Esta historia, como casi todas las historias de éxito, comenzó por una necesidad.

Poco después de reparar el closet de su cuarto, Yaily comenzó a buscar soluciones para la falta de puertas en su armario, ante la imposibilidad de comprarlas. Su intención era tratar de ordenarlo todo de una manera curiosa, con objetos funcionales que además fueran bonitos a la vista; y comenzó una pequeña investigación en internet. Así apareció la idea de las cajas.

II

Las cajas de esta historia, dicho sea de paso, están fabricadas a base de papel, fundamentalmente periódicos, pero también pueden ser revistas, tabloides o cualquier ejemplar dentro de esta clasificación.

“A mí siempre me han gustado las manualidades, encontré una foto de una cajita tejida con papel, me puse a intentarlo y me salió a la primera. A mi hermana le gustó tanto que me dio la idea de hacer para vender, a los vecinos también les interesó y entonces vino una amiga de Barcelona, me encargó cuatro y se las llevó. Fueron las primeras que vendí”.

Inicialmente fue solo una forma y sin color; luego empezaron a surgir ideas de otros modelos y de los distintos usos que pudieran dársele y hoy, el catálogo va en aumento y sin límites.

“La cabeza no me para y se me ocurren varias opciones, las quiero hacer más grandes, incluirle alambres a algunas para fortalecer la estructura y que puedan utilizarse como estantería, gavetero, o lo que a la gente le parezca”.

Fotos: Alexis Pérez Soria

Ernesto se unió a la fabricación de las cajitas unos meses más tarde, también involucrado en el ámbito de las manualidades y amigo de Yaily casi desde siempre.

“Ernesto y yo compartimos cualquier idea artística y lo de las cajitas vino como una conversación medio casual entre amigos. Cuando comencé a enseñarlo mi concepción primera era dejarlo a él solo con esto, como otro trabajo más que podría hacer, pero nunca nos separamos sino que lo tomamos como algo más serio”.

Actualmente los resultados son más palpables, a mediados de diciembre llevaron cajitas a la Feria de Reciclaje en el barrio de Alamar, en La Habana, y las cajitas se vendieron con más éxito del que esperaban.

Dice Ernesto que aun cuando el proyecto es muy nuevo se aprecia que el producto engancha a las personas, principalmente porque es fácil adaptarlo a sus necesidades, con connotaciones inimaginables: como cada ser la misma cajita puede servir para algo completamente distinto.

IV

Las cajas de esta historia siguen el principio del papier maché. En su conformación inicial no llevan ningún tipo de pegamento solo el papel que se teje y encierra su propia terminación. Luego se unta con una pasta a base de harina de pan, “se empaniza”, como le gusta decir a Yaily, tantas veces como quieras.

“Anteriormente trabajé en un círculo infantil y recordé cómo hacíamos los juguetes para los niños con esta técnica y como siempre me impresionó la forma en que la harina de pan endurecía el papel hasta el punto de hacerlo parecer un bloque de concreto. En otros lugares podrían usar pegamento blanco, pero es muy costoso y difícil de conseguir, así que a lo cubano, lo ideal es el engrudo hecho con harina de pan”.

Yaily y Ernesto combinan esta mezcla con el acetato, lo cual provee a las cajas de brillo y un mejor acabado. El acetato puede echarse después del color o junto a este, en dependencia de la intención que le estés dando al producto.

Foto: Alexis Pérez Soria

En Santa Clara, Yaily Orozco Gálvez, de 28 años, alterna la artesanía con la música y prepara para enero de 2017 un concierto dirigido a los niños. El repertorio combina tres canciones suyas con otras cinco de trovadores locales, díganse Yaíma Orozco, Rolando Berrío, Yeni Turiño y Leonardo García.

Ernesto Quesada Pérez, de 29 años, también trabaja con el entintado a mano de telas, generalmente por encargo y crea lámparas, igual de papel y cualquier otra manualidad que se le cruce por la mente. Las cajas los unen a ambos y se nutren de tamaños ingenios.

VI

La caja que usted se lleva a casa puede estar personalizada, en esto también piensan sus creadores. De acuerdo al periódico o revista, usted la enmarcará en determinado ámbito o región; y de acuerdo a lo que se pueda leer en ella.

Una vez en su casa, la caja servirá de macetero, librero, botiquín, estante, cofre…Y siga pensando, los usos aparecerán.

En Santa Clara ya están en los puestos de artesanía frente al Monumento al Tren Blindado y en el Café Revolución. Y cada día en más lugares.

Eso sí, tras las ventas y regalos para los amigos, el closet de Yaily sigue como al principio: desordenado, sin puertas y sin cajas.

Foto: Alexis Pérez Soria