Con el mundo en pausa y a puertas cerradas por la COVID-19, encontrarse en un país ajeno, con otro idioma, sin dinero ni condiciones adecuadas de vida y con altas probabilidades de contagiarse, es lo más parecido a una pesadilla. Esa es ahora mismo la situación de cientos de cubanos en Rusia.

Los cienfuegueros Luis Ignacio Trujillo, albañil de 26 años, y Amet Miguel Calderón, técnico de electromedicina de 35 años, llegaron a Moscú el 10 de marzo con la idea de conocer un poco y hacer algunas compras, apenas unos días antes de que Rusia cancelara todos los vuelos, incluidos los de La Habana.

“No pensamos que iba a ocurrir esto, si hubiéramos sabido, no veníamos, o nos hubiéramos ido antes”, dicen en referencia a los últimos vuelos hacia Cuba, que se vendieron a bajos precios y salieron con muchas plazas libres hasta el 28 de marzo.

“Estamos en un apartamento de renta, pero tenemos pagado solo hasta dentro de unos días, después no sabemos qué pasará, pues no tenemos dinero”, confiesan.

Con los vuelos suspendidos al menos hasta inicios de agosto, son muchos los que se han visto en situaciones parecidas. Decenas son ya los que ha contabilizado el consulado de Cuba.

«A los ciudadanos que se encuentran en esa situación (varados en Rusia) y han contactado a nuestra misión diplomática por diversas vías, teléfono, email y redes sociales, se les ha brindado apoyo en términos de asesoramiento e información, orientándolos acerca de cómo prorrogar su estancia o regularizar su estatus migratorio según las nuevas disposiciones del Gobierno ruso al respecto», declaró a Sputnik el cónsul Eduardo Lázaro Escandell.

Sin embargo, de momento no hay una solución de repatriación a la vista. El cónsul destacó que «actualmente se mantiene el intercambio con las autoridades rusas correspondientes en aras de lograr, cuando la situación epidemiológica lo permita, el regreso de nuestros nacionales a sus respectivos países».

La punta del iceberg

Los que se vieron en tierra ajena imposibilitados de viajar por el coronavirus son apenas una ínfima parte de los cientos, tal vez miles, de cubanos que están hace más tiempo intentado abrirse camino en Rusia y que ahora con la pandemia se ven más que nunca con las manos atadas.

Idalmis Moreno es una enfermera de La Habana que se encuentra en Rusia hace ya dos años con toda su familia, pero que no ha logrado regularizar su situación.

“Vinimos a este país para ver a mi hermano que es ciudadano ruso, con mi mamá que tiene ahora 78 años. Ella se enfermó y tratamos de realizar trámites para residencia temporal, pero se nos complicó por la burocracia y se nos agotaron los recursos monetarios sin poder trabajar legalmente. Mis tres nietas (10, 14 y 18 años) durante todo este tiempo no han podido ir a la escuela porque no había legalidad.”

La hija, su esposo y las niñas solo esperan que abran los vuelos para regresar a Cuba. Los demás no lo tienen tan claro.

“No todos quieren violar las leyes, pero para un inmigrante sin papeles esto se convierte en un laberinto sin salida. Cuando le ponen multa por no estar legal no la pueden pagar, y sin trabajo se va complicando todo. Por ende, no se pueden pagar el regreso a su país si les ordenan deportación”, explica Idalmis. “Es una pena porque es un país maravilloso”, concluye.

Con la situación actual de emergencia, aunque el gobierno ruso ha declarado el mes de abril feriado con pago de salarios y ha implementado políticas para apoyar a los desempleados y otros afectados, el limbo o la ilegalidad en que se encuentran muchísimos compatriotas hace que no les lleguen estos beneficios.

En estos contenedores viven algunos cubanos varados en Moscú en este momento. Foto: Pedro Luis García Suárez.
En estos contenedores viven algunos cubanos varados en Moscú en este momento. Foto: Pedro Luis García Suárez.
Estas son las condiciones de aseo en este asentamiento improvisado. Foto: Pedro Luis García Suárez.
Estas son las condiciones de aseo en este asentamiento improvisado. Foto: Pedro Luis García Suárez.

Cantos de sirena desde la nieve

Además de los que lo intentan por su cuenta, los hay que caen en las redes de rusos o cubanos inescrupulosos, que incumplen lo que prometen o cobran por conseguir trabajos “por la izquierda”, en mercados, almacenes o la construcción, y por los que a veces ni siquiera llegan a cobrar.

Así le ocurrió a Rogelio Pérez, un matancero de 27 años que llegó tras la promesa de un cubano radicado en Moscú. “Nos cobraron más de 1000 dólares por un pasaje de ida y el contrato, pero nunca lo hubo, ni nos hicieron siquiera el registro necesario de inmigración, por lo que salíamos a la calle con miedo. Vivíamos más de 20 en un apartamento chiquito, rentado por el mismo que nos trajo”.

“Trabajábamos en la construcción, nos recogían a las 5 y media de la mañana y regresábamos pasadas las 8 de la noche, todos los días incluidos los fines de semana. Nunca nos pagaron ni un peso”.

Rogelio logró pedir el dinero prestado y volver a Cuba justo antes del cierre de fronteras.

Menos suerte tuvo Pedro Josué Rodríguez, un técnico de GPS que se dispuso a buscar “una mejor vida” hace casi 6 meses. “Me tocó como a muchos entrar con el pie izquierdo. Se me venció el tiempo de estancia sin visa (tres meses) y no tengo papeles. Me estafaron repetidamente”, cuenta.

En tiempos de pandemia la situación se le complica hasta para subsistir. “Estuve ocho días casi sin comer y sin comunicación. Ahora alguien me ayudó con algo para ir sobreviviendo, pero dentro de tres días estaré en la calle porque me sacan de la renta”, dice.

