Jorgito Kamankola fue el primer músico en financiar un disco mediante crowdfunding. Antes que lo prohiban es el primer CD financiado completamente a través de esta vía. Recaudaron 3 000 euros en los 40 días planificados, a través de la plataforma española Verkami, que facilita los pagos por tener sede en España.

Jorgito cuenta que fue Roberto Ramos Mori quien primero le habló de esta forma de financiamiento. “Pedimos 3 000 euros y lo logramos”, dice. “El dinero iba a una cuenta extranjera y luego las recompensas a los mecenas”.

Entre los regalos para quienes habían colaborado se encontraba un disco con el nombre en los agradecimientos, un video dedicado y así sucesivamente “para que la gente se interesara en donar lo que pudiera y tener un pago en agradecimiento por ello”, cuenta.

Jorgito asegura que le salió más barato que si lo hubiera hecho en Cuba, pero que el acceso a Internet fue lo más complicado.

Viento, tercer álbum independiente de Kamankola tiene cosas que decir y cantar, anda con 12 temas nuevos en su memoria flash y un público ansioso por escucharlos”. Así se presentaba la campaña que terminó el 10 de marzo de 2018 con poco más de 2500 euros de los 5000 que necesitaban. Kamankola intentó repetir la fórmula para su tercer fonograma, pero no tuvo la misma suerte.

Imagen: Tomada de ZafraMedia

Imagen: Tomada de ZafraMedia

Hagamos una ponina

El crowdfunding o micromecenazgo es una cooperación colectiva para reunir dinero u otros recursos. En Cuba bien podríamos llamarlo una “ponina”, como se le conoce popularmente a la costumbre de juntar dinero entre varias personas para lograr un objetivo.

El éxito de esta alternativa a través de donaciones por Internet ha sido la vía que han encontrado varios proyectos independientes cubanos para concretarse, o al menos conseguir parte del financiamiento necesario.

Sin embargo, va más allá de pedir apoyo monetario. Además de la descripción del presupuesto, los proyectos con mejor suerte son aquellos que describen qué recibirá cada donante a cambio de su participación.

Yoany Santana, productor de varios artistas cubanos, explica que Indiegogo or Go Fund Me son buenas plataformas para hacer crowdfunding. Con estas recaudaciones se marca un límite, proponiendo souvenires como recompensa en dependencia de las donaciones.

Yoany ejemplifica que se puede entregar una foto autografiada por los artistas si se donan 5 dólares, una foto autografiada y un disco si se donan 10, una foto autografiada y un disco con dedicatoria por 20 dólares, y así sucesivamente.

“Si no llegas a recaudar el límite monetario, no te entregan nada. Ese es el riesgo”, dice. Esto significa que en esas plataformas solo se recibe lo recaudado en caso de que se llegue a la meta planteada.

Un proyecto será más exitoso en la medida que tenga más clara la descripción del presupuesto.

Marta María Ramírez, quien ha participado en varios crowdfunding, aseguró a IPS Cuba que es necesario elaborar un proyecto sólido y tener herramientas para argumentar la necesidad de fondos.

“Para mostrar la idea se precisa de un prototipo, proyecto o tráiler, en dependencia del tipo de iniciativa que se aspira a financiar”, dijo. “Por ejemplo, de un disco se divulgan las pistas grabadas o fragmentos de ellas; y de una película se debe incluir un tráiler o algo similar”.

Otro asunto imprescindible para una campaña de esta naturaleza es garantizar una conexión frecuente y rápida a Internet.

El equipo de trabajo de Yimit Ramírez. Foto: cortesía del entrevistado.

El equipo de trabajo de Yimit Ramírez. Foto: cortesía del entrevistado.

En eso coincide Yimit Ramírez, realizador audiovisual cuyo crowdfunding para el filme Quiero hacer una película ha sido de los más exitosos en Cuba, al alcanzar la meta de 8000 euros gracias a este tipo de financiamiento online.

“El limitado acceso a Internet fue una de las desventajas del crowdfunding que hicimos”, cuenta. “A ello súmale que hay que hacer un exhaustivo proceso de investigación, plan de campaña y claro, pedirle dinero a la gente, aunque al final el 80% de quienes donan son tus amigos o conocidos de ellos”.

Cuando un joven realizador quiere hacer una película

 

No es pedir dinero y ya

En 2012 un perfil en Facebook llamado Ciudad Nuclear anunciaba la apertura de un crowdfunding que pretendía convertirse en uno de los primeros documentales hipermedia hechos en Cuba a través de ese tipo de financiamiento. Sin embargo, por las publicaciones en ese perfil —poco tiempo después dejado de actualizar— la iniciativa no funcionó.

La Yagruma fue una plataforma de financiación colectiva para artistas y creadores cubanos entre 2012 y 2013. De los 55 proyectos de video, fotografía, música, teatro, literatura, publicidad, web y software, con que contaba, solo 11 llegaron a feliz término.

Entre los proyectos incompletos sobresale Resistencia Térmica, lo que pudo ser un audiovisual sobre “los conflictos emocionales de un café literario sin ventanas y con el aire acondicionado roto”.

