Si como registra el Diccionario de la lengua española, coherencia, del latín “cohaerentĭa”, es la “conexión, relación o unión de unas cosas con otras”; y también la “actitud lógica y consecuente con una posición anterior”, la cotidianidad cubana suele brindarnos, sin buscar demasiado, preciosas perlas de formidable incoherencia. Y esto, cuando se torna ácido pan del día a día, causa muchas indigestiones.

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Costó bastante, pero ya se había domado la fiera. Colas, coleros, molotes, guapería, desorden, injusticia… habían cedido espacio a la equidad posible cuando se decidió en algunas provincias del país que, en los quioscos y tiendas de las cadenas Cimex y TRD, productos de máxima necesidad como pollo, aceite o detergente, fueran vendidos mediante las libretas de abastecimiento en cada barrio. Al menos en la cabecera de la provincia Pinar del Río, muchos núcleos familiares habían podido alcanzar, aunque fuese una vez, alguno de estos básicos renglones que al inicio de la crisis doble (coyuntura económica-pandemia) eran incapturables.

Pero no más se declaró la primera fase recuperativa, cuando un extraño apuro llevó al Consejo de Defensa Provincial (CDP) pinareño a abolir la venta por el Registro de Consumidores. El presidente del CDP y primer secretario del Partido Comunista (PCC) en el territorio dio razones a la emisora Radio Guamá. Argumentó que “no todo el pueblo ha estado de acuerdo con esta medida”, y que el mecanismo “ralentiza el servicio por todo lo que lleva de control”, y que “es necesario vender para poder seguir comprando otros productos, tenemos que dinamizar la Economía”, y que “trataremos en la fase actual de seguir llegando a las comunidades más apartadas con estos productos”… y un enmarañado etcétera poco convincente.

El poeta Nelson Simón, presidente de la Unión de Escritores y Artistas en Pinar del Río, expresó en Facebook: “Medida precipitada. Se sacrifica lo que ya estaba más o menos ordenado para que la población pudiera comprar alimentos, aseo y productos de primera necesidad, ¿para que se comience a vender la variada oferta que tienen en almacenes? ¿Para comprar qué? ¡Pareciera que estamos en medio de una economía de mercado y bajo la presión de las grandes firmas y casas de moda! ¡Por Dios!”.

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“The Washington Post reconoce que Cuba dio una respuesta eficiente a la COVID-19”, tituló Cubadebate, reproduciendo información de la agencia Prensa Latina. “Un artículo publicado en el diario The Washington Post este sábado reconoció que pese a las dificultades que atraviesa Cuba, su respuesta es eficiente y enérgica cuando la azota un huracán o una pandemia”, reseñó el medio oficial de la Isla. Y se refirió al periódico estadounidense como “rotativo de orientación conservadora” e “influyente rotativo”. Otros medios estatales como Cubaperiodistas también reprodujeron el elogio del Post.

Cuatro días más tarde, el 30 de junio último, el también estatal Razones de Cuba comentó: “Escala el imperio en esta su nueva campaña contra nuestro país, introduciendo en ella al The Washington Post, quien abandona toda ética periodística, al prestar espacio y visibilidad mediática a la pluma mercenaria del contrarrevolucionario Abraham Jiménez Enoa para que tergiverse y mienta sobre lo ocurrido [muerte del joven negro Hansel Ernesto Hernández Galiano en encuentro con la policía cubana]. De esa forma desvela el medio su subordinación a las políticas de la administración con la que dice estar en desacuerdo”.

¿Se habrá transformado radicalmente en cuatro días la política editorial del diario norteamericano? ¿Será que hay un Post bueno y uno malo, uno ético y otro antiético en dependencia de cómo se refiera al Gobierno de la Isla?

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Había sido un viejo reclamo de la afición criolla. Un sueño de fanáticos y seguidores, casi siempre tan apaleados y fieles como la mayoría de sus ídolos beisboleros: que se vendiera mercadería alusiva a los equipos de pelota cubanos —gorras, uniformes, mochilas, juguetes, adornos— como en cualquier parte del mundo, para afianzar la identidad y pertenencia de un pueblo con sus héroes del diamante. Entonces, cuando llegó el día, el ansiado día, vino con una inexplicable sombra. En entrevista con Radio Rebelde, Andrés Alberdi, director de la Industria Deportiva Batos, informaba:

“Batos se encargará de la confección de los artículos y la venta la asumirá, desde este lunes 29 de junio, la Empresa Comercializadora, Importadora-Exportadora de la Industria Ligera (Encomil) a través del referido sitio [www.lotengo.com]. // Se venderán las esperadas chamarretas y hasta personalizadas en caso de solicitarla el comprador. Además, se comercializarán guantes, pantalones, monos deportivos, pulóveres, poloshirt, shorts, desmangados y pulóveres con adornos”. // […] “Las compras solo se podrán realizar desde el exterior con tarjetas Visa y Mastercard”.

La lista de precios oscilaba entre 9.00 USD por un “desmangado” y 43.59 USD por un “conjunto de mono deportivo”.

Desde la revista Alma Mater, el comentarista Duanys Hernández Torres preguntaba al respecto: “¿Cómo es posible que el aficionado cubano tenga que recurrir a un amigo o familiar del extranjero para tener la camisa de sus amores? Esa que ha añorado durante muchísimos años para lucirla en el estadio. // ¿Por qué no se pensó en el cubano de a pie que nunca abandona a su equipo?”.

La venta, al parecer no se inició, pero tampoco se ha dicho nada oficialmente contrario al anuncio comercial.

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“La Revolución, en su devenir histórico, ha probado de modo constante e invariable su vocación por la justicia social. Nadie queda desamparado en nuestro país. Así ha sido, es y será siempre”, afirmó el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la reunión extraordinaria del Consejo de Ministros en la que se ratificó la “estrategia económico-social para impulsar la Economía y enfrentar la crisis provocada por la COVID-19” que había sido aprobada, días antes, en el Buró Político del PCC.

El discurso del presidente sirvió de preámbulo a la Mesa Redonda en la que se anunciaron esencias de la estrategia de marras; entre ellas la comercialización en tiendas que operan en moneda libremente convertible (MLC) de diversos productos, tales como alimentos y aseo.

Alejandro Gil, vice primer ministro y ministro de Economía y Planificación, apuntó en el espacio televisivo la necesidad de “respaldar ofertas para un segmento de mercado que puede pagar en divisas”, y que “en el actual escenario, no podemos tomar recursos del país para importar alimentos de gama alta y venderlos en CUC. Por tanto, los utilizamos para adquirir mercancías de la línea económica y ofertarlas en la línea económica”.

Nadie quedará desamparado, todos somos iguales, de los humildes, con los humildes y para los humildes… Sí, sí, pero hay compatriotas de gama alta y otros de línea económica.

¿No era que en el socialismo habíamos abolido las clases sociales y sus odiosas distinciones?

 

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