Carlos Lazo no puede estarse quieto. Aún no se recuperaba de pedalear por casi 6 mil kilómetros y ya estaba pensando en alguna otra iniciativa para crear “puentes de amor” entre Cuba y Estados Unidos. Esa intención no sale de su cabeza. Se ha vuelto un proyecto de vida para él. Lo ha nombrado Fábrica de Sueños.

Este profesor cubano en Seattle está cansado de ver división entre las familias, amigos, hermanos. Por eso, lo mismo lanza una petición en Change.org, que conversa semanalmente en un canal de Youtube o simplemente comparte en sus redes sociales mensajes de amor. No es cursilería ni amelcochamiento. Sus publicaciones no empalagan. Se comparten mil veces… y también se critican.

A pesar de ofensas, acciones que podrían parecer inútiles y hasta amenazas de muerte, Carlos Lazo dice: “Mi gente de aquí y mi gente de allá me mantiene con esa energía. Mis recuerdos en las calles de La Habana y mis vecinos sembraron en mí un amor que dura hasta hoy”.

El profe sabe que “en el camino del progreso no siempre se avanza hacia adelante. También se dan pasos de retroceso, pero no quiere decir que no valga la pena.

“Esta no es una carrera de velocidad sino de resistencia”, asegura.

UNA PETICIÓN A JOE BIDEN

La más reciente iniciativa del profesor Carlos Lazo es una petición al candidato demócrata a la presidencia Joe Biden, para que —en caso de ganar las elecciones presidenciales— “establezca políticas compasivas y humanas hacia Cuba”.

“Cuando la COVID-19 comenzó a golpear le hicimos una petición con más de 20 mil firmas al presidente Trump para que aliviara las sanciones a Cuba, al menos temporalmente”, explica. “Luego pedaleamos 3.600 millas (5.793 km) desde Seattle hasta Washington D. C. para llevar hasta allí nuestro reclamo. Pero Trump no nos escuchó. He escrito varias cartas a la Casa Blanca y ni siquiera he recibido una respuesta formal”.

Ahora apuesta por escribirle a Biden con la confianza y la fe de que sea quien gane las elecciones de noviembre próximo y conozca, de antemano, que los intereses de la familia cubana no son siempre los que se muestran en algunos medios.

“En este mismo momento, personas inocentes carecen de alimentos y medicinas en ese pequeño y empobrecido país. Esas personas, señor Biden, no son estadísticas, sino hombres, mujeres, niños y ancianos. Son seres humanos reales. Son nuestras familias”, explica la solicitud.

La petición reconoce la compleja situación que vive Cuba por la pandemia de COVID-19, acrecentada también por el aumento de las sanciones de la administración Trump. Carlos cree, además, que la polarización de los medios podría no siempre mostrar la diversidad de la comunidad cubana en EE. UU.

“A veces la narrativa en la comunidad cubana en Miami es una narrativa que da la impresión de que todos los cubanoamericanos están a favor de las medidas, cuando en realidad no es así”, explica.

“Hace poco hubo una encuesta de la FIU (Universidad Internacional de la Florida) y aunque muchos cubanos dijeron que iban a votar por Trump, en las preguntas particulares sobre varios tópicos —cierre de embajadas, cancelación de vuelos a varias provincias—, la mayoría dijo estar en contra”.

[Según la encuesta de la FIU, el 60 % de la población cubanoamericana en el sur de Florida apoya la continuación del bloqueo y el 66 % está de acuerdo con la forma en que el presidente Donald Trump se ha ocupado de la política con Cuba. En temas más específicos, el apoyo a algunas políticas que promueven el compromiso entre ambos países sigue siendo relativamente alto, como la venta de alimentos (69 %) y medicinas para la isla (74 %), mantener las relaciones diplomáticas (58 %) y la reanudación de los viajes en avión a todas las provincias (65 %)].

“Por tanto, es importante hacerle llegar a la candidatura demócrata cuál es el sentir de los cubanos, los cubanoamericanos, los norteamericanos y toda la gente que años tras año claman para que se quiten las sanciones a Cuba”, comenta el profesor.

Entre las solicitudes de la petición se encuentra la normalización de los servicios de la embajada de los Estados Unidos en La Habana, la restauración del Programa de Reunificación Familiar, suspendido en 2017; la eliminación de las restricciones de viaje a Cuba de los estadounidenses y del envío de remesas; así como también permitir e incentivar las relaciones financieras y comerciales entre ambos países.

