Con su obra Estratosfera, Adonis Flores proyecta una imagen futurista de La Habana en su 500 aniversario de existencia. Propone un examen visual a la ciudad, con conexiones inéditas a través de una red de teleféricos que se sostendría sobre edificaciones en puntos clave de la urbe.

Si antes el artista había migrado de la arquitectura a la fotografía y el performance porque en un contexto de destrucción progresiva del mapa urbano, desde aquella disciplina resultaba difícil dar respuestas creativas, ahora vuelve a sus raíces, rodeado de un equipo multidisciplinar, para hacernos pensar en algo grande.

La Estación Central de la red de teleféricos “tiene su génesis morfológica en la arquitectura del constructivismo ruso. El edificio se impone en el contexto urbano en el que se inserta, sacrificando esbeltez y ligereza en favor de la solidez y la estabilidad, potenciando la seguridad como criterio rector de su funcionamiento”.

Además, a unos 70 metros sobre el nivel de la acera, las tres torres que lo conforman se conectan entre sí, “mediante un gran volumen que alberga los sentidos y funciones asociados a la estación de teleféricos. También hay góndolas “que acceden al interior del edificio a través de grandes andenes abocinados”.

El edificio se completa con una propuesta de intervención paisajística sobre el parque El Curita, que busca mejorar el entorno urbano con la inserción de la vegetación y la reorganización y completamiento de las funciones”. Estas son las palabras con que la obra interpela al público.

A partir de aquí, el diálogo con Adonis aclara varios aspectos: “Esto lo proponemos pensando en la transformación de la ciudad. Las ciudades deben ser transformadas en busca de nuevos mecanismos. Estratosfera es una alternativa para La Habana y su deterioro drástico”.

Expuesto en el Pabellón Cuba como parte de la Bienal de La Habana, este proyecto “tiene detrás una investigación que lo respalda: diálogos con las empresas líderes de teleféricos, tanto en Europa como en Latinoamérica, por ejemplo la de Medellín, que es líder en Latinoamérica”, sostiene su autor principal.

“Pensamos el proyecto con mucha seriedad, como si fuéramos a acometerlo. Sabemos que 3 km de teleférico que ellos construyan (la empresa de Medellín), con tres terminales, cuesta alrededor de 100 millones de dólares. Lo que queremos hacer nosotros está alrededor de los 200 kilómetros. Es decir, en estructura total es muchísimo presupuesto pero cuando vienes a ver es una estructura viable, se puede lograr, lo que pasa es que no solo hace falta voluntad política, sino también monetaria. A la vez, fácilmente eso se puede recuperar porque, nos dicen los especialistas de Medellín, en los teleféricos de ellos se transportan alrededor de 4000 personas en una hora”.

El número incluye, según el artista, no solo a quienes se transportan para hacer turismo; “ya se está viendo el teleférico como una solución para el transporte obrero y urbano en general”. Agrega que así lo han demostrado las experiencias de teleféricos en República Dominicana, Bolivia, Venezuela, México, Colombia (Medellín), donde está la empresa de mayor desarrollo.

Fue en esa ciudad del noroccidente colombiano en la cual se implementó por primera vez un sistema de teleférico como medio de transporte público a tiempo completo, con una marcada proyección social. El metrocable, complementario al metro, atiende las necesidades de transporte de los sectores menos favorecidos de la urbe.

“Allá hay valles y montañas, por lo que necesitan la conexión directa al valle. Es en línea recta y mucho más rápido que bajar por una ladera”, añade Adonis.

El arquitecto reconoce que en la capital cubana pareciera una locura porque no es una ciudad montañosa. En este caso, él y los demás autores (Dayma Crespo, Suayma Martínez, Alejandro Rojas y Diuver Moya) incluyen en su propuesta la construcción de edificaciones altas que serían hoteles o viviendas y permitirían las conexiones del medio de transporte.

Estamos hablando de seis líneas de teleféricos que parten de la Estación Central y están conectadas como una red de araña que incluye 12 recorridos, de hasta 75 km.

“Mejoraría la situación del transporte al dar una opción aérea de comunicación entre lugares principales en el entramado urbano; aumentaría la educación cultural del cubano al concentrar opciones artísticas de toda índole en puntos clave de la ciudad, así como abriría nuevas oportunidades de intercambio con el exterior al constituir otra atracción turística”.

Esto, así concebido, no existe en ninguna parte del mundo, indica Adonis.

