El ruido de traviesas, las miles de pelusas de plástico desperdigas por doquier y el constante claveteo que se escucha desde el patio, es a la vuelta de casi una década el orgullo de varios escoberos cubanos.

Debido al uso diario, que desgasta y desprende sus celdas, las escobas y escobillones generan un comercio seguro y estable en cualquier lugar. Lo que ha generado una fuente de trabajo y de ingresos permanentes para quienes solicitan su patente de productor vendedor de servicios varios y se dedican a la confección de estos utensilios de limpieza, básicos en cada casa.

¿Qué se necesita para hacer una escoba?

Para hacer una escoba se necesitan aproximadamente de 3 a 5 minutos y se hacen con materiales reciclados. Se puede utilizar todo tipo de plástico, que de lo contrario su degradación podría durar de 150 a 1000 años.

Además, la materia prima para la base, 5 o 6 CUP/Kg de polietileno de baja densidad (PE-LD) y para los pelos: 11 CUP/Kg de polipropileno (PP). Una máquina de traviesas o bases de escoba (que cuesta 30 mil CUP como valor mínimo estimado). Una máquina de pelos de escoba (que cuesta 50 mil CUP valor mínimo estimado) y alambre.

El tipo de plástico se puede identificar por el número que aparece dentro de un triángulo formado por flechas, visible en el fondo de los pomos, por ejemplo. El polietileno de baja densidad (PE-LD) se representa con el número 04. El polipropileno (PP), con el número 05. Nunca se deben mezclar tipos de plásticos diferentes. Su unión resulta en artículos que se rompen fácilmente porque no se llegan a fundir bien.

El proceso industrial

Los locales son artesanales, y la maquinaria empleada es alta consumidora de energía eléctrica. Además del motor interno que moviliza algunas de sus partes, necesitan resistencias especiales para elevar la temperatura y derretir el plástico, corregidas en todo momento por termostatos. Un taller de este tipo acoplado a una vivienda promedio (con 8 horas laborales, seis días a la semana) consume de conjunto el equivalente a 1000 CUP por mes.

Y en el proceso, como mínimo trabajan tres empleados. En la práctica, funciona mejor si trabajas asociado a alguna empresa de servicios varios de la localidad: agilizan los procesos de obtención de algunas materias primas, encadenan la producción y, en ocasiones, la venta de los productos terminados.

Eso define el precio del producto final, cuando se vende a la empresa de servicios varios cuesta 15 CUP la escoba y 20 CUP el escobillón. Y el precio de venta final al público es entre 30 y 30 CUP. Con un incremento de casi el 50% del valor de producción.

Así funciona una pequeña fábrica local.

En la máquina de traviesas o bases de escoba, las virutas de polietileno de baja densidad son empujadas por un pistón hacia un cilindro rodeado por una resistencia. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

En la máquina de traviesas o bases de escoba, las virutas de polietileno de baja densidad son empujadas por un pistón hacia un cilindro rodeado por una resistencia. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Un operario chequea que la temperatura se mantenga en 150 ℃ y que el molde se llene adecuadamente. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Un operario chequea que la temperatura se mantenga en 150 ℃ y que el molde se llene adecuadamente. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Mediante palancas hidráulicas se separan los moldes. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Mediante palancas hidráulicas se separan los moldes. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Una traviesa o base de escoba puede ser lijada para darle un mejor acabado. Los productores tratan de darle el mayor sello de distinción posible a través de distintos colores, marcas y texturas. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Una traviesa o base de escoba puede ser lijada para darle un mejor acabado. Los productores tratan de darle el mayor sello de distinción posible a través de distintos colores, marcas y texturas. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Termómetros digitales indican la temperatura actual y la programada. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Termómetros digitales indican la temperatura actual y la programada. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Simultáneamente, otro operario vierte las pequeñas y redondeadas virutas de polipropileno en el embudo de la máquina de pelos. Un pistón las conduce al tubo rodeado por una resistencia, que derrite el material a 300 ℃ y sale fundido a un tanque de agua fresca. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Simultáneamente, otro operario vierte las pequeñas y redondeadas virutas de polipropileno en el embudo de la máquina de pelos. Un pistón las conduce al tubo rodeado por una resistencia, que derrite el material a 300 ℃ y sale fundido a un tanque de agua fresca. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

El material fundido pasa por una boquilla con pequeños orificios. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

El material fundido pasa por una boquilla con pequeños orificios. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Al inicio, el operario debe estirar con las manos los hilos de plástico que siempre salen más gruesos, los pasa a través de un enganche en el fondo del tanque y los sube a una sección de hilado. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Al inicio, el operario debe estirar con las manos los hilos de plástico que siempre salen más gruesos, los pasa a través de un enganche en el fondo del tanque y los sube a una sección de hilado. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Los hilos son fijados a un tambor que gira y se encarga, en lo adelante, de enrollarlos y mantener la tensión necesaria. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Los hilos son fijados a un tambor que gira y se encarga, en lo adelante, de enrollarlos y mantener la tensión necesaria. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Un aro de metal de al menos un milímetro de grosor ata un grupo de pelos. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Un aro de metal de al menos un milímetro de grosor ata un grupo de pelos. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Los pelos se pueden insertar manualmente empujados por un punzón. En este caso, una máquina impulsada por un pedal agiliza el proceso. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Los pelos se pueden insertar manualmente empujados por un punzón. En este caso, una máquina impulsada por un pedal agiliza el proceso. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

Un operario empareja los pelos de la escoba casi terminada con una guillotina y recoge el material sobrante para ser reciclado. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

Un operario empareja los pelos de la escoba casi terminada con una guillotina y recoge el material sobrante para ser reciclado. Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

 

La escoba está lista para su uso luego de comprobar la fijación de sus partes.Foto. Sadiel Mederos Bermúdez

La escoba está lista para su uso luego de comprobar la fijación de sus partes.Foto. Sadiel Mederos Bermúdez