A sus 7 años mi hija es una lectora minuciosa de Mafalda. Comenzó con la edición por el 50 aniversario del comic que sacó Casa de La Américas. Al comprarlo pensé que le haría bien empaparse del ingenio de Quino, y a esta intención se sumó un volumen de cuatro centímetros de grosor con las tiras completas que me enviaron unos amigos.

La niña llega todas las tardes, hace sus tareas, luego abre el tomo y trata de comprender. Cuando no entiende algún chiste viene a mí -sacándome de una lectura- y me pide ayuda. Pero cada día me consulta menos y la escucho carcajearse más. ¿Será que los comprende?

Hace un tiempo nos tomábamos un helado y de pronto, mirando hacia una pantalla que reproducía un clip exclamó: “¡¡Malditos reguetones!!” Sorpresa. Nunca hablamos mal de los reguetones en la casa. Creemos que es un debate falso. En la escuela, en cambio, todas sus amiguitas y amiguitos gustan del reguetón. ¿De dónde le viene entonces?

Respuesta: no le gustaban los videos, no le gustan esas mujeres medio desnudas, moviendo el culo todo el tiempo. Y con mueca de ridículo refrito: “¡Y esos hombres con gafas y gorras y cadenas gordas haciendo así y así!” Tampoco le agrada lo que dicen de las mujeres. Le pregunté a qué se refería, y me dijo: “no sé, no me gusta”.

El abanico de opiniones de Mafalda sobre su entorno ha arrojado a mi hija sobre diversas líneas temáticas contemporáneas, como la política y los políticos, el sentido de la vida, el aburrimiento, el socialismo, la sopa, el dinero, la pereza, la familia. A veces no me queda otra que decirle, “uff, mami hay cosas que solo podrás comprender cuando seas grande, mientras vayas creciendo”.

Hace poco comenzó diciendo, ¿papi, por qué es malo que algunas niñas salgan embarazadas?

¡Dios mío!, pensé. “Buejjjj, porque algunos… ejemmm… porque a veces algunos varones se aprovechan de las niñas y las niñas se dejan llevar. (Aquí di un timonazo, no quiero que odie a los hombres) Por eso es importante que estudies, que pienses en convertirte en una niña, una adolescente y joven poderosa, para que nadie se aproveche de ti. Tu mayor enemigo eres tú misma.”

-Pero ¿por qué es malo salir embarazada?

-Porque cuando estás embarazada tienes que concentrarte en ese embarazo. Luego, cuando sale el bebé, tienes que amamantarlo. Ese bebé necesita de ti, necesita que lo alimentes, que lo vistas, que lo abrigues, entonces en ese tiempo que dura casi un año la joven o mujer debe dejar de estudiar, y si deja de estudiar se atrasa mucho. Cuando una niña o adolescente sale embarazada casi siempre se aparta de lo que quiso ser en la vida. Una mujer necesita defenderse y tomar las mejores decisiones.

-Ay, papá pero yo necesito alguien que me defienda. No me sé defender.

Yo tampoco. Nadie se sabe defender, me dije. Entonces recordé a Mafalda, y algo que dijo Cortázar sobre Mafalda. Me agaché, poniéndome a su altura. Estaba frente a un momento de debilidad, debía aprovecharlo.

-Sí tienes quién te defienda. ¡Tienes a Mafalda! Uno lee para defenderse. Por ejemplo, cada vez que vayas a tomar una decisión piensa en qué diría Mafalda de eso que vas a hacer.

-Deja ver, ¿como esa estupidez (Sic.) que dice Susanita de los hijos y los maridos?

-¡Exacto!, hace unos días te diste cuenta de que Susanita solo pensaba en tener hijos y tener un marido apuesto ¿no? Y que nunca pensaba en estudiar. Susanita se quedará bruta, atendiendo a un marido, con millones de pantalones que planchar y ropa sucia que lavar. ¿Quieres ser como Susanita?

-No.

-Entonces para eso sirve que leas a Mafalda y que leas cualquier tipo de libro. Para ser más libre, para que nadie se aproveche de ti.

Quino ideó una serie de personajes alrededor de Mafalda que son una maravilla. A Manolito solo le interesa el dinero. Felipe es un haragán. Susanita piensa en tener hijos y cuidar a un marido apuesto e ideal, entre otros. La madre de Mafalda se pregunta todo el tiempo qué demonios hizo de su vida al cabo de tantos años.

-Entonces mi recomendación es que te fijes y que converses todo el tiempo con Mafalda. Cuando niño yo tenía personajes que me protegían a mí de los niños que me maltrataban.

Era Choki, un alienígena holográfico salido de una serie británica. Choki me ayudó a encontrar la luz en las comprobaciones de ocho cálculos en un minuto. Choki era un Dios para mí, entonces se me disparó otra alerta: no quiero que mi niña se genere dioses, ni que endiose a líderes. Entonces se me ocurrió:

-Pero también debes saber qué es lo que no te gusta de Mafalda. Ella es genial, pero no es perfecta. Se equivoca a menudo como todos los seres humanos. Es absolutamente dañino que te guste todo de una persona. Debes asumir críticamente a cualquiera que admires. Si lo admiras debes fijarte y ser más exigente, e insoportable, con esa persona. ¿No te interesa saber por qué?

-¿Por qué?

-Porque si no, esa persona notará tu respeto, tu miedo, tu…cómo explicarte… tu necesidad de creer en ella, y te convertirá en su esclava. Entonces si esa persona quiere conquistar el cielo, te usará a ti, te montará en un cohete sin saber si ese cohete funciona. Si quiere que alguien se arroje al fuego, te arrojará a ti, sin saber si el fuego quema. Eso no quiere decir que esa persona sea mala, sino que esa persona no se da cuenta que está siendo mala.  Nadie es perfecto. ¿Qué es lo que no te gusta de Mafalda, por ejemplo?

Miró al cielo, buscando en su mente, y dijo con entusiasmo.

-¡Ya sé! No me gusta que no le guste la sopa.

-¡Eso es! –casi brinco de alegría, nos estamos comunicando-. Abuela hace unas sopas muy sabrosas. Mafalda puede equivocarse. Uno debe saber reconocer cuando alguien se equivoca.

-Pero de todas formas no me gusta la sopa.