Por unos segundos, Patricia conservó la esperanza de que sus oídos la engañaran. Era 28 de agosto. Juan Gabriel había muerto, repetía el noticiero, y un vacío congeló de plano sus ilusiones. “Soñaba algún día verlo en escena, compartir con él en un espectáculo real”. Patricia Casañas Villar se quedó con el deseo, pero decidió echarse a cuestas  la realización de un homenaje a la memoria del Divo de Juárez en la ciudad de Santa Clara.

El empeño no le era del todo ajeno. Ya había dirigido shows aficionados mientras estudiaba Derecho en la universidad, pero esto era otra cosa. Novata en la organización de eventos con artistas profesionales, trabajando por cuenta propia, casi sin amparo institucional y con recursos limitadísimos; a ella misma el empeño le llegó a parecer demasiado ambicioso.

“La gala nació en mi mente de menos a más”, rememora Patricia. “Comenzamos estudiando el repertorio y después en qué intérprete podría cantar los temas. Los llamé para ver su agenda, su interés, y así se empezaron a sumar amigos, todos desinteresadamente, o sea, nunca se habló de dinero con nadie”.

Y menos con Ramón Silverio, el director del centro cultural El Mejunje de Santa Clara, quien dio un sí rotundo por la iniciativa y cedió su espacio para el propósito.

“Queríamos que diferentes solistas cantaran la obra de Juan Gabriel, a su manera, y no necesariamente las obras más conocidas ni estereotipadas, sino las que cada uno sintiera como más suyas. No pedí ningún favor a la empresa a la que pertenezco para evitar cualquier posible intervención en el curso natural de la idea. Todo se organizó desde las emociones.”

Fotos: Yariel Valdés

Mientras ensayaban, y Patricia se movía sin parar de un lado para otro, también guardó tiempo para repasar las cuatro canciones que asumió su potente voz. Para seleccionar el programa, no discriminó entre cantantes profesionales y aficionados, y cree que al final todos lo hicieron de manera “digna”.

“Los defectos de la gala fueron de producción. Un director general trabaja con un jefe de escena, un vestuarista, un coreógrafo, un equipo técnico, y es imposible que una sola persona aglutine todas esas tareas, como lo intentamos hacer”.

“Nos hubiera encantado tener más luces –sueña- otra decoración, pero eso significaba más gastos. Tuve que grabar el espectáculo por una vía informal, que no fue quizás la más idónea, pero fue la que humildemente pude financiar. Hubo que alquilar trajes, carros para trasladar a los artistas, una merienda, contratar una maquillista, obsequios a las personas que incondicionalmente nos apoyaron, entre otras cosas”.

Fotos: Yariel Valdés

Patricia no es materialista. Esos gastos le parecieron insignificantes ante el precepto de que solo de buenas almas nacen los mejores artistas, como el maestro mexicano, uno de los compositores latinoamericanos más fecundos.

“Las personas -dice confiada- expresan en su arte lo que son en la vida real. Juan Gabriel fue una persona que a pesar de la adversidad logró mantener su esencia. Es un gran referente para mí, por eso lo asumí todo”.

Una cerrada ovación pasada las doce de la noche coronó el esfuerzo de Patricia y todo su elenco. En el público varias generaciones corearon temas como Amor eternoAsí fue, Costumbre o Querida.

“Creo que pudiera hacerlo otra vez y mucho mejor si tuviera más ayuda, más recursos o si yo me prepara con mayor rigor. Ojalá se me diera la oportunidad. De hecho, uno de los planes que tengo ahora es hacer un concierto propio en el teatro La Caridad, que me abrió sus puertas. Pienso sumergirme en eso y hacer una producción a la altura de lo que siempre vi hacer, en video, a Juan Gabriel”.

Fotos: Yariel Valdés