Corrían los meses previos al estallido independentista cubano de 1895. José Martí, el armador y jefe político de aquella contienda, y Máximo Gómez, el líder militar, se hallaban en una de las cenas que reunían a los futuros combatientes en Santo Domingo. Alguien propone un brindis, con vino de Manzanilla. El que después sería Apóstol de Cuba, aprovechando la ocasión, se yergue y recita:

“Para un cubano es mancilla

o falta de inteligencia

brindar por la independencia

con vino de Manzanilla.

Manzanilla es de Castilla:

Castilla es tierra de España,

la que nos oprime y daña

con infinita crueldad:

—¡Brindo por la libertad

con aguardiente de caña!”.

Algunos atribuyen la autoría de los versos al propio Martí, otros afirman que pertenecían a Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés) y puede que hasta sean resultado del ingenio colectivo que rueda por generaciones y arma la cultura y tradición genuinamente populares.

La anécdota, recogida por Jesús Orta Ruiz en Décima y Folclor (Ediciones Unión, 1980), más allá de precisiones investigativas, evidencia lo que muchos otros pasajes: la estrofa de diez versos es, desde hace mucho, patrimonio e identidad del pueblo en la Antilla Mayor. Para reír, satirizar, convocar a una fiesta o a un velorio, este molde lírico sirve y distingue a los nacidos en la Isla.

Sin embargo, no son pocos los avatares que ha enfrentado en las últimas décadas. De la discriminación institucional, intelectual e investigativa, la insuficiente presencia en medios de comunicación, la no inclusión en programas de enseñanza y la depreciación en competencias literarias y musicales, entre otros obstáculos, dimos cuenta en este mismo medio en septiembre pasado.

Junto a los muros, sin embargo, también han florecido las pértigas de voluntad para saltarlos.

Del ideal, nunca cejes

hasta el fin de su proyecto

y del camino correcto

jamás, por nada, te alejes.

Guía tu nave y no dejes

que el viento en su acometida

deshaga las velas, cuida

esa fe que a todo reta

y piensa que es, toda meta,

otro punto de partida.

(De Lorenzo Suárez Crespo, leída en la 1ra tertulia de la Casa Cultural Amauta, 2018)

PINAR DEL RÍO: UN SEMILLERO DE VERSOS

Más allá de las dificultades cotidianas que atraviesan para sobrevivir la décima y el punto cubano, la permanencia y vitalidad de estos moldes artísticos —tanto entre población rural como citadina— resultan también incuestionables. Así lo piensan los investigadores Lorenzo Suárez Crespo e Irma Rodríguez Curbelo.

Muestra de ello, comentan, son los espacios —casas, grupos, tertulias— que se han ido creando en varias provincias, la mayoría con preponderancia de promotores naturales. Bien lo saben estos artífices del trabajo en la comunidad (Lorenzo es Premio Nacional de Cultura Comunitaria), que aunque no gusten hablar de sí mismos exhiben una obra admirable.

En la Casa de la Décima Celestino García —ranchón construido en la vivienda particular de Juan Montano, en la cabecera provincial de Pinar del Río— cada sábado, desde hace 11 años, el punto cubano, la improvisación, la música campesina, la buena literatura y otras artes, como las piezas plásticas de un niño con Síndrome de Down, concitan el aplauso de los participantes.

Montano y Lorenzo conducen. Irma documenta todo en fotos y audiovisuales y, después, en las limitadas y autogestionadas Ediciones Amauta, conserva y comparte el tesoro. A nadie hay que convocar para que asista, ya las familias del reparto Celso Maragoto saben que tienen su fiesta semanal garantizada.

El CIERIC, la Dirección Municipal de Cultura en Pinar del Río, la Dirección Provincial del Libro y otras instituciones estatales como el Centro Iberomericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI) han apoyado puntualmente a los decimistas vueltabajeros en esta década y más de labor. Les donaron un equipo de audio y un stock de instrumentos musicales y los programan para actuar en espacios como fiestas populares y ferias del libro, reconocen Lorenzo e Irma. Sin embargo, apuntan, el no contar con presupuestos para diversificar las acciones, programar mantenimientos y rescatar, por ejemplo, los talleres de repentismo infantil, es algo que preocupa mucho a los defensores de la tradición.

