Eduardo siempre fue ateo, pero dice que una especie de revelación cambió su vida: entonces él, que pensaba la religión como una “tontería subcultural”, comenzó a estudiar la Biblia y se convirtió en cristiano. Una fe poderosa la suya.

Este muchacho prefirió una labor que se escapa de lo usual, que no tiene las garantías a largo plazo de un vínculo con el Estado, ni las retribuciones económicas del sector privado. Desde 2010 este joven solamente trabaja para la Iglesia.

“Con 23 años me convertí en Bautista Occidental y todos los espacios de mi vida cambiaron: mi mejor amigo dejó de ser mi mejor amigo. Personas cercanas se alejaron. Con otros dolió más: me criticaron y era objeto de sus burlas.

Foto: Alejandro Trujillo

“Comúnmente se habla de discriminación social a personas negras, homosexuales, discapacitados, pero los cristianos también sufrimos exclusión. Todas las minorías sin importar su origen o propósitos son miradas a través de prejuicios. En las mismas escuelas no permiten que los jóvenes se reúnan a leer la Biblia.”

“Nosotros entendemos que los centros educacionales tienen que tener normas, pero entre esas normas debería estar la tolerancia”.

Eduardo Arencibia era uno de los mejores estudiantes de su curso. Tanto prometía en la academia que el rector de la Universidad de Pinar del Río aprobó, de manera excepcional, que comenzara una maestría incluso antes de graduarse. Fue prácticamente ingeniero y máster a la misma vez.

Foto: Alejandro Trujillo

“También hubo quienes se acercaron para reprocharme que ingresara a una Iglesia. Si supuestamente era un muchacho inteligente, universitario, “¿cómo iba a sumarme a ese fanatismo?”, me decían. Existen personas que contraponen la fe religiosa con la razón y el conocimiento. Tal vez desconozcan que no están desligados estos conceptos. Grandes científicos han sido creyentes. Pero ni mi familia, ni mis amigos lo entendieron así. Este camino hacia Dios lo emprendí solo, sin apoyo”.

Hoy Eduardo no cobra un salario mensual, pero el templo dispone para él una ayuda económica. Su trabajo es ser misionero de la iglesia Bautista. Y como tal participa en obras caritativas en hospitales, brinda su mano en épocas de desastres naturales, visita comunidades pobres donde ayuda a otros sin preguntar creencias. Pero de su labor lo que más disfruta es predicar cada día, confiesa.

“Contando mis experiencias he despertado el interés en muchos jóvenes sobre la fe cristiana. Recuerdo hace unos años cuando comencé a estudiar la Biblia con un par de adolescentes y poco a poco se fueron sumando sus amigos, y los padres de sus amigos. Lo que comenzó como una conversación entre tres personas, terminó siendo un culto con más de 15 familias.”

“A este mismo templo vienen aproximadamente 140 muchachos de la ciudad pinareña. Quienes, a pesar de vivir en un mundo donde se actúa como si Cristo no existiera, defienden sus creencias y enfrentan los prejuicios que conlleva  pertenecer a una minoría.”

“La juventud cubana es muy diversa, más de lo que se piensa. Y de esa diversidad somos parte”.

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