Nos dijeron que hacía 20 minutos alguien había llamado por teléfono para alquilarla aunque hacía media hora que una fuente de primera mano le había dicho a mi amigo que la casa había acabado de quedar disponible. Era un apartamento de dos cuartos, cocina y baño en Nuevo Vedado. En bajos. Sin televisor ni muebles. Una cama y un refrigerador. Por 100 CUC mensuales. A mi amigo le pareció magnífico.

Mi amigo vive en una casa grande con sus padres en Alacranes, Matanzas. Emigró hace par de meses a La Habana. En Alacranes se trabaja en el campo o se es profesor o policía o médico. Hay tres cafeterías particulares que no venden mucho, ergo, los dependientes ganan poco. Las mujeres se la pasan cosiendo y los hombres con los puercos en los corrales. Machistamente. No hay wifi. No hay nada. Por las noches los viejos van al culto, que es leer la Biblia en un portal, los hombres juegan dominó y los jóvenes se sientan en el parque a poner música. La novia de mi amigo vive en Guane, que es un pueblo igualito que Alacranes, en Pinar del Río.

En la segunda casa, en un séptimo piso en Centro Habana, nos dijeron que era para turistas y costaba 60 CUC la noche. Entramos. Todo blanco. Un televisorsón que ocupaba 3/4 de una pared y una consola en el techo que echaba un frío partidor. Riquísimo. El baño, con su tina y sus espejos, me dio ganas de quedarme a vivir allí. Pero nada, por gusto. Mi amigo es dependiente en un bar primoroso en la Habana Vieja y está ganando bien. Pero no tanto. La novia de mi amigo tiene un closet y la parte de arriba de una litera en la beca de F y 3ra, en el Vedado. Tiene balcón y una sala de estar donde tiende ropa. Tiene una cocina colectiva y un baño colectivo. A veces tiene ascensor y a veces sube la escalera los no sé cuántos pisos. Pero el maldito custodio en la puerta deja que mi amigo nada más suba entre la una y las cinco de la tarde.

Lo tercero fue un cuarto con una cama de hierro y un estante. Entrada independiente. En Marianao. El baño y la cocina había que compartirlos con el casero, un viejo fumador de tabaco que a mi amigo le pareció sicópata. Ni preguntamos precios. Y aquí estamos, con las mochilas puestas, cabeceando sentados en el P5, queriendo que no llegue a ningún lugar.