La apertura casi masiva de gimnasios privados en Cuba inició —como muchos negocios en el sector— en 2010 con el llamado “Proceso de perfeccionamiento del trabajo por cuenta propia”. Aunque parecía una moda efímera, “algo pasajero” según vaticinaban unos, casi una década después las iniciativas espontáneas y la censura de algunas de estas dan fe del impacto que han tenido en la sociedad.

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Alejandro tenía 16 años en 2010. En ese entonces, junto a sus amigos del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas “Vladimir Ilich Lenin”, “improvisaba un gimnasio en uno de los albergues desocupados de la escuela”. Allí comenzó una práctica “para fortalecer los músculos” que continúa hasta hoy.

El muchacho delgado que fue una vez, se transformó poco a poco pero de manera radical en alguien cuya figura despierta curiosidad y admiración, y no solo por su estatura de 1.88 metros. Pecho bien definido, brazos fuertes y espalda ancha son algunas de las cualidades físicas que exhibe.

Discreto en sus maneras y en su hablar, dice que “la realización de ejercicios no solo impacta de manera positiva en la apariencia externa, sino también en la salud física y mental”.

“Hace tiempo que asisto al mismo lugar, en 112 y 43 (municipio Marianao). He intentado probar otras opciones que me han recomendado, pero siempre regreso porque ya estoy acostumbrado a los aparatos de aquí. Además, económicamente es bastante aceptable, pues cobran cinco pesos (CUP) por cada día que uno asista”, comenta sobre el gimnasio privado que frecuenta.

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La comunidad importa

“Hay muchas formas de cuidar el cuerpo y el ejercicio es una de ellas”, explica Óscar Díaz, uno de los entrenadores del Gimnasio “La spinaca d’ Popeye”, ubicado en la céntrica barriada de Nuevo Vedado en La Habana.

“En estos momentos somos cuatro entrenadores distribuidos por horarios, todos graduados de Cultura Física. Siempre buscamos profesionales, porque hay muchas personas que conocen de ejercicios, pero no todos dominan la metodología; entonces aparecen las atrofias musculares u otras situaciones”, destaca Óscar mientras observa a los practicantes.

En “La spinaca d’ Popeye” la mayoría de los equipos son “criollos” porque importarlos es muy costoso, al igual que adquirirlos en los pocos establecimientos estatales que comercializan implementos de este tipo. No obstante, el instructor acota: “los aparatos hechos corresponden a medidas específicas para evitar lesiones”.

Y, de acuerdo con los trabajadores del lugar, el cuidado, el respeto hacia el individuo y la profesionalidad de los servicios que ofertan han sido las claves de éxito. “Hemos trabajado con personas recomendadas por los fisioterapeutas del área de salud a la que pertenecemos y también recibimos a adultos de la tercera edad, porque nos sentimos comprometidos con mejorar la calidad de vida y la salud de cada cliente”.

Amed practica ejercicios desde los 13 años, aunque con la madurez ha llegado a realizarlos de manera más sistemática. “En este gimnasio (“La spinaca d’ Popeye”) llevo aproximadamente seis meses. Vengo todos los días y a veces hasta los sábados porque me siento motivado, noto en mi cuerpo el progreso y disfruto mucho el ambiente que se respira”.

Con él coincide Maybelis Quesada, quien alterna sus horas como instructora con su tiempo de practicante. “El ambiente de estos lugares te invita a querer ejercitarte, una misma se impone límites, se prepara y al final sientes el beneficio”.

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Foto: Leydis Hernández Mitjans

Sin embargo, los altos costos de algunos negocios representan uno de los principales frenos para que más personas asistan con la regularidad necesaria. Las investigaciones realizadas por elToque evidenciaron que algunos gimnasios en La Habana llegan a cobrar 30 CUC mensuales (incluso más), equivalentes a 750 CUP, cifra que en muchos casos sobrepasa el monto de un mes de salario.

El ejercicio individual, al aire libre o en casa, es una alternativa para quienes no pueden sostener los precios de un gimnasio o prefieren desarrollar su propia rutina.

“Desde muy joven practico ejercicios, pero la mayoría de las veces los hago sin entrenador ni compañía”, sostiene la estudiante universitaria Karen Lay, quien sin dejar de reconocer las ventajas que ofrece un gimnasio afirma sentirse a gusto con la manera en que ejercita.

Los espacios estatales abiertos al público como la Ciudad Deportiva o los estadios universitarios son también muy empleados, al igual que los llamados gimnasios biosaludables, que según se anunció en diciembre pasado, serán producidos por la industria cubana de conjunto con el INDER.

Ofertas diferentes en los gimnasios del sector privado

María Cleofas Gómez, responsable del gimnasio “Pura Vida”, destaca entre sus motivaciones “la salud y el bienestar”, aunque desde una perspectiva más suigéneris, si se tiene en cuenta la cultura y la idiosincrasia cubana.

