El Enjambre, un podcast de elTOQUE sobre la realidad cubana en el universo Twitter, concluyó su segunda temporada con una entrevista a la diplomática estadounidense Vicki Huddleston, quien conversó, entre otros temas, sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El Enjambre: confesiones amorosas y fin de temporada

Huddleston fue coordinadora de los Asuntos Cubanos de la Oficina del Departamento de Estado y jefa de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba desde 1999 hasta 2002. Antes de su retiro ejerció, además, como subsecretaria adjunta del Departamento de Asuntos Africanos de los Estados Unidos de América. Durante sus años de servicio ha recibido varias condecoraciones del Departamento de Estado, como el Premio de Honor Distinguido y el Premio del Servicio Meritorio, otorgado por el presidente de los Estados Unidos de América.

Camilo Condis, fundador y uno de los conductores de El Enjambre, indagó sobre varios momentos complejos durante su gestión como jefa de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana. También pidió su opinión sobre las sanciones estadounidenses y las perspectivas de los vínculos entre ambas naciones.

“Tengo muy buenos recuerdos de Cuba y de los cubanos”, comenzó diciendo la diplomática, quien fue conocida como la Embajadora de los Radios. Este sobrenombre la hizo muy popular en la Isla, en un momento en que los funcionarios de la Sección de Intereses otorgaban visas y viajaban por las diferentes provincias; a diferencia de hoy que poseen muy poco personal y realizan muy pocas actividades.

“Los radios me hicieron muy popular”, dijo Huddleston. La historia detrás de esa popularidad es que ella posibilitó que personas dentro de Cuba escucharan estaciones extranjeras mediante la distribución de radios de onda corta, con FM y AM. “En Cuba, en general, los radios no son de onda corta; por lo que no es posible escuchar estaciones extranjeras, pero con mis radios el pueblo cubano pudo escuchar estaciones de otros países. Todo el mundo quería esos radios: un día entregué dos equipos a unas mujeres jóvenes y me pidieron dos más para unos hermanos que estaban en la cárcel. Recuerdo a una señora que comenzó a llorar cuando vio el radio y le pregunté por qué lloraba. “Ahora tendré mejor comunicación con mi hijo”, que al parecer estaba fuera de Cuba.

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Camilo Condis recordó que en esos años no existía acceso a Internet en el país. Además, los medios de comunicación estaban bajo el control del Estado. Los radios eran una alternativa para obtener información fuera de los canales oficiales.

Sobre la reacción de Fidel Castro en relación a la distribución de esos radios, Huddleston contó: “decía que los radios solo tenían un propósito, que la población escuchara Radio Martí”. En realidad —aclaró—, los dispositivos permitían escuchar otras estaciones y no solo Radio Martí, aunque finalmente el Gobierno cubano bloqueó esa estación”.

Condis: “Leyendo sobre esta época, supe que usted tuvo un desencuentro con la Asociación Nacional de Lebreles Afganos en Cuba, una raza de perro de caza. Todo esto me pareció muy surrealista. ¿Podría contarnos sobre este incidente?”.

Embajadora Huddleston: “Sí, es interesante porque los lebreles afganos fueron muy populares en los Estados Unidos y también en Cuba en los años 50 y siguen siendo populares en Cuba, pues hay varias personas que los tienen. Son perros muy bonitos de pelo largo, en Cuba hay asociaciones de estos perros. Es algo raro en un país comunista, pero hay muchos cubanos a los que les gusta esta raza. Conocí al padre de mi perro en el aeropuerto de La Habana, la dueña de ese ejemplar tan bonito fue quien me vendió el mío, a quien llamé Habana. Ella era amante de entrenar perros, eso hizo que Habana ganara muchos premios.

En una ocasión recibí una carta de alguien que se apellidaba Castro, que no era Fidel, diciéndome que me expulsaban del club de perros afganos; me pareció muy chistoso. Conté lo sucedido en varios medios como The Washington Post, Minnesota Public Radio (MPR), Univisión… Hablé de los diplomáticos y la imposibilidad de pertenecer a las asociaciones de perros de caza en Cuba, como un pretexto para mostrar cómo era el sistema cubano.

Algo que siempre cuento es que mi residencia, donde también vivieron los embajadores de Estados Unidos antes de la Revolución, era muy grande y muy bonita; sin embargo, los cubanos no podían entrar a ese barrio en esa época. Todas las construcciones alrededor de mi casa eran de la Seguridad del Estado. Con esto del lebrel afgano y mi expulsión de la asociación pude demostrar a los medios cómo eran las restricciones del sistema cubano. Fidel no estaba feliz con eso, pero logré que readmitieran a Habana en el club de los lebreles afganos, lo cual fue una rara victoria para mí. De todos modos, el Gobierno no estaba feliz conmigo ni con la entrenadora de mi perro, fue muy difícil para ella”.

Condis indagó sobre los encuentros de la embajadora con Fidel Castro durante su etapa como directora de los Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado. Al respecto, Huddleston narró su visita a Cuba con una delegación americana a principios de la década de 1990 para celebrar el cumplimiento por parte de Cuba de un tratado diplomático que consistió en retirar 50 mil tropas de Angola. “Era algo muy especial y el Gobierno de Estados Unidos estaba muy satisfecho. Fidel Castro nos invitó a varias delegaciones a una fiesta en el Palacio de la Revolución. Durante la celebración, Fidel me vio, se acercó y me preguntó: “¿Quién es usted?”. Yo me enojé mucho porque era evidente que él me conocía y le dije: “Yo soy la directora de los Asuntos Cubanos”. Las más de 200 delegaciones presentes allí estaban escuchando y él me contestó: “Oh, pensé que yo era el director de los Asuntos Cubanos” (risas).

