Era un hombre de 43 años, aparentemente saludable. “Lo enviamos para emergencia porque tenía algunos síntomas de gravedad y en muy poco tiempo murió. Es algo impactante”, cuenta el Dr. Rafael Luis Castillo Duranza, médico cubano radicado en Brasil.

“El Estado Río de Janeiro —donde reside y trabaja— inició las medidas de cuarentena y en cada institución de salud se establecieron barreras sanitarias para clasificar los pacientes en dos flujos: aquellos con síntomas gripales y los otros. Los primeros pasan a salas de aislamiento, donde el personal los atiende con medios de protección especiales. Una vez examinados, si estos síntomas son leves, pueden regresar a la casa —también en régimen de aislamiento—; si son graves, van a otras unidades de urgencias, aquí llamadas ‘de Pronto Atendimiento’ o ‘Pronto Socorro’ y de ahí a hospitales mayores”, me explica vía WhatsApp.

Tras 16 años viviendo en el país sudamericano, el acento portugués ya le tiñe las palabras al doctor. Hoy trabaja en una “clínica de familia”, que vendría a ser, en dimensiones, un escalón intermedio entre un Consultorio del médico de la familia y un policlínico cubanos. La institución de salud atiende a unas 24 mil personas en su territorio demarcado. Desde hace aproximadamente mes y medio, cuando entró en escena el SARS-CoV-2, la rutina de trabajo de los cinco equipos especializados que allí laboran se intensificó con fuerza. El flujo de pacientes “sospechosos” de la pandemia que veían comenzó discreto, pero en la semana del 13 al 19 de abril creció muchísimo.

Para disminuir el riesgo de contagio, usan trajes de protección. Ni allí en Brasil, ni en los años que trabajó en Cuba, primero en un policlínico y luego en el Hospital General Docente Calixto García, había tenido que usarlos. Asegura que por el momento tienen suficientes, aunque el delantal o capote del traje disponible no es el mejor, pues no resulta impermeable por completo. En cuanto a la capacitación del personal, me explica que con rapidez se han tomado las medidas y que han ido aprendiendo lo necesario del virus y sus complejidades. De los tratamientos, precisa, hay varios protocolos que están siendo usados y debatidos, entre ellos, una combinación del antiviral conocido popularmente como “Tamiflú” y el antibiótico Azitromicina. Y en unidades con pacientes graves, Hidroxicloroquina.

Para este habanero, especialista en Medicina General Integral, como para otros profesionales de la salud en el mundo, el nuevo coronavirus ha significado un gran reto. Adecuarse a protocolos cambiantes en medio de situaciones políticas y económicas tensas ha sido una de las constantes en estas últimas semanas.

Mientras hablamos, el doctor me va describiendo lo que ve por la televisora nacional OGlobo: “Ahora mismo están pasando la imagen del ministro de Salud en una mesa que tiene unas 10 personas, sin máscaras ni distanciamiento social, en una reunión. Este es el que el presidente Jair Bolsonaro puso en sustitución del que había, que sí entendía la necesidad de las medidas contra la pandemia”.

Bolsonaro ha sido de los mandatarios más criticados desde que inició la crisis de salud mundial, por su recurrente actitud de ignorar el peligro y llamar a la desobediencia de las normas sanitarias. “Es apenas una pequeña gripe o resfriado”, ha dicho. Y también: “Va a morir gente, lo siento, pero no podemos parar una fábrica de autos porque hay accidentes de tránsito”.

“Por suerte —opina el doctor—, el régimen federal brasilero otorga autonomía constitucional a los estados y municipios, permitiendo que gobernadores y alcaldes tengan independencia en sus decisiones y no deban seguir al pie de la letra los dictados del gobierno central. No obstante, como sí dependen de este para el envío de ciertos recursos, la cosa se pone muy difícil”.

Una de las mayores preocupaciones en el manejo de la COVID-19 a nivel mundial ha sido el número de camas disponibles en los hospitales. En Brasil, alrededor de 80 % de las de cuidados intensivos están ocupadas y se prevé que se llegue al 100 % en las próximas semanas, refiere el especialista. A su juicio, nadie, ningún estado, país o región estaba preparado para esto.

Cuenta Rafael Luis que las autoridades de varios estados han establecido convenios con las empresas telefónicas para saber, por georreferencia de los celulares, sobre la movilidad de las personas, y que esta se torna por momentos incontrolable.

