Tahimí nació con una encefalopatía congénita, una enfermedad degenerativa e irreversible. A pesar de perder la movilidad en los principales miembros, no poder caminar o sostenerse por sí sola, nunca perdió la ilusión de crear.

Pintar con los labios fue la alternativa que encontró para poder expresarse. Ya entrenada, con el pincel entre dientes, pinta historias de mujeres que vuelan, arropan a sus hijos y también flores, entornos urbanos y rurales. Todos son temas surgidos de su imaginación y de lo que ha visto en la televisión, porque apenas ha salido de su comunidad natal, en el poblado de Ciego Montero, perteneciente a la provincia de Cienfuegos.

Cada día cumple la misma rutina en el patio de su casa. Después del habitual baño mañanero, el talco, las presillas en el pelo y el reposo del almuerzo, se alista para lograr los lienzos que, según le han dicho algunos críticos se insertan en el llamado arte naif, primitivo, ingenuo, como su propio espíritu.

Foto: Marleidy Muñoz.

Allí Tahimí puede permanecer horas y horas sin pronunciar palabra, largos minutos en los que consigue lograr un pétalo, trazar las líneas, corregir los rostros de sus personajes. Sus padres le acomodan las acuarelas, los pinceles, todo su “arsenal” de trabajo. Ellos acceden, cumplen y siguen cada una de sus indicaciones.

Las obras de Tahimí Damas Monzón se han incluido y aparecen en la portada de los libros “Arte en Cuba”, publicado en Francia por Gérald Mouial, y “Discapacidad y sexualidad”, de José Julián Castillo, de la editorial CENESEX. Ha merecido diversos reconocimientos en los Salones Provinciales de Arte Naif de Villa Clara y Cienfuegos, y realizado más de una decena de exposiciones personales.

Foto: Marleidy Muñoz.

Se detiene muchas veces al conversar, le falta la respiración. Sonríe apenas, es discreta y muy, muy bonita. En su silla de ruedas, recibe a los amigos que la visitan y organizan en su casa habitualmente la peña “Con la luz de los colores”. Este proyecto comunitario surgió en su localidad en el año 2005, con el ánimo de crear exposiciones, peñas y reanimar un pueblo que sólo destaca porque la naturaleza lo dotó con aguas termales.

“Las personas que ven los cuadros me preguntan: ¿son un autorretrato? ¿Reprodujiste una foto? Dicen que está mi imagen ahí”.

Pero ella no reconoce ser la sirena, la mulata, la del pelo largo que cubre los peces. Aunque su piel blanca y pelo corto no coincidan del todo con las protagonistas que aparecen en las obras que firma, tal vez, sin preverlo, nos traduce así sus sombras.

Cuadro La Mulata, de Tahimí. Foto: Marleidy Muñoz.

“Yo no me siento artista, nunca sé qué hacer con los halagos de las personas”.

“Mis pretensiones nunca fueron tantas, yo sólo hago lo que me gusta, lo disfruto. Ahora apenas puedo creer que existan personas que deseen coleccionar mis cuadros, que vengan visitantes de muy lejos, sólo para conocerme y ver cómo pinto”.

Cuadro de Tahimí. Foto: Marleidy Muñoz.

¿Y los temas, cómo escoges los contenidos de tus obras?, le pregunto. “Dios creó todo perfecto: las flores, las margaritas, yo sé que esos ejemplares que invento también deben existir por ahí; los animales, por supuesto los más hermosos son los peces y los gallos. Y las mujeres, sus pelos, sus hijos, cómo los cuidan, todo es perfecto, nunca reflejo dolor en mis piezas. El arte es hablar de belleza, expresar color, resumir lo que es la vida, incluso en un pequeño pedazo de lienzo o papel”, asevera.

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Marc Chagall expresó: El arte es, sobre todo, un estado del alma”. ¿La tuya Tahimí, está ahí?

“No importa donde vaya el pincel, entre los dedos, los dientes, cualquier lugar o espacio, lo que trasciende son los dibujos, los mensajes que envíe, la felicidad que logre estimular en la vida de las personas. Soy una persona triste. Pero mis cuadros no”.