Yos Martínez, autor del proyecto, contó que su idea no recogió fondos suficientes, pero significó una prueba de confianza y experiencia financiera para él.

Sin embargo, la imposibilidad de completar el presupuesto no es el único posible obstáculo de los crowdfunding. En el caso de los cubanos, el bloqueo de Estados Unidos puede ser otro impedimento para organizar iniciativas de este tipo relacionadas con el país. No solo es necesario tener una cuenta bancaria en el extranjero sino que muchas veces constituye un riesgo solo mencionar el nombre de la Isla porque varias plataformas desaprueban proyectos o congelan los fondos cuyo destino final es Cuba.

En mayo de 2016, Daniesky Acosta, miembro de la dirección de Cubanos en UK, una asociación de cubanos residentes en el Reino Unido, denunció cómo la plataforma de autoservicio de venta de tickets Eventbrite, congeló 360 libras esterlinas que habían recaudado y destinarían a la compra de un piano para el Conservatorio Amadeo Roldán en La Habana.

“Nuestro banco ha notificado que el pago correspondiente a su evento ha sido bloqueado conforme a las regulaciones y programa de sanciones de la Oficina de Control de Accesos Fijos (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos”, decía la respuesta que recibieron.

“Estamos orgullosos de ser cubanos, pero también somos ciudadanos británicos”, ripostaba Daniesky. “Los términos y condiciones de Eventbrite no dicen específicamente que los cubanos, que viven fuera de Cuba y aquellos con nacionalidad diferente de la cubana, no puedan utilizar este servicio.

“Somos cubanos y no necesitamos licencia para ayudar a nuestro propio país, mucho menos para enviar ayuda desde el Reino Unido. Es extraordinariamente intrusivo de la OFAC regular cómo o dónde los británicos, cubanos o cualquier otro ciudadano puedan gastar su dinero”, concluyó.

“Malos ojos” sobre el crowdfunding

El dossier multimedia La Ruta del Dinero, del portal cubano de Cultura, asegura que los órganos de subversión estadounidenses introducen sus fondos “por medio de instituciones de cobertura en el exterior dentro de las redes sociales y sobre todo en plataformas de mecenazgo como el crowdfunding”.

De esa forma, cualquier campaña para el autofinanciamiento puede ser vista con suspicacia por el gobierno o las institucionales estatales cubanas.

En 2018 el periodista uruguayo radicado en Cuba Fernando Ravsberg anunció un crowdfunding para sostener su blog Cartas desde Cuba. En su texto explicaba su rechazo a otras formas de financiamiento “para no dar munición a quienes presionan al gobierno para que bloquee Cartas”.

Sin embargo, no pudo evitar críticas y acusaciones incluso, por contratar a una webmaster como forma de “explotación de mano de obra ilegal”.

Javier Gómez, colaborador del blog La Pupila Insomne, afirmó en uno de sus comentarios que la recaudación de fondos de Ravsberg no era “limpia” porque estaba encaminada a “mantener y ampliar una página web dedicada a tergiversar, manipular, mentir, engañar, rodar rumores…”.

Fernando Ravsberg entrevistando al bailarín cubano Carlos Acosta. Foto: Tomada de Progreso Semanal

Fernando Ravsberg entrevistando al bailarín cubano Carlos Acosta. Foto: Tomada de Progreso Semanal

Otra de las acusaciones más conocidas fue contra el equipo de reporteros de Periodismo de Barrio, cuando en 2016 y tras el paso del huracán Matthew, lanzaron un crowdfunding a través de PayPal, para financiar la cobertura del proceso de recuperación de las comunidades guantanameras afectadas por el ciclón.

En aquel momento, un artículo de Cubadebate cuestionó la discrecionalidad de la pasarela de pago PayPal —que bloquea o cancela transferencias vinculadas con bancos o empresas cubanas pero permite las donaciones a Periodismo de Barrio, un medio de prensa alternativo (no estatal).

“¿Por qué estas singularidades de PayPal? ¿Qué requisitos deben tener sus elegidos? ¿Cuál es el interés de la compañía californiana o de los que le piden estos favores? (…) ¿Bloqueo para muchos e interesados privilegios para unos pocos?”, escribió el periodista Randy Alonso.

Este artículo cuestionaba que en el Departamento del Tesoro se hicieran “los de la vista gorda” para financiar el “periodismo que les interesaba en Cuba”. El antecedente estaba marcado en “la única excepción de PayPal conocida para Cuba: la periodista Yoani Sánchez”.

En uno de los comentarios publicados en Cubadebate, el profesor universitario Yudivián Almeida afirmó que crearse una cuenta en PayPal y usarla desde Cuba “no significa en manera alguna, o al menos necesariamente, que exista una excepción”.

Almeida explicó que, por el bloqueo estadounidense, para usar ese servicio online muchos cubanos aprovechan algún viaje al extranjero o la ayuda de un amigo o familiar fuera del país.

No hace falta que “baje” por la canalita

El crowdfunding puede servir para muchas cosas: desde la realización de un proyecto artístico, cultural o deportivo, hasta pedir dinero para comprar medicamentos.

¿Quién no recuerda aquellos “mensajes cadena” para ayudar monetariamente a algún niño enfermo?

