Desde hace menos de un mes el Latinoamericano exhibe una nueva joya, una sorpresa de 23×14 metros aproximadamente. El estadio más famoso de Cuba luce una pantalla digital gigante en el jardín izquierdo: pacotilla tecnológica para distraer a los aficionados que llegan hasta allí a presenciar el declive de la Serie Nacional. Pero ese es otro tema.

Por meses, la instalación del novedoso equipo — único de su tipo en la Isla — acaparó la atención de los fanáticos y curiosos en La Habana. Una pantalla digital Samsung a todo color pondría un poco de sazón al desabrido espectáculo deportivo cubano.

Con la pantalla, llegaba la modernidad al llamado “Coloso del Cerro”. O al menos eso creímos muchos.

Varios meses fueron necesarios para montar el soporte de la pantalla del Latinoamericano
Dicho por las claras: la pantalla gigante todavía está subutilizada. Gráficas estáticas de las alineaciones, el marcador y una foto de cada jugador en su turno al bate la ocupan la mayor parte del tiempo. Sólo los pequeños giftsanimados para hits y home runs, videos promocionales del INDER (Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación) y materiales curiosos de Youtube, consiguen que la pizarra no sea confundida con un cartel.

Para los fanáticos más exigentes, la pizarra se queda corta en información. Aún no reproduce estadísticas, ni muestra repeticiones de jugadas cerradas, ni posibilita una interacción constante con el público. Aunque quizá esto ultimo es para mejor: ¿se imaginan los problemas derivados de una Kiss Cam en Cuba?

La nueva joya del Latino, en manos de sus operarios, ha sido lo mismo que poner en manos de la abuelita una flamante laptop Republic of Gamers y ver cómo la enciende solamente (y de vez en cuando) para ver novelas mexicanas.

Imposible dejar de notar la pantalla. Pero, ¿se le está sacando todo el provecho a esa tecnología?
Cierto que aún la pizarra sigue llamando la atención por su novedad. La gente la mira con insistencia, como esperando que los sorprenda en cualquier momento. Otros le hacen fotos con los móviles (incluyendo algunas selfies), y hasta hay quienes revisan los line-ups cuando algún jugador desconocido se acerca al cajón de bateo. Pero esto último ya se podía hacer a mediados de los 90, en la vieja pizarra analógica que aún se mantiene encendida sobre la cerca del jardín central, haciendo la competencia a su nueva vecina.

No obstante, se me ocurre una posibilidad de reivindicar el aparato y convertirlo en el show que debe ser. La pantalla aún está a tiempo de repletar el estadio del Cerro con una simple movida: sólo tendría que transmitir en vivo los partidos de la MLB y la La Liga Española de Fútbol.

 

Texto publicado originalmente en Fonoma Blog