Josué solo espera ahora que aparezca algún modo de regresar. “No tengo idea de qué voy a hacer. En Cuba mi familia y mi esposa e hijo están desesperados”.

Entre los casos más trágicos está el de Yunior González y Eduardo Mesa, dos espirituanos que vendieron todo lo que tenían en Cuba y llegaron a Rusia hace 8 meses como parte de un grupo de 39 traídos por un “diablo” que nunca pagó y se esfumó, dejándolos literalmente en la calle con una mano delante y otra detrás. “Fin del cuento: ni trabajo, ni casa, ni salario. Ahora viven en un contenedor, en malas condiciones, que les ofreció un ruso a cambio de trabajar para él, y subsisten de las miserias y ayudas que pueden darles personas de otros países que tienen a su alrededor” cuenta Pedro Luis García, el único cubano que les ha tendido una mano.

En los bajos de una escalera están viviendo cubanos varados que se quedaron sin alojamiento en Moscú.

El “ángel de los cubanos”

Pedro Luis es un habanero graduado de Derecho que vive hace siete años en Moscú con su esposa rusa. Al conocer de algunos casos así, abrió un canal de Youtube hace menos de dos meses para ofrecer información legal a sus compatriotas.

“He visto casos terribles, como el de cuatro muchachos a los que le cobraron 7.000 dólares, a cada uno, por supuestamente enviarlos para Europa con permiso de entrada, y lo que hicieron fue ponerle un cuño falso en el pasaporte y montarlos en el tren de la línea circular de Moscú. Por suerte pudimos recoger dinero y mandarlos para Cuba justo antes de que todo esto empezara”, refiere.

Al complicarse la situación con la pandemia, el joven abogado ha intentado conseguir y entregar ayudas a estos y otros casos necesitados, pero el panorama que ha encontrado es mucho más desolador de lo que esperaba.

“Estoy con el pecho oprimido y lloro, creo que no podré seguir con esta tarea”, confiesa.

No es para menos. Entre los cubanos que ha conocido en estos días, “hay una muchacha con un niño pequeño que está comiendo de la basura”, en referencia a los productos que los mercados desechan por estar caducados. Son varios los que están prácticamente en la indigencia, como “un grupo de 30 cubanos que están viviendo en condiciones infrahumanas desde hace meses en las afueras de Moscú con un niño, con piso de tierra y sin agua caliente ni calefacción, en un país muy frío”, refiere.

A esos se suman ahora los varados, algunos en aeropuertos y estaciones, otros en los bajos de una escalera por no poder seguir pagando un alquiler.

Algunos cubanos viven en estas edificaciones en muy malas condiciones. Foto: Pedro Luis García Suárez.
Algunos cubanos viven en estas edificaciones en muy malas condiciones. Foto: Pedro Luis García Suárez.
Esta casuchas de madera es el único lugar donde pueden vivir muchos cubanos que están hoy en condiciones muy precarias en Moscú. Foto: Pedro Luis García Suárez.
Esta casuchas de madera es el único lugar donde pueden vivir muchos cubanos que están hoy en condiciones muy precarias en Moscú. Foto: Pedro Luis García Suárez.
Esta casuchas de madera es el único lugar donde pueden vivir muchos cubanos que están hoy en condiciones muy precarias en Moscú. Foto: Pedro Luis García Suárez.
Esta casuchas de madera es el único lugar donde pueden vivir muchos cubanos que están hoy en condiciones muy precarias en Moscú. Foto: Pedro Luis García Suárez.

La Casa de la Bondad al rescate

“Cuando se complicaron las cosas empecé a buscar apoyo de instituciones y ONG para echarle una mano a esos compatriotas. Todos están desbordados en este momento tratando de ayudar a los suyos, pero la comunidad musulmana salió al frente y está ayudando también a los cubanos”, cuenta Pedro.

Así, la fundación de beneficencia musulmana Casa de la Bondad recibió a través de Pedro más de 500 solicitudes de ciudadanos cubanos en Moscú.

“Hasta el momento han podido dar más de 200 bolsas con alimentos y productos de aseo de primera necesidad y van a seguir ayudando en la medida de lo posible”.

Sin embargo, entre los propios cubanos son muy pocos los que han apoyado y hasta algunos han intentado beneficiarse de la ayuda sin necesidad.

“Hay personas que están en una situación extrema. Si los que no tienen grandes problemas reciben esa ayuda, se la están quitando al que de verdad la necesita, desgraciadamente hemos tenido casos así”, afirma Pedro.

Lo cierto es que, aunque este joven no quiere reconocimiento, la inmensa mayoría agradece su labor y hay quien le ha llamado “ángel”, pero no han faltado insultos, y hasta amenazas.

“Pienso seguir ayudando en la medida de mis posibilidades, y con mi canal de Youtube informando”, dice y advierte para el futuro “no se dejen engañar más, Rusia no da papeles, ni se puede cruzar para España o Francia, vamos a cuidarnos entre todos”.

En estas circunstancias, el mayor temor de muchos no es el coronavirus, aunque en la situación de algunos las posibilidades de contagio son altas y cuando en Rusia los casos sobrepasan los 80.000, más de la mitad en la capital.

Unos esperan con ansias el vuelo a casa, otros prefieren seguir en la cuerda floja y sin red.  Pero mientras todos son, de una forma u otra, rehenes de la Covid-19, y ni siquiera se vale llorar, porque Moscú no cree en lágrimas.

 

Este texto fue publicado originalmente en OnCubaNews y su autora es Natasha Vázquez. Se republica íntegramente en elTOQUE con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.