Hace unos meses llegó hasta mis pies la bola enrollada que decía que Facundo se iría de Vivir del Cuento. De malas bolas están llenos nuestros días y muchas de ellas no son más que premoniciones perfectas cual hados legendarios.

Facundo se ha ido. Juro que, al ver el primer capítulo de esta nueva temporada iniciada en diciembre de 2019, pensé que sería una broma. Esperé hasta el último minuto la calva brillosa del dirigente barrial, alma del programa, tan alma como la dignidad jodedora de Pánfilo.

Vivir del Cuento, o simplemente Pánfilo, es el programa de análisis político más serio de la televisión cubana, y algunas entregas de la Mesa Redonda son ejemplo del mejor humor; así es Cuba, no hay nada raro en esta contradicción. Es el programa del viejecito protector de la libreta de abastecimiento, un espacio televisivo histórico, por la teleaudiencia y por cosas inauditas como la actuación especial del presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama.

Nadie se asomó a mirar la solución de aquella datica en la cual participó Obama. Si lo hubieran hecho se habría percibido que el dominó estaba trancado, y que los buenos aires de paz y prosperidad se irían muy rápido; con un soplido leve del presidente del moño colorado, Donald Trump.

Las buenas noticias se acabaron, las crisis afloraron. Empezó a arrastrar sus cadenas el fantasma del Período Especial, que finalmente se hizo de cuerpo presente, con el nombre tragicómico de Coyuntura.

La censura, que nunca se ha ido del todo, ha vuelto a ser invocada. Como si se hubiera abierto la caja de Pandora, han escapado para amargarlo todo, la persecución política, el extremismo de ambas orillas, la tergiversación de la verdad, la manipulación, la represión de los que piensan distinto, los periodistas encerrados en sus casas, los ciudadanos y ciudadanas imposibilitados de viajar fuera de Cuba, los profesores universitarios expulsados de sus aulas, solo por propiciar el pensamiento libre.

Si el periódico Granma lo dice…

El programa de Pánfilo es el único que entiende de nuestra vida, de nuestra pobreza, de nuestro hastío con los dirigentes corruptos, indecentes, incultos, indignos e ineficientes. Para eso está ahí Facundo, o estaba hasta hace poco. Como antes estuvo Lindoro Incapaz o Pepín el del nivel central. Ahora Facundo y sus jefes, de arriba, nos enseñan a los burócratas comunes y corrientes, que conocemos desde que tenemos uso de razón.

Pero Facundo era demasiado hiriente o a alguien ha cansado. Como si hubiera sido cazado en un callejón angosto y oscuro, se le ha desaparecido, porque sí, con razones irrazonables, que no se cree ni Felipito, su sucesor (quien, por cierto, no salió en el segundo capítulo).

Si esto es democracia yo soy Bruce Lee, si esto es televisión del pueblo, da lo mismo creer en los Reyes Magos que en la casa voladora de Dorita. La burocracia cubana debe entender que la televisión no les pertenece, que la televisión es del pueblo, y que esta no puede ser privatizada, por mandato constitucional, lo que incluye al Estado y a sus burócratas, que no se la pueden confiscar al pueblo.

Por lo tanto, los programas de televisión, si tienen dueño, pertenecen a los artistas, que tienen propiedad intelectual sobre sus creaciones; pero nunca a la burocracia, que organiza, administra, coordina, y que hemos aceptado, no sé cómo, que censure. Eliminar a un personaje de una serie humorística, es como sacar a un muerto del Guernica de Picasso, o como se acaba de hacer en el acto por los 500 años de La Habana, cuando se asesinó con alevosía una canción de Carlos Varela.

En las empresas capitalistas las razones de la censura son estas u otras; en ellas cuando un personaje es eliminado de una serie, el actor o actriz sabrá a qué atenerse dentro de su estado de derecho. Pero en Cuba socialista, la televisión es del pueblo y el pueblo no ha pedido que se vaya Facundo.

Yo exijo, como parte del pueblo soberano de Cuba, que se pregunte al pueblo si Facundo debe seguir o no, porque el pueblo es el que manda sobre los medios; y ni siquiera él puede ir contra la legalidad de un contrato laboral como el que debió tener Andy Vázquez, el actor que encarna a Facundo y a dos importantes personajes más, que deben haber volado en el mismo globo que Matías Pérez.

De una sola manera acepto que se vaya Facundo, si nos prometen que todos los dirigentes como él se irán también.

Parece que la burocracia enemiga de la democracia no entiende lo que quiere decir socialismo o Estado de derecho, pero se lo vamos a recordar; y para ayudarlos les adelantamos que tampoco queremos que quiten la libreta de abastecimiento, por si acaso están pensando en esta macabra idea.

Ya sería el colmo, ese sería el fin de Pánfilo: sin Facundo, inmoral y cariñoso dirigente sin trascendencia; y sin libreta, la renta básica del pueblo de Cuba, escasa y mísera, pero justa hasta que se acaba.

Yo voto porque regrese Facundo, aunque sea para sufrir con él lo que de veras hace falta que desaparezca.

Andy, no te rajes. Facundo, no te mueras