“La maternidad me llegó por sorpresa. No lo esperábamos. Lo supe cuando solo llevaba seis meses con el padre del niño, que entonces era mi novio; nos casamos el día antes de que yo rompiera fuentes”, rememora Indiana Milán Nieves, una joven graduada de Comunicación Social a quien se le ha detenido la vida profesional, porque no encuentra quién cuide a su hijo de poco más de un año de nacido.

“Yo no ganaba mal, más de 1 000 pesos al mes, cuando había estimulación, que era casi siempre porque el Centro de Ingeniería Ambiental (CIAC), donde trabajaba, tiene buenos resultados económicos. Mi esposo ganaba menos, sumado el dinero de los dos no llegábamos a 2 000 pesos y ¿quién no sabe que eso no alcanza para nada, para criar a un niño?”, se pregunta la joven, echando manos a las matemáticas increíbles que sortean los cubanos cada día: 600 pesos (CUP) de salario promedio mensual en un país donde la canasta básica de una persona ha sido estimada en más de 2000 y donde coexisten dos monedas, el CUC y el CUP (1 CUC= 25 CUP).

“Quise seguir trabajando con el embarazo, pero detectaron en el hospital que la criatura venía encajada y tuve que hacer reposo absoluto hasta el parto.”

Para suerte de la joven pareja, Indiana heredó una casona colonial en una céntrica calle de la ciudad, pero la dicha de tener techo, también supuso el reto de repararlo. “Pusimos nuevas las instalaciones hidráulicas y sanitarias; una turbina y un tanque elevado para el agua; reparamos las paredes de un cuarto, el baño y la cocina. Aquello fue traumático no solo por lo económico, sino porque es muy difícil conseguir los materiales de la construcción, incluso teniendo dinero para comprarlos.

Foto: Rogelio Serrano Pérez

“Cuando nació Aaron todo fue más estresante. Mi esposo trabajaba más y yo también; me pasaba el día entero en la casa sin parar. Creo que el cansancio de las malas noches y la incertidumbre de cómo resolveríamos los nudos económicos nos llevó a separarnos.”

Ahí la cosa se me puso peor, porque aunque mi mamá siempre ha sido una ayuda indispensable, mi esposo era un puntal. Ya nos estamos arreglando, pero aquellos meses fueron terribles. Todo el proceso coincidió con mi baja del CIAC, la entrada a un grupo de trabajadores por cuenta propia que me contrató, y con mi búsqueda de nuevos clientes para ese negocio; que algunas veces tuve que hacer con el chiquillo en brazos.

“Para colmo, el niño se enfermó. Primero presentó problemas con la ganancia de peso. Después tuvo alergia alimenticia a la leche fresca, y de allí debutó con una leve anemia y las defensas bajas. Los medicamentos los pudimos resolver gracias a unos amigos del padre del niño, que viven en los Estados Unidos. Ellos, además de sustentarle los zapatos y la ropa, le compraron los probióticos que necesitaba. Aquí solo los venden en farmacias que venden en divisas, ¡10 tabletas por 20 CUC! (500 pesos, un salario promedio)” “Muchas veces me sentí brava con algunas personas porque me hicieron sentir que Aaron era un estorbo y mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida”, afirma Indiana con ojos humedecidos y entrecejo fruncido, mientras confirma que lo peor hasta ahora no tener quién le cuide al niño, para ella poder trabajar.

Foto: Rogelio Serrano Pérez

“He ido a cinco cuidadoras, una sola me dijo el precio: 200 pesos al mes, y yo debía poner además las meriendas y almuerzos del niño. Pero no me lo pudo recibir porque no cuidan a bebés de menos de dos años. Las otras me despidieron enseguida, nada más de saber la edad de Aaron.”

“En los círculos infantiles del Estado es muy difícil encontrar plazas. En el CIAC fui secretaria general del sindicato y en una reunión nos informaron que la prioridad para los ‘círculos’ la tenían las madres de los Ministerios del Interior, Salud Pública y Educación. Intenté resolver, pero nada. Me dijeron que esperara a ver si durante el 2016 tengo oportunidad. Pero mientras tanto, ¿qué hago? Terminaré buscando otro trabajo porque, aunque me siga alejando de mi realización profesional, tengo que sobrevivir.”

“Es verdad que ser madre es lo más lindo que existe –inisiste Indiana, y apunta: yo no me arrepiento de nada, pero la verdad es que parir ahora, con las cosas como están, es una locura”.