“Partiendo del concepto ‘mente y cuerpo sanos’, hemos creado (…) un centro de acondicionamiento ideado especialmente para brindar equilibrio físico, mental y bienestar a nuestros clientes. En “Pura Vida” usted encontrará, al mismo tiempo, un espacio para socializar, intercambiar experiencias; en el cual podrá relajarse luego de sus prácticas, en una atmósfera apacible y agradable”. Así es descrito el sitio en su página de la red social Facebook.

“Alrededor de 50 personas llegan a diario y desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche se ofrecen clases en las que se trabaja full body, milla, gimnasia, yoga; siempre respetando la anatomía de cada uno, sin hacer grandes pesos que dañen la salud”, especifica la propietaria de “Pura Vida”.

La emprendedora reconoce que es poca la relación que ha logrado con otros gimnasios. “Hemos impartido clases de zumba, pero de ahí no pasamos. Es que somos diferentes, pocos nos entienden. El espíritu de los demás lugares transita por las competencias de fuerza, de músculos, y eso no es lo que buscamos aquí.

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Foto: Tomada de la página en Facebook del gimnasio Pura Vida

María asegura que ha sido un proceso de aprendizaje no solo para los clientes, sino para los propios instructores, quienes llegaban con una mentalidad diferente y han tenido que moldear sus conocimientos para que se adecuen a los objetivos del centro. “No estamos aún a un 100 por ciento, pero hemos dado un gran paso de avance”, dice con rostro de quien se siente satisfecha.

No obstante, el concepto que defiende este lugar no es atractivo para todos y algunos clientes que se acercaron con determinadas expectativas han preferido marcharse hacia otros espacios, con un enfoque quizás más “práctico”.

El fisiculturismo: la manzana de la discordia

“Mandy’s Gym” es, según quienes lo visitan, uno de los “mejores” gimnasios de La Habana. Su dueño Armando Yera Godoy fue Campeón Nacional de Fisicoculturismo y presidente de esa Asociación que, pese a contar con tres décadas de existencia, no ha sido reconocida de manera oficial por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER).

En Cuba, el fisicoculturismo no está explícitamente prohibido; sin embargo, el no reconocimiento formal de la práctica y de los practicantes, ha supuesto un obstáculo para las iniciativas ciudadanas que se han desarrollado en torno a esta modalidad. De hecho, la suspensión de eventos de este tipo ya ha sido noticia.

Al parecer, el dopaje es una de las “preocupaciones” de las autoridades deportivas, cuya visión estigmatiza una práctica universal que en Cuba cada día suma más adeptos.

El 23 de enero de 2018 fue celebrado el primer Foro Debate Digital organizado por el INDER. El tema: Los gimnasios en Cuba.

Al referirse a los resultados y las dificultades, Dania García Fernández, funcionaria de esa institución estatal y una de las panelistas, dijo: “Lo positivo es la amplia incorporación de personas a estos gimnasios (…). La parte negativa, las dificultades que encontramos, es que en los gimnasios no estatales no todo el personal que labora está debidamente certificado. Para no generalizar, en algunos centros hay hacinamiento de aparatos, lo que puede ocasionar accidentes; también se aprecian condiciones higiénico-sanitarias deficientes por la falta de baños, taquillas, agua (…).

Asimismo, García Fernández destacó que en los gimnasios estatales es obligatoria la presentación, por parte del practicante, de un certificado médico que avale su estado de salud como punto de partida o continuidad del trabajo, además de que permite a los profesores conocer las patologías que padecen sus alumnos.

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Foto: Leydis Hernández Mitjans

Aunque la especialista hizo la salvedad con respecto a los “gimnasios estatales”, también muchos de los privados exigen el documento oficial que avale el estado de salud de quienes pretenden iniciar, algo que, al decir de los propios ejercitantes, les brinda “más confianza”.

En dicho foro se aclaró que “el INDER emite un grupo de indicaciones cada año a sus profesores y combinados deportivos. Y a su vez mantiene diálogos con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social para aprobar definitivamente las regulaciones dirigidas a los gimnasios no estatales. El MINSAP también juega un papel esencial en lo referido a los exámenes previos de instructores y practicantes, y a la verificación de las condiciones higiénico-ambientales de los locales”.

Sin embargo, los gimnasios estatales hoy no son la opción más atractiva para los usuarios, pese a los bajos precios de sus servicios. En algunos casos los locales exhiben condiciones desfavorables en lo referente a espacio y cantidad de equipos, de acuerdo con las experiencias de quienes asistían a esas instalaciones cuando no había otra opción.

Por otra parte, los biosaludables, de gran aceptación popular, están lejos aún de satisfacer las demandas en cuanto a cantidad y, en muchos casos, se han deteriorado con el paso del tiempo.

“Las personas siempre tratamos de buscar lo mejor y, en estos momentos, lo que más se acerca a esa categoría está en el sector privado, que ha sabido ofrecer alternativa para todos los intereses. Además, ya estos espacios se han transformado en verdaderos escenarios de intercambio y socialización”. Al menos así lo cree y lo siente Alejandro, que comenzó a hacer ejercicios cuando parecía una moda.

 

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