“Tuvimos después una conversación bastante larga y él estaba muy preocupado por la economía de Cuba. La Unión Soviética estaba en el proceso de quiebre y a eso se sumaba que algunos congresistas de Estados Unidos y cubanoamericanos conservadores querían impulsar una nueva ley con más sanciones. Yo le dije: ‘Si Cuba tuviera elecciones libres y más respeto por los derechos humanos, podríamos cambiar la políticaʼ. Pero realmente era un error bastante grande de los Estados Unidos, porque con la caída de la Unión Soviética, Cuba no era una amenaza para los Estados Unidos y ese hubiera sido un buen momento para que los Estados Unidos cambiaran su política; no había razones para continuar con una política hostil ni sanciones contra Cuba. En vez de comenzar una apertura hacia Cuba, una vez más los Estados Unidos y los cubanoamericanos impusieron nuevas sanciones, como la Cuban Democracy, después la Ley Torricelli, la Cuban Liberty, la Helms Burton… Más y más sanciones sin que Cuba fuera una amenaza”.

“¿Cuáles fueron sus mayores retos como diplomática en La Habana y cómo los enfrentó?”, preguntó Condis.

Embajadora Huddleston: “Lo más difícil fue el caso de Elián González porque Fidel Castro y los cubanoamericanos hicieron de eso una batalla, que al final Fidel Castro ganó. Fue muy triste, finalmente Elián regresó porque la ley dice que un niño debe estar con su padre. El Gobierno de los Estados Unidos quería que Elián regresara y Fidel Castro quería lo mismo, aunque presentó al Gobierno y al pueblo de Estados Unidos como malas personas. Aun así, Elián no regresó hasta pasados seis meses, y después no hubo posibilidad de mejorar las relaciones. Tuvimos alguna apertura con Clinton, no tan grande como la de Obama, pero con el problema de Elián la administración de Clinton no quiso hacer nada más y se terminó la posibilidad de mejorar las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos”.

Condis: “Usted tiene una amplia experiencia en cuanto a las relaciones entre nuestros países. Ha publicado dos libros sobre la base de su trabajo en Cuba. El primero, de 2010, se titula Aprendiendo a bailar salsa: nuevos pasos para las relaciones Cuba-Estados Unidos, y el segundo, de 2018, Nuestra mujer en La Habana: crónicas de una diplomática acerca de la larga lucha de los Estados Unidos contra la Cuba de Castro. Basada en su experiencia, ¿cuál es su opinión acerca del embargo o bloqueo y demás sanciones que se han impuesto contra Cuba y que se han recrudecido bajo la actual administración?”, indagó Condis.

Embajadora Huddleston: “El libro Nuestra mujer en La Habana es un trabajo de amor, porque quiero mucho a Cuba y a los cubanos. Es una tragedia el tema de las sanciones y el embargo porque han fracasado durante 60 años. Las sanciones han impedido relaciones normales con el pueblo cubano y, además, los cubanos son más pobres debido a las sanciones. Si no hubiera existido el embargo, probablemente Cuba hubiera cambiado mucho. El embargo dio al Gobierno de Cuba la posibilidad de decir que tiene un enemigo, Estados Unidos. La política de los Estados Unidos hacia Cuba no es buena y más que exterior es doméstica, porque los candidatos a presidentes buscan los votos de los cubanoamericanos y de los más conservadores; por eso dicen que van a mantener esa política hostil de sanciones contra Cuba. No han tenido como resultado el cambio que pretenden y han impedido las posibilidades de reconciliación”.

Finalmente, Condis interrogó a la embajadora sobre las posibles acciones y estrategias que pudiera emprender el Gobierno estadounidense para ayudar a los cubanos de a pie.

La diplomática consideró que se debería regresar primeramente a la política de Obama puesto que, durante ese periodo, los cubanos tenían más facilidades económicas y mayores posibilidades de abrir sus propios negocios. “El sector privado comenzó a crecer en Cuba y eso fue muy importante porque brindó nuevas oportunidades para los cubanos, de tener más voz y decir al Gobierno de Cuba lo que querían. Cuba nunca va a ser como los conservadores cubanoamericanos quieren; no va a ser un país como los Estados Unidos, con un sistema capitalista. Cuba tendrá un sistema cubano mixto, imagino, entre capitalismo y socialismo, pero debe ser un sistema en el cual los cubanos mismos determinen lo que quieren; no un sistema en el que las autoridades más altas de Cuba digan qué quieren ni tampoco los cubanoamericanos, sino uno construido por los propios cubanos.

“Tenemos que erradicar las sanciones, comenzar a aliviar las tensiones entre los Gobiernos de Cuba y Estados Unidos y promover la reconciliación. Las razones por las cuales no hay futuro en Cuba, por las cuales los jóvenes no ven su futuro en la Isla, son las sanciones de Estados Unidos. En mi opinión, no es correcto ni aceptable, por eso debemos cambiarlo”.

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