Otra de las actividades en las que participa la Casa de la Décima de Pinar del Río. Foto: Cortesía de los entrevistados.

Otra de las actividades en las que participa la Casa de la Décima de Pinar del Río. Foto: Cortesía de los entrevistados.

 

Continuidad y complemento de la Celestino García ha sido la Casa Cultural Amauta, en el hogar de Irma y Lorenzo, en 1ro de Enero (Vandama) no.68, en plena urbe vueltabajera.

Allí, otra vez gracias al emprendimiento de los anfitriones y a los lazos de cooperación con amantes del buen arte, se despliegan las “tardes de concierto” en las que música clásica, artes plásticas, actuación y poesía en su más amplio formato, coexisten con la décima y los acordes de guitarras y laúdes para dibujar amenas tertulias.

En una de las paredes del pequeño salón la obra Palmachete, del artista José Iván Morales, también integrante de la familia, recuerda a los visitantes que las raíces y el filo pueden fundirse en un gesto de cubanía: inventar y transformar desde el subsuelo hasta el penacho.

Similar experiencia atesoran quienes asisten a las peñas que Leandro Camargo organiza en el kilómetro 7 de la carretera a Viñales. “El público nos desborda. Se llegan a reunir hasta 200 personas, de todas las edades y de muchos lugares de Pinar del Río y hasta de otros sitios”, narra asombrado Osniel Genó, subdirector de la Villa Internacional Aguas Claras, sede de dichos guateques que desde hace meses organiza allí el destacado poeta repentista y promociona a través de su página de Facebook.

Ejerciendo como anfitrión y siempre acompañado de otros improvisadores —Julio Pablo Travieso, Frank Pereira, Sindy Manuel Torres…—, músicos del territorio y de otras localidades, Camargo logra en cada espectáculo, un sábado por mes, centrar el atractivo de muchos. La entidad vende comida y bebida y publicita sus ofertas; los artistas reciben su pago con los debidos contratos y el público asiste al enunciado vivo de la tradición. Ganancia total.

A mí todo me compete,

sufro por lo inevitable,

pero me siento culpable

de gastar, en el paquete

de 600 megas, siete

CUC, que necesito

para otras cosas. Bonito,

con Facebook, vivir al tanto

del chisme: ¿Tú sabes cuánto

perdemos con el jueguito?

              (Improvisada por Mariana Enriqueta Pérez y compartida en su FB)

Miguel Mariano Piñero conduce una de las actividades coordinadas por el Grupo Nacional de Escritores Rurales (G-NERarte) en Las Tunas. Foto: Tomada del blog CUBA ALA DÉCIMA.

Miguel Mariano Piñero conduce una de las actividades coordinadas por el Grupo Nacional de Escritores Rurales (G-NERarte) en Las Tunas. Foto: Tomada del blog CUBA ALA DÉCIMA.

 

G-NERarte: LA POESÍA MONTE ADENTRO

Aunque trabaja desde hace casi 15 años como especialista de precría intensiva de camarones en la unidad empresarial SANROS, del poblado de San José, municipio Colombia, el tunero Miguel Mariano Piñero piensa y sufre en poesía. Premio Cucalambé 2014, este creador, junto a su coterráneo y amigo Marcelo Leal y a propuesta del poeta Alberto Hechavarría fundó en 2012 el Grupo Nacional de Escritores Rurales (G-NERarte), con el que ha elevado el panorama lírico de su campestre región.

Al preguntarle por los objetivos principales, el también profesor de repentismo los sintetiza en tres ideas:

– Defender a ultranza la décima y el punto cubano.

– Ayudar a encontrar el camino hacia las editoriales a los escritores rurales jóvenes y con talento, y con ello acorralar el fatalismo geográfico.

– Contar con una organización que desde todos los rincones del país luche por preservar nuestra identidad y raíces culturales.

