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A propósito del Día de los Padres y en colaboración conjunta con elTOQUE, el equipo de Xel2 ha preparado postales personalizadas para todos los interesados. Partimos de sus historias en nuestra cuenta de Instagram, en la que  relataron alguna experiencia o situación que caracterizara la relación de cada uno con sus padres. Luego, seleccionamos algunas de estas historias y dibujamos postales personalizadas inspiradas en esos textos.

Agradecemos a los participantes de esta iniciativa y aprovechamos para homenajear a los padres de Cuba y del resto del mundo. Con especial énfasis, reconocemos el importante rol que ocupan en la familia y en la sociedad en general. Para todos los padres, nuestra felicitación y nuestros mejores deseos.  Saludos y feliz domingo,

Wimar Verdecia Fuentes

“Mi papá siempre nos ha ayudado a mí y a mi hermano, ha estado presente en cada etapa de nuestras vidas. Aunque no somos los más cariñosos del mundo, siempre lo he sentido cercano. Hay algo de su filosofía de la paternidad que me gustaría aplicar en un futuro con mis hijos. Siempre nos ha dicho: yo no les doy los peces, yo prefiero enseñarlos a pescar. Esa idea me gusta mucho porque se aleja de la concepción de padre proveedor y está más cercana a la idea de padres que acompañan junto a las madres, que muestran el camino, que no dan soluciones, sino enseñan a pensar. Padres y madres que muestran el panorama completo y los diferentes caminos, que intentan no criar hijos pichones que luego son capaces de esforzarse y que sienten cada revés como el fin del mundo”.

 

“Mi papá siempre quiso un hijo varón. Pero tuvo dos hembras. Sin embargo, mi hermana y yo aprendimos a jugar pelota, a bailar trompos, a arreglar una lámpara, hacer empalmes y cambiar tuberías. La vida obligó a mi papá a enseñarles a sus hijas todo lo que soñaba hacer con su hijo varón. Aunque todavía tiene rezagos machistas, ya entendió que lo que seamos capaces de hacer no se debe a nuestro género, sino a la voluntad individual, y también a la crianza de la familia”.

“Mi papá es único. Para enseñarme a no tener miedo e inculcarme el amor a los animales, desde chiquitica me traía culebras, ranas, cocuyos y cuanto bicho encontrara. Hubo un tiempo que mi casa parecía un zoológico: había conejos, curieles, ranas, culebras, jicoteas, pececitos, un perro, pajaritos…todo al mismo tiempo”.

“Mi papá lo es todo para nosotros, los 4 hermanos. No será el papá perfecto pero siempre ha estado ahí para nosotros, en cada caída, en cada problema. Siempre como un león ha salido a la defensa de sus cachorros. Nunca nos permitió malcriadez alguna y fue muy recto en la crianza. Fueron muchas sus horas con una secadora en mano para aliviar el dolor de mis piernitas y así conciliar el sueño. Yo amo a mi papá”.

“Cuando era pequeño mi padre solía hacerme cuentos antes de dormir, pero en vez de ser La Caperucita Roja o Blancanieves eran historias de mitología griega y cuentos de superhéroes, como Spiderman o Superman. Con el tiempo mi imaginación se fue desarrollando y fui inventando mis propios personajes y terminé siendo yo el que hacía los cuentos antes de dormir 😂😂😂 Hoy en día trabajo como escritor de comics y como editor en jefe, pero creo que la raíz de mi pasión yace en esas noches de la infancia. Creo que la mejor forma de ponerlo es que mientras otros padres contaban a sus hijos las historias que todos los niños deberían oír, mi padre me contó las historias que solo yo quería oír. Es una memoria muy bonita”.

“No soy una buena nadadora. Lo reconozco. Antes sí, porque antes también era más sencillo ir a la playa. Entre el montón de primos y sobrinos, yo era la que más nadaba, la que no le tenía miedo al agua, la que buceaba hasta tocar fondo y a pulmón. Mi secreto? Tener un padre con un sentido de la seguridad que rozaba en lo nulo. Él me enseñó a nadar. En la playa, con marea alta, en lo hondo, bajo las carcajadas de mi madre y la preocupación del resto de la familia, él me lanzaba contra las olas. Yo aprendí a nadar por supervivencia. Ahora que aprendí a sobrevivir ya no voy a la playa, quizás porque mi papá  ya colgó sus grados de coronel”.

“Mi madre nunca se reconcilió con mi padre. Pero mi padre le escribe a mi madre y le pregunta cómo puede comunicarse conmigo. Mi padre no sabe que no volveré en los vuelos de repatriación que anuncian en el Noticiero Nacional. Mi madre le pregunta a mi padre si tiene Messenger o WhatsApp, mi padre niega con la cabeza mientras teclea en su tronqui walkie-talkie.

Mi padre piensa en recargar para hacer una llamada internacional. Al otro lado del río hago un stop en mi cuarentena para comprar un celular Smart, Android. Todo padre merece un móvil que le permita comunicarse con su hija”.

 

“Mi padre se llama Jaime Rosas. Nació en 1959. Es el sexto de nueve hermanos. Los recuerdos de su infancia se dividen entre los días en los que se levantaba a las cuatro de la mañana para apoyar en el negocio familiar: La Rosita, la abarrotera que perteneció a su familia por más de 50 años, y los días de travesuras que siempre lo llevaron a huir de las amenazas de su madre, la abuela Chelo, quien siempre corregía con una nalgada. Luego, en la juventud, viajó por todo México; afirmar que no hay lugar del país que no conozca no es ningún disparate. Siempre se colgaba una mochila al hombro y emprendía la aventura, muchas veces sin dinero en los bolsillos. Sus viajes los narra tan emocionado, que a quienes lo escuchamos siempre nos deja embelesados.

Como un hombre adulto emprendió varios negocios, tiene alma de comerciante. Para mí es el hombre con el que siempre puedo dialogar, que escucha sin juzgar y siempre ofrece un consejo. Por su sazón, lo nombré el “Rey de las salsas” (el picante que se le pone a un taco, no crean que del baile). Mi padre siempre ha sido un hombre de buen corazón: alimenta a un perro hambriento de la calle, como al “Huachicol”, el “teporocho” de la colonia, que ebrio se queda a dormir en las aceras. Mi padre siempre me dejó ser, así a secas. Nunca fue impositivo ni sobre protector. Me enseñó de la libertad, de la risa desenfadada y de cómo ser una mujer independiente. Jaime es de los hombres que más admiro y que más amo en mi vida; mucho de lo que soy, en gran medida, se lo debo a él y a la gran mancuerna que formó con mi madre”.

 

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