“Mi concepto no es vender el celular o repararlo, sino darte las aplicaciones y la capacitación para que aproveches a fondo el equipo”, dice Orlando González Cento, y aún lo recuerdo semanas atrás diciendo lo mismo en el salón oscuro de un cine camagüeyano, rodeado apenas de unas 20 personas. El tiempo pasa y Orlando aún no sale del salón oscuro de las limitaciones.

“Nuestro trabajo es atípico en el mundo del trabajo por cuenta propia y necesitamos establecernos aunque sea como cooperativa. Sin embargo, las leyes actuales ni siquiera dan margen a la constitución de una cooperativa de informática con nuestras características”, me cuenta Orlando, uno de los miles de graduados de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y líder de Orsis, innovador emprendimiento en el ambiente no estatal de la Isla.

“Ahora somos cinco en el equipo de trabajo, pero empezamos un amigo y yo. Fuimos puerta por puerta a negocios privados y estatales a explicar nuestros servicios. Los del Estado nos dijeron: ‘Te llamaremos’. Todavía los estamos esperando. Pero con los privados ha sido distinto: el primer contrato fue con un negocio de diseño gráfico, donde montamos un sistema de gestión interna de información”, revela Orlando, graduado dos veces de máster con apenas 32 años.

“Con nuestros sistemas informatizamos las compras, ventas, inventario, catálogo de productos y servicios, administración de las relaciones con los clientes, administración de las líneas de producción, gestión de proveedores, contabilidad, finanzas, facturación, comercio electrónico… Todo en un ambiente web que permite la comunicación directa desde cualquier terminal (PC, laptop, móvil o tablet), sin importar el sistema operativo que esta tenga, pues nuestro software se implanta sobre Linux”.

Foto: Leandro Pérez

La modalidad de gestión informatizada que instalaron en la pizzería La Salsa es un caso especialmente significativo para el ambiente analógico de la ciudad de Camagüey, y hasta de Cuba: allí un terminal de punto de venta, POS, para tarjetas magnéticas, facilita las transacciones, y en la pizzería se ve en el menú en los televisores, junto a la publicidad y si se acaba algún producto.

Camagüey, poco a poco, es otro gracias a estos muchachos.

“Ahora mismo trabajamos en dos restaurantes bien exitosos, el Rocola Club y el 1800; allí los dueños podrán, desde sus tablet o laptop, hacer cierres contables o de inventario cuando lo deseen, reducirán el tiempo de servir, poseerán una red de comunicación interna por tecnología Voz sobre IP… Y el sistema se adecua a una tienda, un gimnasio o una discoteca. Lo duro de esto es que por no poseer personalidad jurídica no podemos importar equipos específicos para instalar los softwares, los clientes tienen que entrarlos al país”.

Casado con una ingeniera en informática y padre de una niña de cuatro meses, Orlando busca hace más de medio año un sitio ajeno a su domicilio para establecer a Orsis.

“Nadie entiende que hagamos todo desde un escritorio en la sala de mi casa. Ya hemos roto el sofá –dice con sonrisa agridulce–. Lo que nos han ofrecido en las direcciones municipal y provincial de la Empresa de Servicios es un espacio como para una mesa de pintar uñas, y para la oficina y el taller para reparar los equipos importados necesitamos al menos 60m2″.
“Vivimos la quimera de desarrollarnos. No solo por faltarnos local y no ser muy conocidos sino, sobre todo, por carecer de personalidad jurídica para contratar (ahora no tengo trabajadores, nos ayudamos mutuamente cada uno con su patente), y para tener un abogado que nos represente. ¡¿Cuántas oportunidades pierden la sociedad y hasta el Estado?! Ahora mismo hay dos empresas en China y en Estados Unidos interesadas en trabajar con nosotros, pero seguimos maniatados cuando pudiéramos ser la primera PyME de informática en Cuba”.