Y sí que han dado batallas contra los fatalismos, a tal punto que ya el colectivo cuenta con 107 miembros de 14 provincias, ha realizado cinco encuentros nacionales y fundado en San José las peñas G-NERarte y De Sangre a Flor, un Hogar Literario, un taller de Repentismo Infantil, y uno literario para jóvenes y adultos, además de un círculo de interés para niños escritores. Esto, unido a decenas de premios desde nivel de municipio a internacionales que acumulan los escritores de la localidad.

En noviembre de 2016, narra Miguel Mariano, teniendo en cuenta la conmoción nacional por el fallecimiento del líder cubano Fidel Castro, G-NERarte decidió suspender su VI Encuentro Nacional, que tendría lugar en diciembre. “Y como ese año no usamos el presupuesto, en el próximo año fue suspendido, por lo que se van a cumplir 3 años sin realizar el evento. Hemos tenido conversaciones con funcionarios y dirigentes del municipio: a pesar de varios compromisos de reanudarlo, no se ha logrado. Ya este año se nos comunicó que no es posible”.

El presupuesto de marras, asignado por las instancias de Cultura en el municipio —que han apoyado, como el CIDVI y la Casa Iberoamericana de la Décima en Las Tunas a G-NERarte—, era de era de 8 000 pesos (320 CUC) y se empleaba solo para pagos a escritores y al ganador del concurso nacional que incluía la cita artístico-literaria. “La alimentación la asumimos los miembros de la dirección del grupo y el hospedaje es en mi casa y otras casas de vecinos de la comunidad”, precisa el presidente de la agrupación.

Cuando lo insto a contarme una anécdota que lo haya marcado en estos años, Miguel Mariano no habla de versos ni canturías, solo recuerda emocionado la solidaridad de los miembros del grupo ante la enfermedad y el largo periodo de recuperación del escritor y directivo de G-NERarte Samuel Perdomo.

Y ahí está, quizá, una de las claves por las cuales el impulso decimístico y del punto cubano no ha cesado de crecer en estos años, a pesar de las barreras.

En cada encuentro de agrupaciones, como G-NERarte, hay presencia —muchas veces autogestionada— de otros colectivos como Toda Luz y Toda mía (Sancti Spíritus) y Décima al Filo (Guáimaro), más creadores independientes… Se entregan premios específicos de unos a temáticas e iniciativas de los otros y cada actividad es comunicada por email, teléfono o mediante la página web del habanero grupo Ala Décima, presidido por el periodista y poeta Pedro Péglez, entidad y coordinador que enlazan a nivel nacional a los demás conjuntos[1] y cuyo portal funciona como ágora y archivo histórico del movimiento a nivel de país.

Esto, en lo profesional; a nivel humano, la fraternidad se expresa de igual modo: llamadas, ayudas, medicamentos, transportes solidarios… Redes de afecto, en una época y profesión que tantas veces se describe como de lobos solitarios.

¿Cuánto por encima se podría hacer con una comprensión cabal de entidades y funcionarios, otros recursos tecnológicos y financieros y un sistemático y completo apoyo estatal?

Hay quien dice que el futuro

de mi país es incierto

y oro por no verme muerto

sin ser creyente. Por duro

que lo imaginen maduro

los frutos de la esperanza

y aun cuando el tiempo no alcanza

para después, me declaro,

feliz ante el desamparo

de mi propia desconfianza.

(De Juan Carlos García Guridi, publicada en su libro Fe de mí, editorial Montecallado, Mayabeque, 2015)

 

 

[1] El movimiento agrupacional de los decimistas cubanos contemporáneos se inició en 1993, en Puerto Padre (Las Tunas), con el grupo Espinel-Cucalambé, liderado por Renael González Batista, apunta Péglez en su libro Con diez que se quieran bien… (Editorial José Martí, 2017). En ese volumen y en varias conferencias y tertulias en todo el país, Péglez ha sistematizado e impulsado rigurosamente esta tendencia de fraternidad decimística.