Fotos: Javier Arrizurieta y Jorge Beltrán

Como cada año en Cuba, este primero de mayo tampoco hubo protestas, ni demandas de los trabajadores, ni siquiera una frase que ubicara a la clase obrera cubana como un sujeto consciente y activo en los cambios futuros de país. El habitual desfile por la Plaza de la Revolución de la Habana, y por las principales plazas provinciales, fue una fiesta, una celebración. La mejor manera en que los cubanos cumplen las obligaciones: si hay que ir, que sea a divertirse.

Las dos horas de marcha hoy de los trabajadores cubanos fueron para mostrar el apoyo al gobierno revolucionario y reafirmar al mundo la unidad del pueblo cubano. Aunque hacia dentro pocos se pregunten para qué sirve el primero de mayo y qué sentido tiene ir a las Plazas.

A ritmo de conga, calderas, trompetas y voces estuvieron entretenidos los presentes. El primero de mayo es una de las pocas concentraciones multitudinarias, con menor medida, que permanece. Lo que fue símbolo de una época, hoy es, apenas, una ocasión para tomar la calle y reflejarnos.

Otro año de “celebración”, como los anteriores: