12:08 del mediodía en La Habana. Una explosión, una columna de humo negro en los alrededores del aeropuerto. “Accidente aéreo”, saltó la noticia. El Boeing 737-200 fletado por Cubana de Aviación entre La Habana y Holguín se había caído.

Sirenas, por toda La Habana sirenas de ambulancias y patrullas en dirección a Rancho Boyeros. A poco más de una milla de la pista se había estrellado el vuelo DMJ 972. Llevaba a bordo 104 pasajeros y 9 tripulantes. Todos los pasajeros, menos 5, eran cubanos. 4 niños entre ellos. Una bebé de 9 meses. Todos los tripulantes, mexicanos, de la compañía Global Air.

El nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, llegó muy pronto a la zona. Fue la primera figura pública en confirmar que habría muchos muertos. Poco después sólo se confirmaron 4 sobrevivientes al desplome inicial. Al llegar al hospital Calixto García sólo se salvaron 3.

Todos los detalles están en la televisión nacional.

 

En Holguín, al noreste de Cuba, la ciudad está en shock.

La lista de fallecidos ya es de dominio público, pero no está autorizado fotografiarla. El secretario del Partido local confirma que en la noche saldrá un avión con un familiar por víctima, para participar en los reconocimientos. Los que no puedan viajar, tendrán a su disposición un ómnibus el sábado por la mañana. La gente aún no lo puede creer.

Mientras tanto, las redes, que por primera vez transmiten la desgracia casi en tiempo real, también comienzan a articularse. El negro del luto será el color de los próximos días.

Porque quienes volaban en ese avión merecen respeto…#DueloEnCuba #LutoEnCuba #FuerzaCuba

Posted by Maxwell BM on Friday, May 18, 2018