En la periferia de Holguín, Yaima Ramírez sueña con que su agencia de turismo ecológico Cuba Hola llegue a ser tan exitosa que pueda ofrecerle trabajo a mujeres como ella. Se define emprendedora, feminista y cristiana.

Desde el principio se propuso un servicio alejado de las ofertas —“a veces caricaturescas”— que se le presentan al turista en la Isla. “No se trata simplemente de que el cliente venga por la mulata, el ron y el tabaco”, dice.

Explica que siempre ha estado interesada en mostrar el hogar, la familia y el vecindario cubanos, que conforman en su opinión la verdadera Cuba: “las zonas más humildes, pueblos pequeños como Mayarí, Moa, Baracoa”.

turismo ecológico

Yaima realiza recorridos con sus clientes por zonas rurales de Holguín. Foto: Tomada de su perfil de Facebook.

Esta holguinera de 32 años es una especie de showrunner, loba solitaria del turismo local. Ella, con algún apoyo familiar, se encarga del marketing, de las contrataciones y del servicio. A la hora de diseñar los itinerarios, se enfoca en el concepto de turismo ecológico. ¿Se van complacidos? “Mucho —responde. De hecho, regresan”.

“Estar cerca de la naturaleza ha sido parte de mí. Provengo de una ciudad minera donde la conciencia medioambiental a veces no existe. Es por ello que asumí ese enfoque, también para que sirva como oportunidad de negocios para la población rural”, comenta.

Cuenta que una vez retornaba de un viaje con unos clientes de Filadelfia y el ómnibus en el que iban se rompió. “Estoy debatiéndome si pago un taxi o no, pero me bajo de la guagua, les doy sus maletas y nos vamos caminando hasta el aeropuerto. Cuando llegamos, pienso que voy a perderlos, que no me recomendarán más. De pronto, me dicen: ‘Yaima acabas de darnos lo que en realidad vinimos a buscar: la verdadera Cuba’”.

Según refiere, la principal dificultad que sobrelleva es la incongruencia entre los permisos para ejercer el trabajo por cuenta propia y las actividades que realiza. Su licencia es de gestora de pasajeros; sin embargo, no puede trabajar en hoteles ni aeropuertos porque le estaría robando clientela al Estado. “Entonces, ¿dónde trabajo?”, se pregunta.

Actualmente no existe la figura de turoperador independiente, explica Norberto Guerrero, funcionario del Órgano de Trabajo y Seguridad Social. Para eso están las agencias de viaje estatales que se subordinan al Ministerio de Turismo o a la empresa militar Gaviota. Hay un vacío legal en ese sentido y los emprendedores buscan alternativas.

Se las ingenian “para salir adelante”, dice Yailín Ramírez, hermana y asistente de Yaima. “La clave ha estado en desprenderse de conceptos estereotipados  y cuando muchos le llamábamos ‘loca’ por gastar tanto dinero en conexión a Internet, no nos escuchó”.

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Como parte de su trabajo diario, integra a los vecinos de la comunidad en sus itinerarios. Foto: Reynaldo Aguilera y Adráin M. Sánchez.

Aun con las dificultades, quienes se lo proponen pueden tener éxito en este mercado, debido a las poco atractivas ofertas estatales. Al decir de Elvira, trabajadora de Infotur (Oficina Nacional de Información Turística), no existe el capital humano suficiente para atender toda la demanda de los turistas que llegan al país. La escasa preparación profesional de los guías ocasiona que se realicen “recorridos de vidriera”.

Antes de lanzar su agencia privada, Yaima lo intentó en más de una ocasión por la vía estatal. Siempre le dijeron: “no aplicas”. Para ser turoperadora debía ser graduada de Lengua Inglesa o de Licenciatura en Turismo. Pero ella lo que sabe de este mundo lo aprendió de manera autodidacta.

Sin embargo, cuenta, “si tienes un amigo que te ‘impulse’, no importa la titulación”. Por otra parte, basta con caerle mal a un vecino y que este diga que interactúas demasiado con extranjeros —lo cual es tu trabajo— para que te descarten también.

“Tantas veces me dijeron que no, que lo vi como una señal. Entonces, podría lograrlo por mi cuenta, me dije. Y creo que he sido exitosa”, sonríe aunque siempre teme poner en riesgo su licencia.

Entre las alternativas que ha buscado para avanzar y dar a conocer su negocio está la de usar Internet en función de lograr clientes. “Cuando se habilitó el dominio correosdecuba.cu hacía unas colas interminables. Escribía a ciegas, sin la garantía de nada. Los amigos que me recomendaban eran antiguos empleados de la Sherritt, compañía minera canadiense en Moa, en la cual trabajé. Me pasaba hasta seis meses sin recibir respuesta. Pero nunca me di por vencida”, confiesa.

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Las redes sociales son para Yaima un espacio para encontrar clientes que deseen ver una Cuba alejada de las postales. Foto: Reynaldo Aguilera y Adrián M. Sánchez.

Las potencialidades de las redes sociales las descubrió al unísono pero, cuando en 2004 el mundo envilecía con Facebook, la conexión en Cuba se reservaba a empresas estatales, periodistas y universidades; muy lejos de Yaima. No fue hasta hace cuatro años que se lo planteó como opción para su negocio.

Ramírez dedica alrededor de cuatro horas diarias a actualizar sus perfiles, promocionar sus servicios e interactuar con clientes asiduos. “Los principales provienen de Estados Unidos y Canadá: sus deseos son ayudar las iniciativas privadas, se sorprenden de nuestros avatares. Me dicen: ʽprefiero apoyar a un emprendedor cubano que a los hoteles del gobiernoʼ”.

En Holguín, las temporadas son muy marcadas, explica: “De noviembre a principios de abril, la afluencia de público es mucho mayor que el resto del año. Por eso, durante la temporada baja, me mantengo activa en las redes. En Instagram uso un perfil de empresa; mientras que en Facebook, uno personal, que me facilita una interacción más directa y me permite postear videos promocionales en forma de crónicas que yo misma elaboro”.

Ella explora todos los caminos posibles para llegar a los clientes, el resto es hacer muy bien su trabajo y que la experiencia sea inolvidable. Ladea la cabeza y acota: “el turista llega como tal, pero siempre se va como mi amigo. Entonces, cada vez que retornan, ya no son clientes, son familia. Es lo que pasa conmigo”, concluye satisfecha.

 

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