Por el Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, un bloguero puso a circular en las redes sociales unas supuestas medidas aprobadas por el Consejo de Estado, aparentemente publicadas después por el diario Granma, que entrarían en vigor en febrero de este nuevo año. La broma, un caso típico de “fake news”, cogió vuelo.

La rebaja del costo del pasaporte cubano, la eliminación de las prórrogas y la entrega de personalidad jurídica a los cuentapropistas, entre otras creaciones, han hecho que la gente se emocione y se crea el “tupe”.

Es revelador el entusiasmo de los lectores al encontrarse con las medidas. Son muchos los que a través de las redes sociales se manifiestan, y muchos más, sin acceso a internet, leen la “bola” impresa o se la pasan por correo, y mandan a preguntar a los conectados si eso que leyeron es verdad. Porque quiérase el cambio que se quiera para Cuba, estas medidas falsas son políticas no solo deseadas por muchos, sino posibles y verosímiles en las condiciones actuales del país.

Ahí radica tal vez la clave del éxito de la nota, tanta gente compartiéndola con esperanza: trabaja sobre presupuestos realistas, expresa los deseos de decenas de miles de personas. Y así es como el “chiste” también se convierte en “performance político”, porque el post representa un reto al poder, un llamado de atención público.

El periódico Granma tendría tal vez que salir a desmentir el texto, puesto que en su nombre se ha publicado algo falso. Pero no le será fácil eludir la verdad de fondo: la gente quiere ver cambios de esta naturaleza en Cuba y el diario tendría que salir a decir (con las palabras que sea) “lo que debería ser cierto, no lo es” o “lo que muchos ven como justo y bueno para nuestro país, no lo es aún para nuestra clase política”.

El Consejo de Estado, el otro “protagonista” de esta “broma”, también debería aclarar que no ha aprobado semejantes medidas. Tendríamos que preguntarle entonces en qué tiempo espera cumplir con la voluntad popular que construyó el consenso en torno a los cambios entre 2006 y 2011 (expresada en parte por los Lineamientos, el programa de la reforma) o si en 2018 todavía deberemos quedarnos satisfechos con que sólo hayan cumplido el 21 % de lo prometido.

Quizás a manera de respuesta los emplazados comienzan a conducir y publicar encuestas rigurosas para medir el pulso de la sociedad. Porque la opinión de todos los subgrupos e identidades sociales no se mide simplemente por las veces que se comparte un artículo, ni con visitas programadas a unos cuantos barrios, o la recogida de “opiniones del pueblo” diariamente, sino elaborando investigaciones serias, al alcance de los medios de comunicación y del público en general.

La “bola” de fin de año también nos deja claro que falta preparación en el pueblo cubano para lidiar con falsedades en internet y contrastar la información que consumimos. Mayor conectividad tendrá que venir acompañada de una nueva campaña de alfabetización, ahora enfocada en el uso consciente de las redes sociales. No se trata, por supuesto, de temerle al libre acceso a la internet, sino de aprender a utilizar efectivamente todos sus potenciales.

La “inocentada” de las falsas medidas dice y dice mucho. Falta por ver qué aprendemos todos de ella.