Si Ludia Montero hubiese nacido una década antes, no sería hoy la subcampeona mundial de levantamiento de pesas en la división de los 45 kilogramos.

Tampoco sería la primera cubana en conseguir una presea en una disciplina vetada a las mujeres en la Isla hasta el año 2006.

En la década del 80 del pasado siglo, las deportistas que practicaban la halterofilia en el panorama internacional eran sometidas a exámenes médicos para «comprobar» que el alzamiento de pesas no afectaba su cuerpo.

De todas maneras, Cuba no veía con buenos ojos esta disciplina deportiva. No fue hasta 1995 que las autoridades de la Isla permitieron que las mujeres levantaran las pesas.

Con vistas a las Olimpiadas de Sídney 2000, el Instituto de Deporte, Educación Física y Recreación (Inder) abrió el banderín al género femenino. Sin embargo, el mundo deportivo cubano todavía está muy lejos de tratar de la misma forma a hombres y a mujeres: los prejuicios machistas han impedido hasta hoy que las cubanas residentes en la Isla boxeen oficialmente o compitan en cualquier lid.

En 1995, durante un Pleno Nacional de Halterofilia, las autoridades deportivas discutieron el tema de la presencia femenina en esa disciplina, en atención a las cualidades de muchas atletas en ciernes. Sin embargo, las cubanas que deseaban levantar las pesas tuvieron que esperar 11 años más para que la Isla armara una preselección nacional y enviara a algunas representantes a los Juegos Centroamericanos.

En 2008, cuando Cuba organizaba su primer Campeonato Nacional de Levantamiento de Pesas, Ludia Montero tenía nueve años. Estuvo bregando entre la gimnasia y el fútbol, hasta que pudo mudarse al levantamiento de pesas.

En su primer paso por lides mundiales (Turkmenistán, 2018) no consiguió ninguna presea.

En cambio, en el Campeonato Nacional de Cuba implantó 11 récords para atletas juveniles y ganó tres metales dorados. Aunque en los Panamericanos de Lima 2019 quedó muy cerca del podio, no fue hasta el Mundial de Tailandia que hizo historia.

Nadie contaba con su medalla. Ludia Montero debutó en el mundial de Pattaya en una división no habitual para ella, la de los 45 kilos. Llegó a levantar 76 kilos en el arranque y 91 en el envión, para un total de 167, a solo dos puntos de la campeona mundial, la turca Saziye Erdogan.

De haber continuado el Inder con sus políticas misóginas, Montero jamás se habría convertido en subcampeona mundial de Cuba.

La joven de 20 años nunca había competido en la división de los 45 kg ―siempre se había presentado en la de 48 kg― pero un cambio de estrategia rumbo a los Olímpicos de Tokio 2020, aseguró su victoria.

«El equipo femenino cubano muestra avances, va bien y por delante de los varones en la clasificación para los Juegos Olímpicos (…) Los rigores del entrenamiento actual nos permiten pensar que habrá que contar más con nosotras en el futuro», dijo Montero antes de la competencia a Jit, la revista digital del Inder.

En 2019 Ludia Montero no solo se convirtió en la primera medallista mundial de Cuba en la halterofilia; también fue la primera en triunfar en una disciplina prohibida por décadas a las mujeres en la Isla.

Por las políticas misóginas del Inder jamás llegaremos a saber cuántas medallas quedaron en el limbo. Todavía hoy el boxeo femenino, cuya práctica está prohibida en el país por capricho de las autoridades deportivas, sigue tirado en una esquina, sin poder subir al ring.

 

Este texto fue publicado originalmente en Tremenda Nota. Se reproduce íntegramente en elToque con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.