Este título parece el de una canción de salsa o música tropical. Sin embargo, se trata de un artículo sobre política y derechos humanos. La discusión sobre las diferencias entre el pluripartidismo y el pluralismo político ha vuelto a ponerse sobre la mesa y trataré hoy de refrescar mis argumentos sobre esas distinciones.

La pregunta que rige este debate es la siguiente, ¿es posible lograr una sociedad con pluralismo político si en ella el sistema político está encabezado por un partido único?

En las aulas de la Universidad de La Habana dije mil veces que sí, que es posible, y ahora reitero mi respuesta. Pero creo también que existe el derecho humano a crear un partido político, siempre que se cumplan los requisitos legales para su fundación, acreditación, membresía, financiamiento, inscripción, etc.

¿Cómo es posible lograr el pluralismo con una fuerza política dominante y hegemónica?

No basta con la democratización interna del partido único que sea, sino que es indispensable la democratización de toda la sociedad, de las escuelas, de los planes de estudio oficiales, de las universidades, de las empresas, de las fábricas, de las cooperativas, de los municipios, del Estado y del gobierno.

En una sociedad democrática, en la cual los valores de la república sean importantes, el pluralismo político es esencial; esto significa el uso de la deliberación, de los debates públicos, la publicidad de las opiniones contrarias a la oficial o a la del partido único; es necesario que se visibilicen los argumentos de la oposición, porque una cosa es que no funden partidos y otra que no se sepa qué piensan del país donde viven.

La democracia es dura de masticar y de digerir pero es alimenticia y gratificante. No deberíamos vivir sin ella, por eso la reivindico como un derecho y no como un accidente de la política concreta en cada Estado.

El pluralismo político es posible con una sociedad civil activa, libre, creadora, que aporte a la vida social, que arroje luz sobre los problemas que el Estado no alcanza a resolver, que interactúe con el gobierno, que avalúe junto a él lo que se logra y lo que se pierde.

No puede haber pluralismo político sin un sólido derecho al asociacionismo, a la libertad de palabra y manifestación, sin derecho a acceder a los datos de gobierno que no sean secretos y, en todo caso, debemos saber qué es secreto y que no, para poder reclamar según corresponda.

En una sociedad democrática los partidos políticos no son lo más importante, podemos hasta decidir no militar en ninguno, como hago yo, pero eso no significa que me importe menos la política ni que no quiera participar.

La democracia es de todos, el partido es solo de los militantes. Yo vivo en un municipio y en él quiero participar, quiero planear el desarrollo local junto a mis compatriotas vecinos, quiero saber dónde se ponen los dineros, qué se hará con los impuestos recaudados este año, qué pasa con ese bache a través del cual se ve ya la otra parte del mundo.

El pluralismo político es posible con un solo partido, pero este partido no puede ser dueño de toda la política. El partido único puede mandar al Estado y puede dirigir la sociedad, pero para que haya pluralismo político esa dirección tiene que ser respetuosa de las diferencias, tiene que tratar de entender la diversidad política y tiene que entenderla como un derecho.

Yo preferiría que hacer política no fuera un pecado, que las organizaciones políticas legales no creyeran que son las únicas que piensan y actúan políticamente y que miraran al pueblo no como al que hay que convencer o calmar sino como al que hay que escuchar y respetar.

En el Estado de Derecho que empezamos a experimentar, el pluralismo político debería ser un principio, pero eso no quedó dentro de la Constitución. Hay que asumirlo como una derrota de la democracia. Como mismo tanto se ganó en algunos derechos, también es justo que recordemos que se perdió o no ganó el derecho a pensar políticamente diferente al Estado y al partido y no ser discriminados por esto.

Yo creo necesario confiar en las nuevas mentes y energías que laten en la patria, algunas de ellas dentro de cuerpos vetustos, pero mentes nuevas de todas maneras. Aunque también puede ser que esas mentes y sus valores, inteligencias, ideas, principios, conceptos, costumbres y propuestas no encuentren espacios para fundar nada nuevo, porque la idea oficial de construcción se limita a confiar en lo que ya ha sido fundado de antemano.

Para que la izquierda ganara en México hizo falta otro partido, uno nuevo; algo parecido pensó Fidel en 1953 cuando entendió que los partidos vigentes no alcanzaban para una revolución. Yo creo que para avanzar hay que confiar en el pueblo de Cuba y yo quisiera poder tener mi Morena, como la de AMLO (Andrés Manuel López Obrador), que no creó un partido nuevo para robar sino para pensar primero en los pobres.

En cambio, el pluralismo político es posible aun sin una Morena nueva y refrescante, pero hay que jugar duro a la democracia porque el soberano no es el partido único, sino el pueblo diverso.

 

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