Conflictiva. Contenciosa. Así se define, por su vocación de polemista, Lenia Madera Páez y añade de inmediato que por eso nunca podría ser notario ni registrador, dos de las ocupaciones “pacíficas” del Derecho.

Se graduó de esa especialidad en 2007 en la Universidad de La Habana (UH). Para esta pinareña, Master en Derecho Civil por la propia UH (2015) y Máster en Derecho de Negocios por la española Universidad de Granada (2016), las ciencias jurídicas no constituyen solo un área permanente de cultura e investigación, sino también la forja de un carácter ante la vida.

Desde que obtuvo el título de licenciatura, Lenia trabajó como fiscal en el municipio habanero del Cerro. Luego, como jueza, llegó a presidir la Sala de lo Civil del Tribunal Provincial de La Habana; y, más tarde se fue un Bufete Colectivo Internacional del municipio habanero de Playa, a trabajar como abogada.

Aprovecho que le gusta la esgrima verbal y la reto rápidamente a que me sintetice ventajas y desventajas al ejercer su profesión en el país.

“La primera desventaja es la cantidad de estudiantes que se están graduando de la carrera desde hace años por las distintas modalidades de estudio. Es bueno para la nación, porque aumenta el por ciento de profesionales, pero después para ubicarlos y satisfacer sus demandas se torna un problema. Si a eso le sumas que la edad de jubilación aumentó hace tiempo en Cuba a 65 años los hombres y 60 las mujeres, podrás explicarte por qué hay cantidad de jóvenes juristas sin opciones laborales que les satisfagan. Muchos terminan en oficios que poco o nada tienen que ver con la profesión”.

“Súmale el problema de los salarios. Por supuesto, este es general, no solo de los graduados de Derecho. Pero pienso que los representantes de la legalidad, como rostro jurídico del país y del Estado, deberíamos tener una mejor atención. Y no solo monetaria.  También de condiciones laborales. No entiendo por qué si ejerzo como jueza, tengo que hacer además trabajo de secretaria, de alguacil o hasta de conserje de limpieza en ocasiones”

“Otra desventaja es que abogacía debería gozar de más independencia. ¿Por qué todos los bufetes colectivos tienen que estar bajo la tutela del Estado? Está bien que la Fiscalía y que los Tribunales, por su misión, sigan bajo la égida de aquel; pero los abogados deberían tener independencia de acción. Y los pagos de los clientes deberían ser directamente a ellos y no al Estado.

“Y la gran ventaja que veo es la formación, tanto de pregrado como de postgrado, que se logra en Cuba. Estoy muy contenta con el colectivo de profesores que tuve en la UH, en mi licenciatura y en mi primera maestría”…

Foto: Alba León Infante

Cuando los demás niños se entretenían con animados de Walt Disney, Lenia prefería ver videos de Michael Jackson. Ya de joven, mientras otros disfrutan con intensas novelas o apasionantes poemas, ella opta por leer mucha filosofía —Sócrates, Descartes—, y voluminosas biografías de personajes controversiales de la Historia como Napoleón, María Antonieta o Fouché. Adora el idioma francés, por el dominio del cual ganó en 2010 el concurso La plume d’or (La pluma de oro) y pasó un mes en Francia; y todos los días, religiosamente, ejercita su cuerpo y cuida su piel.

¿Compartes la idea de que existe en nuestra sociedad una incultura jurídica?, vuelvo a la carga.

“La comparto, pero le agrego que no es ni más ni menos que la incultura que nos asalta en otros aspectos, por ejemplo: las artes culinarias. Ahora, centrándonos en el Derecho, creo que reina cierto desinterés de la sociedad por conocer las leyes. A mucha gente no le interesa saber qué dice la Constitución, menos entonces se ocupan de leer un Código Civil, un Código Penal. Tantas veces me pregunto: ¿por qué? Y sugiero a quienes conozco que busquen los documentos y los consulten. Pero socialmente persiste el desinterés. Una de las razones que arguyen es: “total, para qué, si eso no va a resolver ningún problema concreto del día a día”.

Le pido me ahonde en esa idea y Lenia ejemplifica: “Aquí las personas suelen asistir a los abogados cuando tienen el problema encima y nosotros no estamos solo para solucionar problemas, sino también para preverlos y evitarlos. No sucede así en otras sociedades. En España, por ejemplo —donde debo comenzar en noviembre mi doctorado en Ética jurídica—, puedo decirte que la gente va más a los abogados, a prever, a orientarse, y llegan incluso ante el jurista con cierto conocimiento. Será tal vez porque allá se vive más presionado por las leyes”.

Al inquirir por las causas de este desdén hacia lo jurídico entre cubanos, mi entrevistada apunta a que tal vez haya que profundizar en los distintos niveles de enseñanza asignaturas como la Educación Cívica que se imparte en la formación primaria, pero destaca que las leyes, comenzando por la Constitución, están accesibles en estanquillos, bibliotecas y diversas instituciones, para quien quiera documentarse.

“La primera y más funesta consecuencia de esta incultura es el engaño y la manipulación de que las personas son víctimas cotidianamente. Por parte de otras personas y por parte de representantes institucionales. Si no sabes, hacen contigo lo que quieran, y realmente es muy difícil así que respeten tus derechos”, señala.

¿Cómo combatir entonces este estado de cosas?, le demando. “Se necesitan investigaciones y acciones sociales, como parte de estrategias mayores. Tantos años de desinterés en estos temas jurídicos son difíciles de revertir. Lleva un trabajo intenso, multidisciplinar, con profesionales del Derecho, la Sociología, psicólogos, comunicadores, periodistas… Hay tarea para rato, pero debe hacerse porque nuestra vida toda está regida por leyes, querámoslo o no. Ese el día a día. Y puede ser mejor”.

Foto: Alba León Infante