El ministro cubano de Salud Pública José A. Portal Miranda recibió 36 tuits de la cuenta de Adriana Fleites el 28 de enero. Estaba desesperada. A su padre, con cáncer de riñón, le habían suspendido la cirugía programada para extirpar el órgano.

“¿Cómo suspenden las operaciones y cierran los bancos de sangre? —le escribió en Twitter. Entiendo la emergencia, pero no es la solución”, refiriéndose al tornado que azotó La Habana la noche anterior. “Atendemos a las víctimas y ¿qué pasa con los demás?”.

Nunca antes Adriana había mencionado directamente a un funcionario cubano en Twitter. Nunca antes le había visto esa utilidad a su cuenta en la red social. Junto al ministro de Salud etiquetó también otras 30 cuentas, entre miembros del Comité Central del PCC, el Consejo de Ministros, medios de prensa estatales, instituciones, ministerios.

“Esa fue la última opción ante la impotencia de estar esperando desde noviembre por una fecha para la cirugía. Recordé que los funcionarios crearían cuentas para estar más cerca de los ciudadanos y lo utilicé”.

Adriana solo tiene 114 seguidores pero su cuenta tiene actividad constante: tuitea sobre su día, responde a las personas, menciona a usuarios, comparte lo que le llama la atención. Es fácil descubrir en su perfil que no es un trol (persona que publica mensajes irrelevantes y provocadores para molestar a los usuarios y lectores).

Aquel lunes 28 de enero escribió casi 40 tuits directos al ministro de Salud. Unas horas más tarde el ministro la bloqueó.

“¿No era para esto el Twitter?”, se pregunta.

INSERTAR UN TWEET

Mucho antes de asumir la presidencia de Cuba, Miguel Díaz-Canel había insistido en la importancia de adentrarse en las nuevas tecnologías. En varias de sus intervenciones ha destacado el desarrollo del gobierno electrónico con el interés de potenciar los vínculos con la población y encaminar la informatización de la sociedad.

Una de sus primeras indicaciones, en ese sentido, fue la apertura de cuentas en Twitter por parte de todos los miembros del Consejo de Ministros. Aunque algunos ya tenían experiencia tuiteando, para la mayoría fue novedoso el encuentro con esta red social.

“Necesitamos usuarios auténticos que revolucionen el microblogging con tuits críticos sobre su rutina diaria, para conocer cómo piensan, que compartan datos, planes, capitalicen inquietudes y respondan reclamos para fortalecer su reputación digital”, exhortaría un texto en el portal Cubadebate.

Twitter es quizás la mayor plataforma de comunicación política. Alrededor del mundo varios presidentes, partidos, gobiernos, organizaciones internacionales y medios de comunicación la utilizan como fuente de noticias y canal de difusión de contenido. A sus más de 336 millones de usuarios (reporte de julio 2018) les permite un intercambio y debate directo con quienes generan esa información.

Sin embargo, aún es subvalorada por muchos cubanos, quienes piensan mayormente en Facebook cuando escuchan hablar de alguna red social.

Aun así, aquellos usuarios del país adentrados en este mundo de los tuits, ya explotan las bondades de responderle directamente a los políticos y cuadros que tienen cuentas aquí y no en otras redes.

“Sigo prácticamente a todos los dirigentes y funcionarios públicos que he encontrado en Twitter, y les hago preguntas y comentarios, en dependencia del tema sobre el cual tuiteen”, explica Camilo Condis, un cuentapropista cuya cuenta en Twitter tiene 10 años, pero la cual comenzó a usar activamente en 2016.

Condis está entre los más activos en ese intercambio. “Me han respondido varios —agrega. Algunos más que otros, como el viceministro de Cultura Fernando Rojas, dispuesto siempre a establecer un diálogo. También he recibido respuestas del funcionario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba Omar Pérez Salomón y de las ministras del MINCIN (Ministerio del Comercio Interior) Betsy Díaz y del MINAL (Ministerio de la Alimentación) Iris Quiñones”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al igual que Camilo, el licenciado en Ciencias de la Computación Eduardo Sánchez entiende que Twitter es ideal para la participación política de la ciudadanía a través de Internet.

“Muy pocos funcionarios del gobierno responden favorablemente a interacciones que no vengan acompañadas de #SomosContinuidad. El presidente nacional de la FEU, Raúl Palmero, me acusó de mercenario por defender el derecho de los cubanos que viven fuera del país a participar en la vida política de la nación”, ejemplifica.

