Frente a un espejo que cubre toda la pared, una clienta elije, catálogo en mano, el corte y el color deseados. Marbello es un salón pequeño. Quizás 8 metros cuadrados, pero Iván y Luis no necesitan más. En una habitación de su casa dirigen, desde hace varios años, un salón de Belleza.

La mujer finalmente se decide, señala la imagen que busca y Luis comienza a cortar el cabello. Probablemente su clienta no magina que esa persona, que ahora mezcla un par de tintes, se graduó con título de oro en la Universidad de La Habana como microbiólogo. Cómo sabría que fue, también, investigador en el Instituto de Sanidad Vegetal y profesor de la Facultad de Biología. Ese hombre que le muestra tonalidades de color es, además de su peluquero, Doctor en Ciencias.

“Para un investigador la jornada laboral es de consagración. Salía de mi casa amaneciendo y regresaba al anochecer. A veces, ni regresaba. Si correspondía leer un experimento de madrugada, tenía que pasar la noche en la oficina. Es un trabajo muy sacrificado y sin un pago justo. Me gustaba lo que hacía, pero solo de satisfacción profesional no se vive”.

Foto: Alejandro Trujillo Valdés

“Entonces pensé en iniciarme el sector privado y como tenía vocación para la barbería y peluquería, abrí este negocio propio junto a Iván”. Luis Manuel e Iván son pareja desde hace casi una década. Se conocieron en un proyecto de investigación cuando el primero trabajaba como microbiólogo y el segundo como cibernético. En esa época, Iván acababa de regresar de un doctorado en España sobre inteligencia artificial.

“En cuanto me gradué, como fui el primer expediente de la Facultad de Matemática Computación, me ofrecieron una beca en el extranjero, con la posibilidad de maestría y doctorado. Al terminar llegué a Cuba con ganas de comerme el mundo y de aplicar todo lo que había aprendido, pero cada paso que daba sentía que me quedaba a medias. Me acerqué a la Academia de Ciencias que es el espacio con mejores condiciones y ni allí había infraestructura para sostener un proyecto. Cada paso era una nueva frustración.

Foto: Alejandro Trujillo Valdés

“Llegué a un punto donde tenía dos opciones: irme de Cuba y sentirme realizado profesionalmente o quedarme y olvidarme de mis estudios e investigaciones. Y no quiero dejar mi país. Así que aquí estoy: dando masajes capilares y ateniendo el teléfono para las reservas”.

En Marbello ofrecen servicios de peluquería, barbería, faciales, masaje capilar, terapia de cabello y asesoría de imagen. Las tareas las dividen entre ambos, aunque es Luis quien tiene mayor peso en el salón.

“Estudiar microbiología me ayudó mucho. Además de la parte estética, la peluquería es química pura. Si quieres hacerlo bien, no puedes subestimar este trabajo. Sé para qué funciona cada ingrediente, cuál producto no debe reaccionar con otro. Manejo información más especializada que el cliente agradece cuando se le explica”.

Desde que iniciaron su negocio, Iván y Luis han procurado que el trato especializado y hasta cierto punto “científico” sea lo que distinga a Marbello. Quizás sea esta peculiaridad la que haya llevado a la cadena norteamericana JC Penney a interesarse en el trabajo de estos estilistas cubanos.

Foto: Alejandro Trujillo Valdés

“Dos meses atrás, representantes JC Penney vinieron a la Isla para hacer un casting entre los cosmetólogos e impartirle luego cursos especializados a quien seleccionaran. Tuve la oportunidad de ser elegido y ahora tenemos nuevos proyectos con la firma. Planes que no solo favorecerán a Marbello, sino a la academia de belleza cubana en general”, explica Luis Manuel.

Iván y Luis han encontrado en la peluquería un modo de vida que les permite más ingresos que el polo científico, y por tanto, una vida más cómoda. Parecen sentirse realizados con sus logros en el salón y el reconocimiento que hoy tienen dentro de los cosmetólogos cubanos. Aunque, incluso con sus éxitos, ambos dicen extrañar la época en la que no se les conocía como peluqueros, sino como científicos.

Foto: Alejandro Trujillo Valdés