La decisión del gobierno cubano de retirar de la Misión Médica en Brasil a los médicos que mantengan con ellos a sus familiares durante más de 30 días ha generado malestar y sorpresa.

A todas luces se trata de una medida contradictoria, incomprensible y vejatoria de los derechos de esos cooperantes que salvan las vidas de otros a cambio, muchas veces, de su estabilidad familiar.

La contradicción se exacerba si se tiene en cuenta, además, que las autoridades brasileñas otorgan visas por un plazo de tres años mientras que las regulaciones migratorias cubanas permiten dos años de estancia en el extranjero. Sin embargo, una orden ministerial se salta la legislación bilateral e implanta una especie de chantaje: o los médicos la acatan o no pueden seguir desempeñando un trabajo que hoy significa hasta 15 veces su salario en Cuba.

La alarma saltó cuando a finales del mes de enero una supuesta carta firmada por centenares de colaboradores comenzó a circular en internet. Hasta ahora ningún representante del Ministerio de Salud Pública ha querido argumentar públicamente la disposición. No obstante, más de una docena de médicos contactados por El Toque de RNW dieron fe de su veracidad.

“El gobierno de Brasil concede visa a los familiares, pero el Ministerio decidió desligar del Programa a todo aquel que mantenga sus familiares aquí por más de un mes. De eso se nos informa en la Unidad de Colaboración (desde donde se coordina en La Habana la misión). La Unidad habla con a cada grupo que va regresando de las vacaciones”, comentaba Daniel, destacado en un pueblo cercano a la Amazonía brasileña.

La mayor confirmación oficial que se ha podido conseguir la aporta un post en el Blog de la Brigada Médica Cubana en Brasil, que refiere: “Los coordinadores estaduales (de la Misión) cuentan con la argumentación de este tema, los que irán contentando (sic) con cada uno de ustedes (…)”.

En los diálogos con los especialistas se puede percibir un profundo malestar. Algunos de ellos se sienten tan descontentos como este colaborador que comenta en el blog de la Brigada:

“(No puedo aceptar) que tengo menos derecho que cualquier diplomático a vivir en el exterior mientras cumpla con Cuba junto a mi familia. El argumento de que interfieren en nuestro trabajo es una burda mentira. En Cuba vivo con familia y nunca ha interferido en mi trabajo y aquí no hago guardias, no voy a reuniones después de las cinco de la tarde ni hago trabajos voluntarios (…)”, afirma “Rodolfo”.

Dayana, desde un estado del sur brasileño confesaba: “Esta no es la actitud que debe adoptar nuestro gobierno. En nada le afecta que pasemos el tiempo junto con la familia y así se evitarían muchos trastornos de los colaboradores. Yo estoy queriendo arreglar los papeles para mi hija y mi esposo, pero aún no me decido, porque no es fácil después de gastar tanto dinero para la visa solo puedan pasar un mes aquí. No lo creo justo”, concluye.

La facilidad de llevar consigo a los familiares brindada por el país sudamericano a los casi 11 mil participantes cubanos del programa Mais Médicos, generó en su momento mucha alegría. Ninguna de de las “misiones” anteriores (desplegadas por Cuba en más de 60 países) incluyó tamaña satisfacción. Por eso ahora decepciona la vuelta de tuerca, sobre todo después que el Gobierno de Brasil anunciara recientemente la ampliación del programa.

Al parecer, la posible permanencia de un número considerable de esos doctores en Brasil, después de terminar el contrato, preocupó demasiado al gobierno caribeño.

Tratados como “medios básicos”

Los profesionales de la Salud representan la principal fuente de ingresos de Cuba (8 mil millones de USD). Una supuesta emigración masiva impactaría el sistema sanitario del archipiélago, que cuenta con ellos una vez retornen a sus hogares, o con su sacrificio para marchar a otra colaboración más adelante.

Los médicos cubanos trabajan en lugares muy recónditos

El cálculo insensible con el que actúan los dirigentes cubanos hace ver como meros instrumentos (“medios básicos”, según la jerga burocrática oficial) a esos miles de individuos, que en nombre también de la solidaridad aceptan trabajar en los rincones donde ningún otro galeno va. Son seres humanos que además deben sobrevivir durante años en un contexto ajeno y muchas veces hostil, alejados de hijos, padres y parejas.

Luego de que el presidente venezolano Hugo Chávez ofreciera a Cuba la opción de cambiar petróleo por servicios profesionales, la Isla sortea el temporal de las angustias económicas soportadas, fundamentalmente, en su capital humano. Pero esa táctica tiene un alto costo personal y social.

Cada vez son más los expertos que advierten sobre los efectos a mediano y largo plazo que tiene para la familia cubana la partida de uno o varios de sus miembros hacia labores en el exterior.

La psicóloga Maricelys Sánchez, de la Universidad de Cienfuegos, cree que “(…) para un mejor aseguramiento de la familia el gobierno tiene que dictar políticas alentadoras, no frenarlas. Por un lado Cuba es un ejemplo de altruismo y solidaridad, pero por otro no puede ser aceptable que la familia languidezca, ante el impulso reinante de la carestía”.

El permiso a los médicos de contar con la presencia de sus seres queridos en la vida diaria en Brasil (trámites que asumen de sus ingresos mensuales que son 1.245 USD de los 4,200 USD que sufraga por ellos el gobierno brasileño) abrió una puerta de solución a los silenciosos pero profundos conflictos intrafamiliares y “trastornos” de los que habla la doctora Dayana. Pero el gobierno cubano se niega a tomarla.

Miles de cooperantes han recorrido casi todos los continentes y una significativa mayoría siempre retorna. Admira verlos en los sitios donde casi ningún especialista sanitario reúne coraje para ir y se les considera héroes cuando arriesgan (y pierden) la vida por los suyos y por los desconocidos. Solo por eso merecen que cambie el modo de dirigirlos; porque no son piezas, sino personas.

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