Victoria nacerá a finales de marzo. Mientras crece, es la esperanza, la alegría de una familia pequeña y también la inspiración que Juana Larissa Tamayo necesita para terminar de escribir su tesis de maestría. “Es increíble –me confiesa esta joven filóloga y profesora de la Universidad de Cienfuegos– la niña no ha nacido y ya quiero ser un ejemplo para ella, continuar superándome como persona y profesional, para que se siente orgullosa de mí”.

Aun sin tener casa propia, y conscientes de que sería difícil asumir con sus ingresos mensuales los gastos que conllevan la alimentación de una embarazada, la adquisición de la canastilla y el cuidado de un bebé, Juana y su esposo Héctor, ingeniero en Telecomunicaciones, decidieron ser padres. Después de siete años de estable relación, incluidos más de dos de matrimonio, consideraron que era un buen momento. Además, habían sufrido la pérdida de un embarazo en 2013, por lo que Victoria es, también, un triunfo. 

“Muchos jóvenes profesionales esperan a los 30 años y aprovechan el tiempo previo para darle un impulso a su carrera laboral, obtener grados académicos y, sobre todo, adquirir los medios económicos para asumir esta responsabilidad. Otros, como nosotros, se dan cuenta de que es mejor no dejarlo para después porque luego es más difícil la crianza de los hijos”, dice la futura madre mientras me muestra con regocijo las ropitas para la pequeña que les han regalado o han logrado comprar hasta la fecha.

Aunque desde 2007 ha aumentado la tasa de fecundidad adolescente en Cuba, también es apreciable que “la edad para el primer parto se está moviendo y acercando cada vez más a la tercera década de vida, lo cual provoca la disminución de la cantidad de hijos”, según ha dicho Jorge Peláez, vicepresidente de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología.

Aspectos como el aplazamiento del embarazo, influyen en la Tasa Global de Fecundidad en la Isla, que ha disminuido considerablemente desde 1978 (menor a 2,1 hijos por mujer, 1,68 en 2014). Un artículo científico que se acerca al tema, expone que Cuba presenta cifras muy próximas a las de países más desarrollados.

“Alimentarse bien -sigue Juana- ha sido uno de los mayores retos en el proceso de gestación. Toda la familia ha hecho un gran esfuerzo. Mi esposo, en particular, se ha vuelto mago buscando los vegetales, la leche y las frutas, que son los productos que más trabajo pasamos para conseguir aquí. Gracias al salario de él, que es superior al mío, hemos ido saliendo a flote”.

Foto: Raúl Hernández González. Flickr

Durante este período, la casi mamá ha comenzado a entender cosas que antes no comprendía. Ahora sabe que es verdad eso que había escuchado acerca de cómo un hijo “te cambia la forma de ver la vida, te abre nuevas perspectivas. No solo comienzas a descubrir aspectos de tu cuerpo, también te conoces más como persona, como mujer. Sientes que vas a tener más responsabilidades y eso da un poco de temor pero a, la vez, te abraza la dicha”. La escucho y hasta me entran deseos de animarme a seguirle los pasos…pero me calmo.

No obstante, me parece admirable que quiera seguir superándose. Incluso, tiene planificado que en el 2018 hará su doctorado. El desafío, me dice y se dice, será ir “tanteando las tareas en el hogar y en el trabajo”. Confía en el apoyo que recibirá de su familia, pero también es consciente del sacrificio y la dedicación que exige el magisterio: “madrugadas leyendo, estudiando, escribiendo… Así que vamos a ver cómo me sale todo”.

Probablemente el sueño de tener casa propia o mudarse a una más grande, quede aplazado por algún tiempo; aun así, sabe que este año le traerá muchas satisfacciones. Quedan otras escaramuzas por sortear pero tiene fe en que saldrá airosa de ellas. A fin de cuentas, por pequeña, frágil y delicada que pueda ser en un principio, su Victoria viene en camino.