Cirle Tatis Arzuza —youtuber colombiana, activista contra el racismo y defensora de la herencia cultural africana— vivió “acontecimientos no gratos” en Cuba por parecer cubana.

Según contó en su perfil de Instagram, sintió discriminación desde el comienzo de su visita. Al llegar a Viñales, el dueño de la casa donde se hospedó la confundió con una cubana y respiró luego con alivio cuando ella aclaró su nacionalidad.

“¿Cómo un cubano no quiere cubanos en su casa?”, preguntó Cirle. “‘No respetan, dañan todo, son escandalosos, no me gustan’”, le respondió el señor.

Por suerte para ella, su procedencia extranjera la “salvó”. Fue admitida en el hostal. El “riesgo” de no ser aceptado, aun con reservas, es una sensación que han sufrido no pocos clientes cubanos, sobre todo en algunas instalaciones de turismo o de servicios del sector estatal y privado.

Hace un par de meses, Ana María y su pareja canadiense querían pasar un fin de semana en el Hotel Covarrubias de Las Tunas. En el Buró de Reservaciones, la especialista les preguntó si estaban casados y cuál era la diferencia de edad entre ellos.

“Al responder que él me llevaba 15 años y que solo éramos novios, nos ‘alertaron’: aunque tuviéramos reservación en el hotel, podían no admitirnos”, cuenta Ana María. “Casi todo el mundo asume que si soy negra y ando con un extranjero, soy jinetera”.

Luis Hernández, trabajador del Buró de Ventas de Cubanacán en esa provincia, asegura que el derecho de admisión es una prerrogativa de cada entidad.

“Muchos turistas se han quejado por ver a cubanas muy jóvenes con extranjeros viejos en hoteles donde acuden muchas familias”, dice. “Hay instalaciones del turismo, sobre todo aquellas de menor categoría, donde se ven muchos casos de —presunta— prostitución”.

A falta de una ley, es la Resolución 54/2018 la que recoge las indicaciones para la organización y ejecución de la protección al consumidor en el sistema de comercio interior en Cuba. Sin embargo, nada se menciona allí sobre el derecho de admisión.

Solo el inciso m, del capítulo sobre los derechos de los consumidores, explicita que se les debe dispensar un trato amable, transparente, equitativo, no discriminatorio ni abusivo en relación a las condiciones de calidad, cantidad, precio, peso, volumen, medida de los productos y servicios de cualquier naturaleza que adquieran.

Racismo ¿invisible? en Cuba

TURISMO NACIONAL EN DESVENTAJA

Entre sus “malos ratos” en Cuba, relata Cirle que ella y su pareja trataron de cambiar dinero en un hotel, pero el custodio les dijo que el servicio solo funcionaba para huéspedes. Si querían cambiar, ella debía quedarse fuera.

“¿Si solo les cambian a clientes, por qué le cambiarían a Mario? Porque era turista —como dijo el guardia— pero yo también era una turista, gastando 2000 euros en su país, entonces: ¿qué me hacía distinta a Mario?”, se preguntó Cirle. “Jamás imaginé que parecer cubana por ser negra podría generarme tanta humillación”.

Durante su estancia en un hotel resort cinco estrellas en Cayo Guillermo, ella y una amiga fueron tratadas con desdén, tras ser confundidas con unas “de esas cubanas que salen del país y cuando regresan cambian el acento para darse ‘aires’”.

“Yo estaba ahí, pagando exactamente lo mismo que ellos —sus parejas—, hombres blancos y europeos, pero yo no merecía un trato digno”, cuenta también en su Instagram. “Era como si con decir que no era cubana, me hacía merecedora de un mejor trato”.

Aun cuando fueron un millón 689 mil 804 los vacacionistas locales en 2018 (36% del total), no han sido pocos los reclamos y denuncias de los cubanos por el trato diferenciado que reciben en varias instalaciones turísticas.

El propio presidente de los consejos de Estado y de Ministros Miguel Díaz-Canel, durante el balance anual del ministerio de Turismo, señaló: “tenemos que defender una sola calidad: la máxima posible, tanto para turistas internacionales como nacionales. No podemos hacer distinción entre unos y otros. A todos los tenemos que atender lo mejor que podamos”.

A poco más de cinco meses de aquellas declaraciones, se siguen acumulando sucesos.

Recientemente, la cantante cubana Ana Yadira Cabañas denunció en su perfil de Facebook que en el Hotel Parque Central de La Habana le negaron la entrada a la terraza porque, según el custodio, “el hotel se reservaba el derecho de admisión”.

“Por la forma en que el custodio me trató parece que me iba a robar algo o que yo no tenía dinero suficiente para acceder a un lugar como ese”, relató Cabañas en la red social. “Quejarme con su superior fue peor, porque aquel compañero fue más déspota y más grosero que el custodio”.

A falta de denuncias formales, los cubanos han decidido usar las redes sociales para manifestar su descontento con algún servicio o contar los hechos cuando han sido víctimas de discriminación.

Miguel Ángel Díaz Catalá también relató en su perfil de Facebook cómo —ante una discusión por el aumento del precio del pasaje a Viñales— un transportista privado le espetó que él no montaba a cubanos en su carro.

Por indignación se bajó del auto, mientras los acompañantes extranjeros se preguntaban qué había pasado.

“Ya es muy común entre los cubanos que ofertan servicios al turismo internacional usar términos discriminatorios para con sus conciudadanos”, concluyó Díaz Catalá.

 

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