Durante la más reciente sesión del ejecutivo del partido alemán Die Linke fue roto un tabú. En el punto 5 de la resolución “Solidaridad con Cuba” se lee: “Los derechos humanos son universales, para cada persona. En todas partes. Abogamos por la continuación del diálogo en Cuba con artistas y activistas para la democratización de la sociedad cubana. La resolución constituye un hito histórico: en el contexto de protestas y expresiones cívicas que desde el pasado noviembre han estado ocurriendo en La Habana, con artistas y activistas compartiendo varias demandas con el Movimiento San Isidro, entre ellas la liberación del rapero Denis Solís y la libertad de pensamiento, es la primera vez que el partido que representa la izquierda alemana se solidariza con quienes realizan críticas al gobierno cubano.

Marco Pompe, quien a nombre de la Izquierda Emancipatoria [una corriente dentro del partido] presentó dicha moción a la dirección del partido, se mostró sorprendido por el “apoyo a nuestra causa como también ante la tenacidad de quienes trataron de evitar el apoyo a los activistas cubanos por los derechos humanos”.

La relación íntimaintíma entre la izquierda internacional con la Cuba socialista permite comprender su sorpresa. La resistencia vehemente ante la resolución parece menos sorprendente si tenemos en cuenta lo anterior. Para la mayoría de quienes apoyan una Cuba socialista el tema de los derechos humanos en la isla forma parte de los intentos de Estados Unidos por desestabilizar el país, a lo cual se agregan las nuevas sanciones de Estados Unidos de América contra Cuba, que incluye la reinclusión de Cuba en la Lista de Países que promueven el terrorismo.

Una mirada al pequeño grupo de activistas del MSI y sus simpatizantes puede mostrarnos lo anticuado que es ese análisis. Dichos activistas están enfrentando actualmente campañas de desprestigio donde se les ubica como “mercenarios del imperialismo estadounidense”, se les vincula con la extrema derecha y se les llama “terroristas”. Además viven con vigilancia policial en sus casas y son arrestados una y otra vez. Es precisamente debido a la universalidad de sus preocupaciones y a la diversidad de sus integrantes que los activistas reciben apoyo, tanto de intelectuales y artistas como de quienes se ven particularmente afectados por las consecuencias socioeconómicas de la reciente reintroducción del dólar estadounidense como parte del reordenamiento económico que tiene lugar en el país.

El MSI, y sus simpatizantes, son un grupo heterogéneo de artistas, músicos e intelectuales que hacen campaña por la democratización y contra la censura. La mayoría son jóvenes que viven en circunstancias precarias. Los protagonistas del MSI, como el artista Luis Manuel Otero Alcántara y el rapero Maykel Castillo, también representan el estado de vulnerabilidad de la población afrocubana ante la desigualdad social y la represión que se puede observar en zonas pobres de La Habana, tal es el caso de San Isidro.

Que el estado cubano trate autoritariamente a los jóvenes defensores de los derechos humanos habla de su inseguridad. El pasado jueves, el ministro de Cultura, Alpidio Alonso, y algunos empleados de dicho ministerio, participaron en episodios violentos contra manifestantes pacíficos que se concentraron frente a la sede de su ministerio. Si bien este tipo de represión puede ser una de las razones por las que hasta el momento pocas personas han participado en las acciones públicas, muchas voces progresistas como la bloguera afrofeminista Sandra Álvarez, quien lleva 15 años escribiendo sobre la realidad en Cuba, están convencidas de que: “Hay que escuchar a los jóvenes, ellos son el futuro”.

Una solidaridad desde la izquierda con las demandas democráticas de los activistas parece ser apremiante, sobre todo para poner fin a la insostenible situación de que el apoyo internacional ha sido articulado, casi exclusivamente, por partidos de derecha de los Estados Unidos y Europa, quienes desde hace décadas tienen agendas contra el socialismo en Cuba, las cuales poco tienen que ver con las inquietudes emancipadoras de los activistas. El camino recorrido por Die Linke con su decisión podría marcar la pauta para el apoyo crítico y solidario del necesario diálogo entre el gobierno cubano y los representantes de una nueva generación que, como los revolucionarios de 1959, están comprometidos con una Cuba libre.

Publicado originalmente en Neues Deutschland

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