El acceso a las áreas deportivas, los entrenamientos con un profesor, algunos implementos; todo eso es gratuito porque en Cuba la formación de atletas en el béisbol y en todos los deportes es subvencionada por el Estado. Sin embargo, las categorías infantiles son sostenidas por los aportes económicos de los padres y las madres de los pequeños peloteros.

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“¿Qué cuánto invierto cada año para que mi hijo juegue pelota? No sabría decir, pero es mucho”, enfatiza Mercedes Delgado, madre de uno de los integrantes del equipo (categoría 9-10) de Quivicán, en la provincia Mayabeque.

Para ejemplificar los gastos, explica que ella, junto al resto de los padres, viaja a La Habana cada vez que sus hijos son invitados a topes amistosos durante la serie provincial; y casi todo lo necesario para el traslado proviene de su bolsillo.

“Esos juegos son importantes para nuestros hijos, pues se adaptan al enfrentamiento con otros equipos, a desplazarse de una provincia a otra. Al final, eso es lo que harán el resto de sus vidas si es que llegan a ser profesionales”, dice con el tono de quien no entiende de obstáculos cuando se trata de hacer realidad las aspiraciones de su pequeño.

Yunier Fernández Piedra, entrenador del equipo de Quivicán, confirma que los campeonatos se hacen, “casi en un 90 por ciento”, gracias a las gestiones que puedan realizar los padres. “Las autoridades del deporte solo ofrecen los terrenos y los entrenadores, pero el resto corre a cuenta de las familias”.

Y ese resto no es poco: uniformes, calzado, guantes, bates, pelotas, gorras, cascos… “El béisbol está catalogado como uno de los deportes que más despliegue de recursos necesita”, reconoció el profesor y exatleta de 28 años de edad.

“En los municipios hay pocas cosas, somos conscientes de eso. Pero si queremos que nuestros hijos jueguen, tenemos que buscarlo todo. Nosotros nos encargamos hasta del mantenimiento del terreno, estamos al tanto de cada detalle”, subraya Mercedes.

No obstante, experiencias similares se viven también en la capital. “La mayoría de los implementos que los niños requieren los tenemos que comprar a precios que no bajan de 40 CUC y, lógicamente, no es nada fácil”, sostiene Eva Sánchez, madre de uno de los miembros del equipo de la categoría 10-11 años.

Con ella coinciden Regla, Yadira y otras madres que, “con mucho sacrificio”, intentan que los sueños de sus hijos no queden solo en eso.

“Hay muchos pequeños talentosos que no han podido continuar en la pelota, ni siquiera ingresar, porque las familias no han tenido los recursos económicos. A veces no se puede dar más”, enfatiza una de ellas, sentada en las gradas de la Ciudad Deportiva, mientras espera que concluya el entrenamiento.

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Foto: Leydis Hernández Mitjans.

En espera de mayor apoyo estatal

El comisionado nacional de béisbol, Yosvani Aragón, explicó que “se está trabajando en la adquisición de implementos, pelotas y bates (…); hacia allí estamos tratando de dirigir el presupuesto”. El funcionario ha pedido “confianza”.

“Hoy tenemos una mejor salud, se ha logrado entregar uniformes en las provincias, están mejorando los terrenos deportivos, hay una recuperación en todo el país en esto. Y a diferencia de lo que muchos piensan, el béisbol cubano goza de buena salud en la base. Hay   gran afluencia de niños a las áreas deportivas, no faltan las matrículas, lo que faltan son recursos”, agregó.

Por su parte, Andrés Alberdi, director de la empresa deportiva Batos —encargada de producir y comercializar artículos, implementos deportivos, confecciones textiles e insumos para el sistema deportivo de Cuba— sostuvo a finales del pasado año: “las confecciones textiles, dígase uniformes para el béisbol y otros deportes, pulóveres y shorts; la fabricación de bates, guantes, pelotas de todo tipo, sintéticas y de cuero, son la prioridad”. Aun así, destacó, “sabemos que lo conseguido no satisface la demanda existente”.

En medio de esta situación, hace alrededor de un mes la Federación Cubana de Béisbol (FCB) y la Liga Pequeña de Béisbol Internacional (LLBI por sus siglas en inglés) suscribieron un Memorando de Entendimiento que permite la participación de Cuba en los eventos del Caribe y en la Serie Mundial de ese circuito.

