la celebración. Y Mary Paz iba con ella. Además en el barrio habanero de Santo Suárez, donde creció, no faltan los “violines” y “cajones” –según se denominan los toques donde prevalecen estos instrumentos- ofrecidos a los santos.

“Aparte de que me gustó mucho, después también lo pensé: en la percusión afrocubana hay muy poquitas mujeres, podía romper un canon. Me empeñé en estudiar, estudiar, estudiar… Repasé grandes percusionistas: Tatagüines, Changuito… y me enfoqué sobre todo en el sonido, en la fuerza del instrumento”.

Algunos opinan que en este mundo para ellas se vuelve más difícil triunfar, pues no solamente tienen que ser tan buenas “como los hombres” –de nuevo la comparación-, sino incluso mejores. “Normalmente a las mujeres las llaman para agrupaciones femeninas, si no, casi nunca contratan a una mujer en la percusión. Ahora sí los percusionistas y otros músicos me respetan. Cuando empezaron a conocer mi trabajo comenzaron llamarme, pero fue poco a poco”.

Suenan los cueros

Mary Paz ha compartido escenario con figuras reconocidas del jazz cubano, como Bobby Carcassés, Jorge Reyes y Oscar Valdés, su maestro. Estuvo de gira por Francia, donde tocó junto a Marcus Miller, y ha realizado conciertos en España y Holanda. Ahora se presenta con el grupo Interactivo y con Kelvis Ochoa, además de su propio proyecto de electro-percusión. Un “expediente laboral” bastante amplio para quien solo tiene 23 años.

Sin embargo, hacer música en Cuba no es cuestión de “coser y cantar”. “Hay muchos, muchos músicos, y la mayoría talentosos; entonces el mercado está complicado”. Las dificultades en cuanto a contar con presentaciones frecuentes, darse a conocer, grabar, lograr buenas relaciones… pueden convertir esa profesión en una carrera con obstáculos.

En este entorno, los negocios privados que incluyen en sus servicios propuestas artísticas, aportan nuevas pistas. “Depende del dueño y las ideas que tenga”. El Corner Café, por ejemplo, prácticamente presenta una cartelera estable, y allí Mary Paz tiene una sesión como DJ, mezclando temas durante el after party. En calidad de solista suele estar en el restaurant La Flauta Mágica, donde los sábados han llegado a tocar tres intérpretes o grupos en la misma noche.

“Más personas te escuchan, te van conociendo, sirve de promoción. En algunos lugares no existen las condiciones, hay un escenario muy pequeño, o ninguno, y tal vez el sonido no alcanza la misma calidad que en una sala o un club. Pero de cualquier forma es un espacio que tenemos, siempre ayuda, porque al artista deben verlo en diferentes facetas”.

Como la mayoría de los músicos, Mary Paz tiene horarios de vampiro (o vampira): duerme de día, vive de noche. En las tardes hace ejercicios, ve una película o el video de un concierto, “o me pongo a producir algo que tenga, también me gusta trabajar en la casa”.

Si el tiempo no da abasto, evita comprometerse con otras agrupaciones, y le dedica más tiempo a su proyecto de electro-percusión. “La música electrónica que hago no es comercial, sino minimal, más en la onda jazzística”.

A eso de las 10, todo vuelve a empezar. Otra vez le preguntan si es la cantante, y ella se divierte con las caras incrédulas. Los tambores batá, las tumbadoras, el bongó… En palabras del poeta Nicolás Guillén, “aquí el que más blanco sea, responde si llamo yo”.