En su taller a orillas del río San Juan, entre girasoles y frases de Borges, Liliam Cedeño Cedeño busca su inspiración. Casi no tiene tiempo porque la presidencia de la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas consume más del que desearía.

“Primero porque choco constantemente con la posición que asumen muchos de los funcionarios en este país,  que no están a la altura de las gestiones que deben hacer por la cultura. Lo segundo que pesa es la idea asociada a la juventud. Aunque se dice que se trabaja para los jóvenes, que hay que darles oportunidades…, en realidad les cuesta mucho a los jóvenes dar pasos”, comenta.

De hablar pausado, cuesta imaginarla en las extensas reuniones estériles que requieren su concurso. “Poco a poco he ido aprendiendo a delegar funciones. Si antes era selectiva, ahora más, sobre todo con aquello que implique perder mi tiempo; porque a lo que no puedo renunciar es a mis horas de taller. Eso para un artista, es como respirar”.

La “presidenta” ha participado en calidad de artista en proyectos como Museo por un día, Whatever o Aquí no vive nadie, una intervención que ayudó a devolverle la vida, por un día, a una mansión abandonada. No quiero pasar por mi generación sin ser clara y precisa, por eso hago las cosas que siento, en las que creo.

Cedeño es de las personas que no se están quietas. Recuerda que de pequeña sus padres pensaban que tendría algún problema porque nada captaba su atención, ni siquiera la televisión. Solo el dibujo pudo canalizar tanta energía y ya en séptimo grado era consciente de que quería estudiar pintura.

“Nunca me vi haciendo otra cosa, porque es muy fuerte lo que siento por las artes visuales”, confiesa.

De las primeras lecciones en la Casa de Cultura de Jicotea, su pueblo natal, justo en la periferia de Ciego de Ávila, pasó Liliam el nivel medio en la Academia Vicentina de la Torre, en Camagüey, y más tarde en el Instituto Superior de Arte (ISA), en La Habana.

“La Academia Vicentina de la Torre es muy tradicional. Allí aprendí a pintar. Luego en el ISA aprendí a pensar. Aprendí qué hacer con todas esas técnicas.  De ahí mi interés por revisar continuamente la tradición de las artes visuales y a partir de ahí entablar un discurso contemporáneo digno”.

Obra de Liliam. Foto: Yamila Sánchez

Pero no resulta fácil defender ideas en estos tiempos signados por la mercantilización del arte. Sobre todo en un entorno como Matanzas, con un polo turístico como Varadero tan próximo, que busca y potencia el ‘souvenir caribeño para llevar’ y no una estética audaz e inteligente.

“Generalmente las obras se me acumulan porque no participo de ese circuito comercial. Pero tengo muy claro que no pinto para una feria de arte en Cuba.”

“Me parece que lo más importante es trabajar, decir lo que uno piensa, o siente.”

 

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