“La gente escucha a Bolsonaro alentándolos a salir a la calle, y luego a los gobernadores diciendo otra cosa y se desorienta. La apuesta del presidente, creo, es obligar a los gobernadores y alcaldes a reprimir a sus poblaciones, para después aparecerse como el salvador de las libertades individuales. Ahora mismo están poniendo una imagen de él encabezando una manifestación…”.

“A fin de cuentas —dice casi en tono de broma— pienso que el presidente es un individuo con grandes dificultades para lidiar con la realidad, embebido en el mito de que él es el salvador de la patria y todos esos delirios, igual que Donald Trump. Pero si el país colapsa, puede costarle la reelección”.

En eso, se cuelan en nuestra charla gritos y golpes metálicos sostenidos.

—Es el cacerolazo de las 8y30 de la noche. Llevamos unas dos semanas en esto. Yo también me asomo con mi caldera y grito, pero no te preocupes, que no te voy a sobrecargar la llamada.

Foto: Pat_Scrap/Tomada de Pixabay

Foto: Pat_Scrap/Tomada de Pixabay

Deutsche Welle apuntaba en 2018 que “Brasil es uno de los países más desiguales del mundo. Mientras la clase alta vive como en Suiza, la mayoría es pobre”. En la zozobra de la COVID-19, señala el Dr. Castillo Duranza, el gobierno aprobó una ayuda de unos 150 dólares por mes (unos 600 reales), para personas con trabajos informales. “Pero ha habido mucha lentitud para entregar ese dinero. Y los más pobres no suelen tener teléfono, ni cuenta de banco, ni internet, así que tienen que acudir en masa a los bancos —y exponerse— para legalizar su estatus y poder recibir el apoyo”.

“Ahora estoy viendo tomas de la Avenida Paulista: gente haciendo ejercicios; otros paseando en motos lujosas Harley Davison. Todo normal, como si no hubiera pandemia. Qué desastre”.

Sobre los test para detectar el virus, el también especialista en Medicina de Familia y Comunidad y doctor en Ciencias por la Universidad de Sao Pablo, considera que se están aplicando muy pocos. Por ello no se sabe con certeza la dimensión real del problema. “Algunos analistas afirman que el país tiene 2 o 3 veces el número de muertos reconocidos. Además, como se trata de una nación tan grande, heterogénea y fragmentada, la situación es algo caótica, porque en los barrios ricos la gente por lo general respeta el aislamiento, pero en las favelas, los pobres tienen que salir a buscarse la vida… Mira, mira, hablando de eso, están poniendo la noticia del robo de un camión que llevaba un cargamento de test” …

—Se habrá disparado la criminalidad, supongo…

—En parte sí, pero, curiosamente, el crimen organizado, en específico los del narcotráfico, han ayudado a que las personas se mantengan en aislamiento social en las favelas.

—¿Y la alimentación? ¿Hay abastecimiento en los puntos de venta?

— Aquí eso no suele ser un problema, recuerda que Brasil es el primer productor mundial o un alto productor de muchos tipos de alimentos. Los supermercados están llenos de comida; lo que la gente más pobre no tiene dinero para comprarla.

Rafael Luis vive con su hija, de 11 años, a quien mandó temporalmente a otro estado, con la mamá, para evitarle riesgos. En Cuba están sus padres y hermanos. Cada día se comunica con ellos, incluso puede verlos en tiempo real, gracias a la conexión que les ayuda a pagar. De las medidas gubernamentales y los procedimientos médicos en la Isla para enfrentar el nuevo coronavirus, cree que han sido los correctos; pero le preocupa mucho la casi permanente crisis económica nacional. Más aún, la poscrisis, en un escenario en el que el turismo no volverá a aportar lo que aportaba. Él, como muchos, piensa que, si el bloqueo de EE. UU carecía de sentido antes, ahora mismo es totalmente criminal.

Le pido un pronóstico de la evolución brasileña en estas circunstancias, al menos en las próximas semanas. “Van a morir muchos. Tristemente. Lo que debe pasar es que las personas más pobres, como siempre, pongan la mayor cantidad de esos muertos. Me preocupan incluso los pueblos indígenas amazónicos, que casi no tienen anticuerpos para enfermedades infecciosas a las cuales nunca estuvieron expuestos. La gente va a allí, ilegalmente, a extraer madera y minerales, y pueden desatar la transmisión masiva”.

Hasta el momento en que hablamos (domingo 19 de abril), Brasil tenía 36 599 contagiados y 2.347 fallecidos. Ya era, como hoy, el país más afectado de América Latina.

 

* El autor agradece la ayuda de Haydée Guillot Jiménez y Félix Molina Mutis para la obtención de este testimonio.

 

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