“Es un plan futuro, pensando en un futuro que no es inmediato porque para construir todo esto se necesitaría tiempo y dinero que tendría que venir de inversión extranjera, porque el país ahora mismo no tiene esos recursos, si bien se están construyendo en la actualidad 17 hoteles de lujo. Y eso cuesta mucho”, asevera.

Añade que en la investigación con las empresas líderes supieron que no son los gobiernos los que usualmente financian los proyectos de teleféricos, sino que se logran gracias a presupuestos privados, de personas con muchos recursos que dicen “yo quiero participación en este proyecto”. Como se trata de una inversión que genera ingresos posteriores por la cantidad de usuarios, es un negocio atractivo.

“Por lo general esto se hace en ciudades con una alta densidad poblacional y mucha afluencia de turistas. El momento del restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos (17-D, 2014), cuando creció el turismo exponencialmente, hacía pensar en Cuba como un lugar propicio para la implementación de un teleférico. Se preveía un crecimiento económico en poco tiempo, por lo que este tipo de propuesta ayudaría a la población y a los turistas, ayudaría a desarrollar una estructura urbana que no se ha hecho nunca en Cuba”.

Foto: Darcy Borrero.

Foto: Darcy Borrero.

Aun cuando Estratosfera empezaron a imaginarla desde mucho antes, son los momentos de transformaciones a nivel macro en un país los que demandan soluciones tan arriesgadas como esta. “Cuando ves mucha confluencia de personas, pasas trabajo para transportarte por el exceso de pasajeros y la poca oferta, hay que buscar soluciones alternativas; soluciones que trasciendan el petróleo. Soluciones con la mira en el desarrollo sostenible de la ciudad. Se acaban los pozos de petróleo y Cuba cómo queda. Si mantenemos un mecanismo que no se incorpora a la rueda dentada del mundo, de mercado, creando lazos, cómo entramos al desarrollo”, se pregunta el artista.

Dayma Crespo, curadora de la obra, lo respalda con sus palabras: “se trata de un proyecto de marcado carácter comunitario, el cual propone solucionar problemas de tipo social y, a su vez, potenciar el crecimiento económico del país, al proponerle al turista una Cuba fáctica y visualmente más atractiva… Lejos de parecer una utopía, esta idea se eleva sobre la distopía que constituye La Habana actualmente, superpoblada y sometida al paulatino derrumbe de espacios, a causa del implacable paso del tiempo y la ausencia de recursos. Y es que si no creamos nuevas estructuras que soporten nuestra nueva realidad, la preciada capital corre el riesgo de acabar como Atlantis, sepultada bajo el mar”.

La construcción de teleféricos en otros espacios ha emergido con un objetivo turístico por la cualidad de ser miradores en movimiento. También se han implementado con proyección social y comunitaria, pero en esencia responden a un objetivo más primario: el de cruzar un río u otro obstáculo, natural, geográfico. He aquí la idea de Adonis con el teleférico como metáfora: “es un puente. Podrías cruzar el río en un barco pero sería muy lento. El teleférico evade los obstáculos.

“Son como puentes, conexiones entre todos los edificios. Esto tiene que ver también con la forma en que tú te comunicas con el mundo, con la conexión que existe entre los países. Todo parte de una red de araña en la cual todo está conectado. Una ciudad virtual que pudiera funcionar en Cuba. Una metáfora de cómo funciona el mundo. Es la metáfora del mundo conectado, es como si estos edificios fueran países conectados, vamos a verlo así, metafóricamente; porque en sí construir esto sería bastante complicado. Pero claro, Estratosfera no es una obra que se plantee solo como metáfora, aquí proponemos una solución para quienes viven y visitan la ciudad, y para adentrarnos en el mundo contemporáneo”.

La implementación de esta idea, advierte Dayma, implica revolucionar la ciudad… “más que una propuesta comunicacional fríamente pragmática, esta idea se conecta con la sensibilidad moderna, tendiente al acortamiento de distancias gracias a Internet y sus redes sociales como articuladoras omnipotentes de nuestras vidas”.

En torno a esta propuesta que llama a desasir los pies de la tierra para “teletransportarse”, el público de la Bienal abre los ojos a una dinámica social que puede generar desde la sorpresa hasta la sonrisa, quizás porque enciende una esperanza, pero con una solución. No habla de construir por construir, sino de edificar un entorno conectado y plural a la altura de lo más avanzado del planeta. Recuerda los días de 1958 en una Habana que inauguraba el Túnel de la Bahía para conectar al “lejano Este” con el centro de la ciudad.

 

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