Si en Cuba fueran a encarcelar a todas las personas que guardan en su casa un saco de cemento, o cualquier otro material de construcción, sin un comprobante que certifique su compra en un mercado estatal, las prisiones no nos alcanzarían. Habría que cercar la Isla de punta a punta. Ni siquiera quienes compran un saco de cemento o una lata de pintura en una tienda conservan el comprobante.

Pero si el problema fuera de veras la compra de materiales en el mercado negro, entonces la policía debería empezar por quienes roban y venden esos materiales, no por quienes los compran. Si la gente compra materiales en el mercado negro es porque, en primer lugar, no los hay en los mercados estatales. Y si vamos de veras a ser estrictos, entonces deberíamos exigir que la gente guarde comprobantes hasta del papel sanitario que utiliza.

Es muy fácil, por no decir que es muy de cobardes, intentar eliminar un mercado negro atacando a los eslabones más débiles, a las personas necesitadas. Es la misma política medieval de condenar al hambriento que roba un pan, en lugar de juzgar a quienes no son capaces de crear una sociedad donde un ser humano no deba robar para comer y pueda vivir dignamente de su trabajo. Sin embargo, todo el mundo que se entera dela historia de Luis Manuel Otero**, sabe que el problema en Cuba no son los materiales de construcción ni el mercado negro.

El problema es atreverse a ser libre. El problema es decir lo que piensas. El problema es pensar, sobre todo si tu pensamiento diverge del oficial. El problema es crear. El problema es ser auténtico. El problema es tener imaginación y usarla. El problema es intentar revolucionar tu país. Porque parece que para lo que sí necesitas papeles es para revolucionar, para hacer política, para hacer arte. Necesitas papeles, autorización, cuño, firma, luz verde y palmadita en el hombro de los poderosos.

A los poderosos no les gusta que no cuenten con ellos, que no les pidan permiso, que les contradigan. Tienen fobia a la juventud, fobia a lo nuevo, fobia a la rebeldía, fobia al cambio, fobia a todo lo que una vez, hace muchos años, ellos fueron y representaron. Tienen fobia a perder aunque sea un milímetro de poder.

Por eso no se pueden permitir ser valientes, porque tienen demasiado poder para perder. Si fueran valientes admitirían que encierran a un artista por el hecho de ser artista, en toda la universalidad de la palabra, y no inventarían el cuento de los sacos de cemento. Pero entonces quedarían muy mal parados en la comunidad internacional si hablaran con toda la verdad.

Y si a algo hemos dedicado tiempo y esfuerzo en los últimos sesenta años es a construir una imagen impoluta de país en la comunidad internacional. Es muy importante que no se piense ni se opine mal de nosotros.
Por eso: sacos de cementos. Y mañana: duendes y unicornios; si fuera preciso. Siempre: cero transparencia en cada uno de los casos. Aunque pensándolo bien, si los poderosos fueran legítimamente poderosos, no se sentirían amenazados por un artista. No temieran tanto al ejercicio de las libertades fundamentales.

Porque lo que pasa es eso, que nos tienen miedo. Tienen miedo a la palabra y a la verdad de cada persona. Y si tienen miedo, es porque, en principio, no creen en su propia verdad. No están tan convencidos de sus propias convicciones.

Si estuvieran convencidos, dejarían existir al diferente y al opuesto. Su visión de país se sustentaría no en la exclusión de las visiones distintas y opuestas sino en su superación. Es muy fácil ganar una carrera atando las manos a los otros. Aunque eso, si somos sinceros, no es ganar sino hacer trampa. Jugar sucio.

Lo justo sería superarnos en condiciones de igualdad. Claro, para superarnos en condiciones de igualdad primero tendrían que dejar existir a actores diversos: a quienes están a favor y en contra; o a ratos a favor y a ratos en contra; o a favor de una cosa y en contra de otra; o a favor de una manera distinta a los que están a favor y en contra de una manera distinta a los que están en contra; o ni a favor ni en contra.

A mí no me importa dónde ni cómo Luis Manuel Otero compró los sacos de cemento, porque detener a alguien por eso, en el contexto cubano, es una burla a la justicia y a la sociedad. Si Luis Manuel Otero fuera un simple abusador de mujeres no hubiera sido arrestado, a no ser que llegara a matarla. Pero no, Luis Manuel es un artista y eso es algo mucho más serio y peligroso.

No nos molesta que un hombre golpee a su esposa hasta partirle los huesos, ni que crucifiquen gatos vivos en los parques, ni que una madre maltrate a su hija menor de edad, ni las bacterias en las salas de terapia intensiva en los hospitales pediátricos. Nos molesta un artista que es libre. Nos molesta la libertad. La gente independiente. Qué palabra tan fea: independencia. Tantas guerras después, la desechamos… ¿Es ese el país que somos?

*El presente texto fue compartido por su autora originalmente en su perfil de Facebook. elTOQUE lo reproduce con su autorización.

**Luis Manuel Otero es un joven artista cubano que fue detenido el 6 de noviembre de 2017 por la supuesta receptación de materiales de construcción adquiridos de forma ilegal. Fue liberado bajo fianzas el jueves 9 de noviembre y espera juicio. Tanto su familia como sus colaboradores aducen que la causa real de la detención fue el intento del artista de organizar la #00Bienal de arte de La Habana.