Carlos Lazo, cubanoamericano que se esfuerza constantemente por construir puentes de amor entre Cuba y Estados Unidos. Foto: Cortesía del entrevistado

Carlos Lazo, cubanoamericano que se esfuerza constantemente por construir puentes de amor entre Cuba y Estados Unidos. Foto: Cortesía del entrevistado

PEDALEAR CON EL AIRE EN CONTRA

Al profe Carlos Lazo muchos deben la iniciativa de hacer caravanas en bicicleta para exigir el cese del embargo/bloqueo de EE. UU. contra Cuba. Tras aquellos días de pedalear con sus hijos y sobrinos, en varias ciudades de Estados Unidos y Cuba otras personas también decidieron sumarse a la iniciativa. Fueran 20, 10 o 2 personas, en las redes sociales varios compartieron las fotos de sus “recorridos contra el bloqueo”.

“Comprobé que existe una gran cantidad de cubanos y cubanoamericanos que apoyan la creación de puentes de amor entre Cuba y los Estados Unidos”, reconoce. “En la actualidad da la impresión —sobre todo en las redes sociales— de que el odio y la crueldad han ganado terreno. Este viaje me demostró que son más, muchos más, los que apuestan por el amor, por la familia, por la amistad y por un futuro de paz”.

—¿En qué pensaba mientras iba en bicicleta?

—Todo dependía del momento y del grado de dificultad de la carrera. Por ejemplo, hubo momentos en que pasé por grandes vastedades, y no hacía otra cosa que mirar los campos, las montañas, la naturaleza y de maravillarme con tanta belleza que hay en el mundo. Otras veces cuando estaba pedaleando en la subida de una montaña y, cuando los pulmones no me daban más, me faltaba el aire y los músculos se negaban a moverse, entonces pensaba en la gente de Mayabeque, en los muchachos de la Casa de la Décima de Güines. Me montaba una película yo mismo y, no sé si es porque andaba medio deshidratado, o el sol, o qué sé yo, pero en ese instante me imaginaba que esos muchachos y esas familias me estaban mirando y que yo no me podía detener pues eso sería quedar mal delante de ellos. Eso me daba ánimo para seguir adelante. En mi mente, hasta hablaba con ellos como si estuvieran a mi lado, pedaleando conmigo.

Ninguna de las iniciativas del profe Carlos Lazo ha estado exenta de “los riesgos que implica el defender estas posiciones en un ambiente hostil”. Tampoco fue fácil reunir fondos para el viaje en bicicleta, dejar muchas veces a la familia, desgastarse física y mentalmente en acciones que para muchos carecen de sentido. Él también ha dudado, ha temido y a veces ha sentido la necesidad de detenerse, de rendirse, pero su esposa, su familia, su fe y la gente que lo apoya, han sido más fuertes.

“En las redes sociales, incluso hubo intentos de coacción contra nosotros, por parte de un grupo, pequeño pero vociferante, que se opone al acercamiento entre nuestros países y que abogan por rendir por hambre a nuestras familias en la Isla”, dice. “Hasta amenazas de muerte hubo, pero estábamos protegidos. Soy devoto de la Caridad del Cobre y de San Lázaro. Siempre sentí, extendido sobre nosotros, el manto amoroso de la patrona de los cubanos. Con esa protección, junto al apoyo mayoritario de tanta gente, todos los retos se pudieron superar”.

—¿Existe alguna anécdota que recuerde con cariño y no haya compartido en sus redes sociales?

—Un día, durante nuestro viaje, uno de mis hijos tuvo que pedalear una distancia muy larga (cerca de 80 km) en un terreno con grandes elevaciones. Yo estaba preocupado, esperando al muchacho en el punto de encuentro. Por fin mi hijo llegó, agotado, sudando. Él me contó de lo difícil que había sido pedalear 80 kilómetros en aquellas montañas. Luego, para mi sorpresa, me dijo: “Puro, tuve que pensar en Martí y hasta en esa historia que tú nos has hecho de Ignacio Agramonte y el rescate de Sanguily. Eso me dio fuerzas para pedalear más”. Yo lo miré medio incrédulo, pensando que el muchacho estaba tratando de bromear conmigo —a propósito de mi manía de invocar historias heroicas como modo de superar dificultades—. Le dije, medio en broma: “Carli, no me cojas pa’ eso”. Pero mi hijo me miró y me dijo: “No, puro, no es jodedera, es en serio; Martí y Agramonte me ayudaron a subir esa loma”.

Algunos participantes de la caravana a su llegada a la Casa Blanca. Foto: Cortesía del entrevistado.

Algunos participantes de la caravana a su llegada a la Casa Blanca. Foto: Cortesía del entrevistado.

Para responder a estas preguntas se ha ido a la ventana. Siempre, a lo lejos, mira la misma luz. No es La Habana, pero Carlos se imagina una fiesta en su barrio cubano donde finalmente se celebre el abrazo entre los dos países que ocupan su corazón.

“Estamos en el lado correcto de la historia porque estamos del lado del amor. Todo eso me da la certeza de que el día del abrazo amistoso entre Cuba y E.U.A. está cada vez más cerca”.

 

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