“El embajador Juan A. Fernández llamó fantoche y burro a otro internauta en una conversación conmigo”, recuerda.

La actitud de muchos usuarios y troles que usan la red social para ofender y dejar clara su posición política opuesta al gobierno cubano complejiza el escenario y provoca que todos sean metidos en el mismo saco en reiteradas ocasiones.

“Creo que sentirse interpelados de manera agresiva por algunos internautas no ha sentado nada bien a algunos funcionarios (incluido Díaz-Canel)” —argumenta Eduardo. Esto ha provocado que se hayan “atrincherado” comunicativamente para evitar dar pasos en falso, lo que ha llevado en la práctica a que los usuarios que hacemos preguntas sin eslóganes seamos tildados incorrectamente de “troles” por miembros del Gobierno”.

Otros ni siquiera han recibido respuesta oficial alguna vez, como Carlos Albertos Guillén. “Nadie me contesta, le escribo a todo el que puedo, pero nadie me contesta”, dice frustrado refiriéndose a la actitud de los funcionarios públicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por una cuestión elemental de tiempo es imposible que los funcionarios públicos respondan todos los comentarios pero, ¿qué sucede cuando bloquean a algún usuario y lo privan de información pública?

TWEET NO DISPONIBLE

Con la etiqueta #InventariarBloqueo varios usuarios de Twitter dejaron constancia gráfica e informaron cuáles funcionarios cubanos les han bloqueado sus cuentas.

Según describe en Twitter Proyecto Inventario, la iniciativa pretende recopilar información para analizar tendencias: si es una práctica común de funcionarios específicos o si son eventos aislados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No obstante, la recogida de datos fue calificada en un artículo como un nuevo ataque de la contrarrevolución, y “cuya verdadera finalidad es presionar a funcionarios e instituciones cubanas para no bloquear a provocadores y troles cuyos ataques se hacen recurrentes”.

Si bien es cierto que muchos de quienes denunciaron el bloqueo a través de esa etiqueta son cubanos abiertamente opuestos al gobierno cubano, otros como Camilo, Eduardo o Adriana fueron bloqueados a pesar de hacer sus reclamos con respeto.

“Hay varios usuarios que he descubierto de casualidad que me han bloqueado, y digo de casualidad porque son usuarios a los que ni sigo, con los que ni he interactuado”, cuenta Camilo. “Otros, como Abel Prieto, exministro de Cultura, y el Juez Rubén Remigio Ferro, Presidente del Tribunal Supremo (TSP), me han bloqueado a la primera interacción (pregunta o comentario)”.

“El diálogo respetuoso y el debate de ideas de modo cívico es siempre bienvenido y no debería concitar bloqueo alguno para quien, de modo legítimo, expresa una opinión”, afirmó en su cuenta el embajador cubano Juan A. Fernández. “Los insultos, groserías y amenazas frecuentes en estas redes por troles, enmascarados y violentos no dejan otra opción”, concluyó.

“No ha sido mi caso”, riposta Camilo. “Por lo que entiendo, esto es para usuarios con perfiles reales, no troles. Siempre que sea un funcionario público puede dar “Mute” en lugar de bloquear y, sin negar acceso a la información que publica, podrá evitarse esas ofensas si fuera el caso”, dice.

Sin embargo, la experiencia de Eduardo con el embajador cubano ha sido otra. “Después de su retahíla de insultos, me bloqueó, y luego siguió respondiéndome”, narra.

Sobre las contradicciones entre lo que dicen los funcionarios o diplomáticos en sus publicaciones y cómo actúan luego, Eduardo cuenta: “El Presidente del TSP publicó un tuit invitando a la ciudadanía a consultar a los funcionarios de la rama judicial sobre cualquier duda respecto a la nueva Constitución. Yo le pedí que me clarificara el artículo de la Constitución vigente que hace referencia a las mayorías necesarias para que sea aprobado un Proyecto de Constitución, y me bloqueó”.

POLEMIZAR, RESPONDER Y ¿BLOQUEAR?

Teniendo en cuenta los cargos que ocupan y la razón de ser de sus funciones, los funcionarios públicos no deberían limitar a los usuarios el acceso a la información que publican, dar “me gusta” o seguirlos.