“Se trata de un importante paso que reconoce la calidad de la pelota cubana y su sistema de formación desde las categorías infantiles y escolares, pero sobre todo de una nueva oportunidad para nuestros niños y sus familias”, de acuerdo con el comunicado de la FCB.

Mientras esas predicciones se materializan, las familias continúan comprando los guantes —solo para citar un caso— en precios que sobrepasan los 25 CUC, equivalentes a 625 CUP, en tiendas como el mercado de 5ta y 42, en Playa, La Habana.

Las ¿oportunidades? en el sector privado

Raúl Vázquez es diseñador textil. Junto a su esposa Greisy Escobar confecciona los trajes de los equipos de La Habana en las categorías infantiles y juveniles y, en varias ocasiones, ha fabricado para las provincias de Matanzas, Cienfuegos, Pinar del Río, Artemisa y hasta para el municipio especial Isla de la Juventud.

Él sostiene que a veces las demandas superan lo que es capaz de hacer porque su equipo de trabajo “es de los pocos del mercado no estatal que elaboran trajes deportivos”.

“Mi primer trabajo fue en una fábrica de uniformes; después empecé en la industria deportiva y ahí aprendí los tópicos básicos de este negocio. Uno de mis mayores orgullos profesionales lo constituye el diseño del traje del equipo Cuba que se usó en la primera presentación en el Clásico Mundial de Béisbol, aunque me tuve que enterar que mi propuesta fue la escogida cuando Randy Alonso lo anunció en la Mesa Redonda. Ya desde ese momento pude entender que algo estaba mal. Después lo comprobé cuando cerraron la fábrica en la que yo trabajaba porque Cuba no podía pagar la deuda que tenía con la empresa española a la que estaban asociados”.

Cada fin de semana los peloteritos exhiben los trajes Chueco —marca que identifica a los uniformes diseñados por Raúl y su esposa— y aunque el trabajo para adultos les genera mayor economía, la ilusión de trabajar para niños, dice, “es más reconfortante”.

Aunque este taller textil es una alternativa dentro del mercado de ropa deportiva para los peloteros en formación —con respecto a la deprimida industria nacional—, no aligera la carga monetaria para las familias. En el negocio de Raúl Vázquez los uniformes completos (personalizados) se comercializan a 40 CUC, monto que sobrepasa el salario de un mes de trabajo de muchos cubanos.

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Foto: Leydis Hernández Mitjans.

Los precios de las gratuidades

Un uniforme de niño: 40 CUC / 1.000 CUP

Un bate: 40 CUC / 1.000 CUP

Un guante: 30 CUC / 750 CUP

Spikes: 35 CUC / 875 CUP

La suma de cada componente de esta lista incompleta es de 145 CUC, o sea, 3625 CUP, casi cinco veces el salario medio de Cuba.

“Vale la pena el sacrificio,” dice Danger Guerrero, receptor retirado con más de 15 series nacionales y dos veces integrante del equipo nacional. “Yo tengo a mi hijo jugando y no hay nada que me llene más de orgullo que verlo crecer como pelotero. Me encantaría que participara en el torneo nacional, que representara a Cuba en competiciones internacionales, pero si llega una contratación en ligas extranjeras antes de que eso ocurra, habrá que firmar”.

“Firmar. Ese es el nuevo faro después que, a finales del año 2018, Cuba y la Major League Baseball (MLB) oficializaron un acuerdo que permite a los atletas del archipiélago jugar en “la gran carpa” sin renunciar a la residencia en la Isla, lo cual es un incentivo muy grande, sobre todo para los jugadores noveles. En el caso de las categorías inferiores, es un estímulo para los padres pues una buena preparación desde pequeños garantiza mejores opciones de rendimiento en el futuro y, por tanto, un incremento en las posibilidades de contratación, no solo en la MLB, sino en otras ligas profesionales”, explica el periodista deportivo José Antonio Palma.

“Ojalá” es la expresión común de muchas madres y padres, quienes ven en los contratos en el extranjero no solo la posibilidad de una mejora económica, sino también la oportunidad de que sus hijos alcancen “el mejor nivel como peloteros”.

 

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