Maylon tiene su hora en la noche-madrugada dos o tres veces por semana. Una noche de esas iba perdiendo. “Éramos como siete”jugadores de Póker, recuerda. Llevaba menos 600 cuc en su cuenta y no le salían buenas las cartas. Hasta que le llegó su momento. “Porque yo siempre estoy activo en todas las manos. Tenga o no tenga, yo siempre estoy apostando”.

Este muchacho explica como un experto que el póker va de paciencia, más que de suerte. “Si no te llega una buena mano”, dice como aconsejándome, “no te desesperes que ya te llegará”. Hay que saber además algunas nociones de psicología parar intuir las jugadas y estrategias de los otros. Y dominar lo que en la jerga se llama “pokerface”: saber contener la emoción cuando te llega la carta que estás esperando. Que no sepan cuando vas bien, y que piensen que vas bien cuando en realidad vas mal.

Cinco años atrás comenzó todo su asunto del póker. Un amigo de la Universidad de La Habana le comentó que en la casa de la Federación Estudiantil Universitaria se jugaba dominó y otros juegos de cartas. Pero era en el póker donde se jugaba con dinero.

Ganar es una sensación que te envicia

“La apuesta máxima era de un cuc por mano. “Pero de ahí salió un piquetico del Vedado que empezó a jugar por más, con 5 cuc de entrada por persona. Ahí perdía 3 o 4 cuc. Una mierda. Pero igual servía para entrenarme”.

Foto: Alba León Infante

En el tercer año de su carrera de ingeniería jugar ya era un vicio, aunque él lo siguiera viendo como un hobbie. Para algunos, jugar es supuestamente sano cuando se juega poco dinero. No hay mucho que perder o ganar.

La cosa se puso seria cuando la apuesta subió y comenzó a ganar 25, 40 y 60 cuc por noche. Cada vez eran más grupos. Había noches que se formaban dos mesas con siete muchachos cada una. Los grupos se fueron conectando. Ya eran más casas donde jugar, más gente. Se armó una pequeña red. La entrada inicial subió a 10 cuc comprados en fichas. Y si perdías podías volver a comprar. “En una noche, en la medida que el tiempo pasa, las apuestas crecen. La caja podía llegar a tener hasta 400 0 500 cuc, de unos 70 o 90 iniciales”.

Foto: Alba León Infante

Maylon empezó a ver el póker como una alternativa para ganar dinero. El padre se enteró y lo amenazó con acusarlo a la policía. “Decía que prefería verme preso que muerto. Porque a este mundo lo rodean las leyendas urbanas de las deudas, los problemas, las fajazones. Yo mira que he jugado con piqueticos ambientosos, y no ha habido ninguna crisis. Tú lo que no puedes dejar que alguien con quien no has jugado nunca se levante de la mesa debiéndote un peso. Ahora, si el tipo que está perdiendo se queda sin dinero pero te lo promete, y te sirve que se siga enredando, entonces eres tú el que por tu conveniencia acepta la deuda”.

Con esto del póker hay que tener tremendo cuidado

Ganar, dice Maylon, es una sensación que te envicia. “Cuando estás metido dentro de una mano muy grande, donde sube tanto la apuesta que hasta te asusta pagarla, y te sale la carta que estás esperando, es como tener un orgasmo mental. Y contenido, porque no puedes mostrarlo”. Hay un efecto de superioridad y grandeza en su forma de contarlo. Y mucho ego.

Perder destruye, pero al parecer envicia aún más. Son aquellos que más pierden los que continúan jugando. “Aquí hay que estar claro. Hay que saber cuándo irse. Una vez perdí 90 cuc, cuando yo era todavía principiante, y fue la vez que más me dolió. Después he perdido más, 190, 200 cuc; pero esos 90 me chocaron tanto que supe que con esto del póker hay que tener tremendo cuidado”.

Pero a la larga Maylon dice que con el póker ha “comido, vivido y fiestado”. Por eso también quiere irse a Estados Unidos a jugarlo profesionalmente. “El póker es un modo de vida, aunque muchas personas no crean que se puede vivir de él”.

Aquella noche iba perdiendo. 600 cuc menos. Maylon siempre tiene un fondo guardado que él llama inversión, pero aun así era demasiado dinero. Hasta que le llegó su carta y los que iban contra él no lo supieron (gracias a su pókerface). Fue mucha suerte, pero también bastante de espera y riesgo. A la mesa estaban sentados artistas, corredores de carros, ajedrecistas, dueños de redes enteras de los almendrones que botean La Habana. Era 600 cuc de menos y fueron 3300 de cuc más.