En 2017, Esther Barroso y Mario Muñoz lanzaron un crowdfunding para financiar el tipo de trasplante de médula que necesitaba su hija Daniela, diagnosticada con una aplasia medular adquirida. Necesitaban más de 308 mil dólares para pagar el tratamiento en una clínica extranjera.

Tras casi 28 mil dólares recaudados, decidieron detener la campaña pues la clínica central del National Institute of Health, de los Estados Unidos, incluyó a Daniela en un protocolo de investigación, cuyo tratamiento podría ser cubierto con los fondos recaudados.

Que hoy esa joven fotógrafa y realizadora audiovisual sea de las exponentes más destacadas de su generación, se debe, en buena parte, a la movilización que logró el crowdfunding.

Otras jóvenes artistas cubanas, unidas bajo el nombre de La Manada, vieron en el crowdfunding la posibilidad para completar el financiamiento del festival comunitario A Puerto Padre me voy contigo, organizado por estudiantes de la Universidad de las Artes.

“A medida que la gestión y producción del festival fue ocurriendo las instituciones que nos apoyaban nos hicieron saber que no podían facilitar ciertas necesidades imprescindibles del festival, como el transporte y el alojamiento”, cuentan. “Entonces nos llenamos de entusiasmo, para hacer un crowdfunding y garantizar alimentación, hospedaje y tener un mínimo de atención con los invitados y colaboradores”.

A través de la plataforma Verkami las muchachas se propusieron recoger 2000 euros y declarar y justificar cada gasto. “Si sobrara algo, será utilizado para la segunda producción del festival, el cual pensamos realizar anualmente”.

Para recompensar a los mecenas, las muchachas de La Manada dijeron que agradecerían públicamente en la documentación del festival, enviarían los elementos empleados en las obras, incluso personalizados, las muestras resultantes de los talleres, sobre todo de los relacionados con la plástica y las manualidades, al igual que todas las impresiones publicitarias del Festival, dígase carteles y pegatinas.

Entre las iniciaivas vinculadas al arte, el Instituto de Artivismo “Hannah Arendt” (INSTAR), impulsado por la artista cubana Tania Brugueras, puede contarse como fruto de otro crowdfunding exitoso.

En 2016, cuando en Cuba se vivía un auge del cuentapropismo, Brugueras dijo sobre la creación de este espacio independiente: “Por el momento, el espíritu del capitalismo es muy feroz y parece ser la propuesta central para solucionar todo. Yo creo que se necesita otra alternativa, y esa alternativa es la educación. Queremos señalar a través del arte socialmente consciente que el gobierno debe aumentar la transparencia, asumir la responsabilidad de sus deberes cívicos hacia sus ciudadanos y rendir cuentas”.

Artistas y personalidades alrededor del mundo apoyaron este proyecto. Entre todos cumplieron la meta de aportar 100.000 dólares en la plataforma Kickstarter. Para Tania, “gracias a la campaña de Kickstarter”, INSTAR fue fundado por más 900 personas. “Nos han brindado una forma de crear relaciones con personas alrededor del mundo que son nuevos al activismo en Cuba. Gracias a Internet podemos empezar un diálogo”.

Creadores e intelectuales extranjeros y cubanos como Marina Abramovic, Francis Alys, Pablo Helguera, Martha Wilson, Jeanne van Heeswijk, Thomas Hirschhorn, Isaac Julien, Shirin Neshat, Tomás Sánchez, Sandra Ceballos, Armando Chaguaceda, Rafael Rojas y Pedro Campos, entre otros, han respaldado al INSTAR.

Uno de los productos creados como parte de la campaña Yo tiré un cabo. Tomada de la página en Facebbok del proyecto.

Uno de los productos creados como parte de la campaña Yo tiré un cabo. Tomada de la página en Facebook del proyecto.

Un crowdfunding para ayudar a otros

Varias campañas de crowdfunding fueron lanzadas horas después del tornado del 28 de enero de 2019 en La Habana para ayudar a las familias damnificadas. Una de las plataformas que logró mayor visibilidad fue Yo tiré un cabo, una sui géneris iniciativa.

“Soy desarrollador web y cuando vi la noticia del tornado sentí la necesidad de ayudar”, contó Carlos Rojas, su administrador. “Lo primero que se me ocurrió fue hacer una campaña de crowdfunding en alguno de los sitios que ya existen, pero recordé que por el bloqueo podrían cancelar la campaña e incluso congelar la cuenta de Paypal”.

Carlos cuenta que tras armar una web propia, contactó un grupo de amigos diseñadores y les contó la idea de vender artículos con sus diseños y de esa formar recaudar el dinero.

Gracias al dinero recaudado con las ventas de estos productos a través de Yo tiré un cabo, ya en marzo de 2019 se habían realizado ocho donaciones a familias damnificadas por el fenómeno meteorlógico.

“Tirarle un cabo a la gente que más lo necesitaba, de manera rápida y efectiva, fue el mayor logro”, reflexiona. “En general nos sentimos muy bien con lo que logramos y como dijo Martí: “Ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad”, concluye el organizador.

 

 

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