Los ruidos de la calle se cuelan en casa de Isel Arango como si las puertas y ventanas permanecieran abiertas. Varias veces un vendedor ambulante o una motocicleta interrumpen el diálogo. Cuando sus ecos se pierden al doblar la esquina, la tranquilidad vuelve a extenderse, como para recordarnos que estamos en el centro histórico de la ciudad de Camagüey.

La ciudadela antigua tiene muchas cuadras así, en las que el ruido ocasional solo sirve para remarcar el imperio incuestionable del silencio; en la mayoría, la gente sigue viviendo puertas adentro, igual que un siglo atrás.

En noviembre de 2019 esta historiadora del arte decidió que Iter criminis, el proyecto curatorial que lidera, no podría tener mejor escenario que su propia casa.

Artistas amigos aceptaron secundarla en la pretensión de revelar las interioridades de sus procesos creativos a un público heterogéneo, en el que se daban la mano entendidos de las artes plásticas y personas que nunca habían pisado una galería. En mayor o menor medida, aquella noche todos se marcharon bajo el sino de la complicidad criminal; esa que Edgar Degas creía ver en cada una de sus obras.

“Un artista debe pintar un cuadro con el mismo sentimiento con el que un criminal comete un crimen”, lo cita el catálogo de presentación de la muestra.

proyecto curatorial

Exposición Iter criminis, primera acción del proyecto curatorial. Foto: Tomada de la página de Facebook de Iter criminis.

Una casa convertida en galería de arte

“Isel Arango ha querido atender al arte del dibujo como un camino, no como una obra cerrada. Con una perspectiva muy femenina, le interesa explorar el intermedio, no el resultado rotundo y definitivo, sino el subproducto que genera el ejercicio de creación”, se lee en un artículo de Rialta Magazine que resalta la singularidad de poder apreciar los dibujos y bocetos de los creadores cual elementos tan importantes como las obras finales.

Camagüey no tiene tradición de exposiciones u otras intervenciones artísticas fuera de los espacios formales, como recuerda el texto. Por décadas, los creadores de la ciudad más mediterránea de Cuba se han alternado entre una decena de galerías, “muchas de las cuales son lugares ya ‘gastados’”, acota Isel, graduada en 2011 por la Universidad de La Habana. En su ciudad natal ha simultaneado como profesora de la academia Vicentina de la Torre, especialista del Museo Provincial, curadora y crítica.

Intentando cambiar los contextos para la apreciación artística, en 2014 organizó una muestra en un paradigmático edificio local, detenido en el tiempo por una reconstrucción inacabable: la logia La Perseverancia. Allí, junto a la también curadora Anamely Ramos, buscó establecer diálogos entre las obras expuestas y los valores arquitectónicos del inmueble.

“La decisión de utilizar mi casa como espacio de encuentro hasta cierto punto tuvo su origen en aquel proyecto. Las diferencias entre entonces y ahora son, no obstante, apreciables. Con Iter criminis —o ‘Camino del crimen’ si traducimos la locución latina— me propuse introducir al espectador en la intimidad del espacio hogareño, como en un viaje de crecimiento espiritual a través de diferentes sensibilidades y estéticas que se complementaban con los ambientes en que transcurre mi vida”.

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Curaduría bajo el precepto de la libertad de creación

Isel no ha pedido apoyo al Ministerio de Cultura ni a ninguna otra institución estatal para emprender su proyecto. Esas orfandades podrían constituir un obstáculo insuperable en su empresa, pero prefirió asumirlas en aras de conservar el mayor grado de independencia posible. “Para mí resultaba fundamental no responder a ningún requerimiento burocrático”, confiesa.

Es una premisa con la que coincide el poeta y crítico de arte Mario Félix Ramírez, quien en una reseña sobre Iter criminis consideró: “¿El artista es un criminal que victimiza la realidad de su época, debemos entender? En la realidad cubana de nuestra época, en la que el arte libre se ve amenazado por las instituciones del Estado, esta idea del inspirado francés adquiere más significación. El artista no es un criminal por ejercer con todos los matices de su mente la libertad de la creación”.

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Dibujos de Jorge L. Porrata mostrados en la exposición Iter Criminis a manera de post-it notes. Foto: Tomada de la página de Facebook del proyecto.

Once camagüeyanos radicados en la ciudad, en La Habana y en otros países respondieron a la convocatoria de Isel para aquella exposición inicial. Ayudada por la productora Lianny Montalván, en sala, saleta y corredores construyó un nuevo discurso —en su versión expositiva— para un esfuerzo que trascendió esa noche. Medio centenar de personas asistió a la cita, a pesar de lo inhabitual de la propuesta, e Isel confirmó el potencial de seguir explorando los archivos y la intimidad de espacios no formales para el trabajo curatorial. A partir de entonces, Iter criminis dejó de ser una exposición para convertirse en un modo de explorar la actividad creativa y ofrecer otros discursos.

La buena acogida de la iniciativa fue el impulso para que la editorial independiente La Maleza se planteara imprimir un catálogo con las obras y notas de los artistas plásticos que la animaron. El proceso de diseño y edición del material está prácticamente concluido, y muy pronto pudiera llegar a los protagonistas del suceso y a seguidores de la creación plástica en toda la Isla. De ahí en más, la pretensión de Isel sería que el ejemplo se multiplique.

La Maleza: una editorial para autores cubanos marginados

Complicidad criminal: el proceso creativo detrás de cada obra

Colgando de la pared que recibe a los visitantes de la casona del centro histórico camagüeyano, el enorme boceto a carboncillo de Jenny Hernández Carbó permanece como testimonio de la historia contada en estas líneas. “Suelto e intenso a pesar de su tamaño, como interpretación de los misterios de la vida intrauterina desde las ganancias del símbolo”, así lo describió el crítico y promotor cultural Rafael Almanza. El cuadro obliga a detenerse apenas cruzado el umbral de la puerta.

Incluso sin referentes acerca de aquella exposición, basta para indicarle al intruso que “algo” singular e inquietante ocurrió allí.

Luego de aquel primer acercamiento, Isel se mantiene explorando a través de las redes sociales nuevas vías para llevar el arte a un público numeroso y diverso. La página en Facebook de Iter criminis ha terminado por convertirse en el espacio de crecimiento para las obras que en noviembre se adueñaron de su casa. Comparte bocetos y dibujos que muestran la riqueza de las idas y venidas que viven los creadores antes de lograr una obra.

“Me interesa mostrar la creación como un proceso de construcción continua de significados, en el que artista y espectador se condicionan mutuamente”, dice, sin desdeñar la posibilidad de que en un futuro cercano el encuentro presencial se repita. Aquella exposición de una noche dio paso a un proyecto colectivo que convierte a los espectadores en cómplices criminales.

 

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