Hola, amig@s:

A tono con los acontecimientos y la celebración, nuestro equipo dedicó su trabajo a las reacciones que ha generado el aniversario 500 de La Habana. Ya desde días cercanos a esta fecha se podían palpar el ambiente de los preparativos para el festejo en muchos espacios de la urbe capitalina.

Se ha ido generando mucha cobertura mediática alrededor de este aniversario, en particular acerca de acontecimientos relacionados como la visita de los reyes de España que durante varios días fue tendencia en nuestras redes sociales y suscitó mucho debate. Se habló de la moda o selección de prendas de vestir de quienes recibieron a los visitantes y del perro callejero que atravesó el paseo real como si unos días antes el maltrato animal y la recogida de perros callejeros no hubiesen sido tema de controversia.

Mientras se comienza a celebrar en algunos espacios, aún la pintura está fresca y las cámaras enfocan los lugares increíbles de la ciudad como el recién remozado Capitolio. Pero nadie apunta la cámara, ni por asomo, a la situación real que tiene el fondo habitacional de toda una ciudad que vive hacinada en sus viviendas con varias generaciones en un mismo lugar. Todos miramos maravillados cómo se inauguran lujosos hoteles cinco estrellas que anteriormente eran edificios de viviendas y que no fueron restaurados para seguir con ese uso.

Ni siquiera la llegada de un frente frío con sus chubascos característicos impidió que las personas se reunieran en varios espacios de la ciudad el viernes 15 de noviembre para disfrutar de la celebración. Los fuegos artificiales, adelantados por la lluvia, fueron lanzados desde El Castillo del Morro y La Cabaña y pudieron apreciarse desde gran parte del litoral capitalino. Luego, actividades como la gala cultural frente al capitolio ofrecieron un increíble evento pero fue limitado su entrada por invitación a un número de 5 000 invitados.

Esta Habana que nos venden en las imágenes logradas con un dron aún es inaccesible para muchos. Para el populacho está el malecón, están los pollos a medio freír en los timbiriches, las comparsas, los carnavales con luces de colores y tumultos, la cerveza que es cara y la música estridente. Esas partes de La Habana recuperada de los escombros y del paso del tiempo ha dejado espacios que contrasta con sus hoteles y espacios para los extranjeros, el triste recordatorio de la desigualdad económica en la que vivimos con respecto al primer mundo.

Nos queda de tarea a los que compartimos sus lugares cuidar la limpieza, respetar las normas básicas de convivencia en los espacios públicos y ser un poco más solidarios entre los que la desandamos cada día. Saludos y que disfruten los dibujos,

Wimar Verdecia