En una cuenta personal cada cual tiene derecho a bloquear a quien desee, pero, ¿qué tan personales son las cuentas de funcionarios públicos? ¿Cómo determinar si una cuenta es personal o institucional?

El análisis debe comenzar por su presentación y los contenidos que comparte: ¿son solo fotografías personales, familiares?, ¿muestra información sobre su responsabilidad pública?, ¿aporta datos sobre su gestión gubernamental?

En el caso de los miembros del Consejo de Ministros de Cuba, casi todos abrieron su cuenta en Twitter como cumplimiento a una indicación del presidente Díaz-Canel y como otra vía de intercambio con el pueblo.

Un tribunal en Estados Unidos sentenció recientemente que los servidores públicos que bloquean a usuarios en las redes sociales, violan la libertad de expresión. El caso, llevado a juicio, fue contra una empleada gubernamental que bloqueó a una usuaria de Facebook por 12 horas.

El tribunal del Estado de Virginia concluyó que la empleada pública compartía en su perfil las actividades relacionadas con su labor y había establecido que “escucharía cualquier solicitud, crítica o cumplido de los ciudadanos”, por tanto, había violado la libertad de expresión de una usuaria al bloquearla temporalmente.

Incluso en 2018, una orden de la jueza federal de Nueva York Naomi Reice Buchwald obligó al presidente Donald Trump a desbloquear a 41 usuarios en su cuenta de Twitter. La jueza determinó que su actitud es una violación a la libertad de expresión y que no puede bloquear a los usuarios solo porque políticamente no simpaticen.

En sus reglas, Twitter establece que se reserva el derecho de bloquear el acceso o de eliminar cualquier comunicación o material que considere abusivo, difamatorio, obsceno, falso o engañoso. Los usuarios pueden hacer lo mismo con los contenidos que consideren inapropiados: ofensivos, discriminatorios, amenazantes, violentos.

Funcionarios cubanos en Twitter: nuevos soportes, viejos vicios

Sin embargo, en Cuba no existe un marco legal o resolución en relación a tal comportamiento. La principal legislación sobre el entorno digital data de 2007 y no hace referencia a estos aspectos.

“Que un representante cubano en su cuenta personal en Twitter te bloquee es incorrecto, inmoral y éticamente reprobable, pero no ilegal”, respondería a Camilo Condis el profesor de Inteligencia Artificial y Sistemas Computacionales Yudivián Almeida.

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El especialista en comunicación política Amauri Chamorro dice: “es más importante una esquina conquistada que un tuit”. Las plataformas digitales deben combinarse con el contacto directo con la gente y sistemas eficaces de rendición de cuentas y atención a la ciudadanía.

En ese sentido, Twitter puede ser una herramienta útil y efectiva, siempre y cuando se haga un uso inteligente de esta red social.

“La principal dificultad que he visto en muchos casos es que usan Twitter como se usa el mural de un centro de trabajo, donde se publica y ya”, comenta Camilo Condis. “No están preparados para recibir comentarios y preguntas. Incluso, muchos de aquellos que responden lo hacen a la defensiva, como si el pueblo cubano fuera su enemigo y no se debieran a nosotros”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eduardo secunda esta afirmación:

“El desembarco en Twitter de la dirección del país ha expuesto un agujero comunicativo que urge ser salvado. (…) Aun así, ver a un jefe de gobierno o a un ministro respondiendo en Twitter a un ciudadano es algo poco común (incluso a nivel global). Pero movernos de un modelo unidireccional de difusión de información a uno multidireccional va a cambiar el modo de ejercer el poder en Cuba, irreversiblemente”.

Adriana Fleites sabe que siempre que se quiera y se esté dispuesto, Twitter puede ser un puente efectivo entre el gobierno y la gente. Mientras el ministro de Salud la bloqueaba por sus insistentes tuits, la asesora del ministro, Dalilis Druyet —también interpelada por los tuits de Adriana— le pedía todos los datos de la cirugía suspendida de su padre.

“Se mostró solícita, muy atenta y por suerte todo se resolvió y mi papá se recupera de la operación”, cuenta Adriana con alivio a través de mensajes privados, también en Twitter.

“La asesora me dijo que lo del bloqueo [del ministro] debía haber sido un error, que ellos no son muy duchos usando eso. Si es así o no, no lo sé, solo sé que continúo bloqueada”.