Septiembre puede estar siendo, para quienes residimos en La Habana, uno de los momentos más difíciles de este periodo extenso de cuarentena. Después de seis meses de distanciamiento sanitario, la implementación de medidas más rigurosas de control de la pandemia y la persistencia de una situación epidemiológica compleja en la ciudad nos hacen sentir que el confinamiento se eterniza.

Una de las inquietudes poblacionales esenciales en la capital y en otras provincias con elevado impacto de la crisis asociada a la COVID-19 es la continuidad de estudios y el aplazamiento del reinicio del curso escolar. Las alternativas diseñadas desde el sistema educativo nacional para reforzar la preparación académica de estudiantes mediante programas televisivos han generado múltiples cuestionamientos; sobre todo porque han sido esencialmente concebidos como guías para incentivar el autoestudio y no se han propuesto sustituir el programa de enseñanza presencial.

¿Se alterarán los hábitos de estudio de niñas y niños durante esta estancia prolongada en el hogar? ¿Qué efectos tendrán los reajustes de programas educativos curriculares en su aprendizaje y socialización? ¿Cómo revertir desde casa situaciones de riesgo que pueden limitar el desarrollo psicológico infantil? Estas son algunas de las interrogantes de madres, padres y familiares que intentan gestionar alternativas efectivas para resolver los impactos de la COVID-19 en la vida cotidiana.

Familias: desafíos educativos y de cuidados en tiempos de crisis

Las dinámicas de convivencia familiar se han alterado en tiempos de pandemia. Nuevas rutinas, hábitos y formas de organización familiar han surgido para responder a demandas crecientes como el teletrabajo, la educación a distancia y la coexistencia en el espacio físico familiar. Ante las preocupaciones derivadas de ejercicios de maternidad y paternidad centradas en el bienestar infantil, especialistas han recomendado priorizar el cuidado emocional y salvaguardar la salud mental y física, sin descuidar la estimulación del aprendizaje.

El curso escolar reiniciará en algún momento y las competencias curriculares serán estimuladas esencialmente desde la enseñanza institucionalizada, en tanto niñas y niños hayan podido desarrollar —mediante el acompañamiento familiar— sus recursos emocionales y resiliencia durante el periodo crítico de confinamiento.

Las familias, sistemas depositarios históricamente de funciones sociales básicas como la educación, la crianza y los cuidados, han sido amortiguadoras del impacto de la crisis debido a la alteración del funcionamiento de instituciones educativas. Y han cumplido esa función en medio de otros retos como la intensificación del trabajo doméstico, con diferencias para los géneros.

Como tendencia, las mujeres hemos estado más expuestas a la sobrecarga doméstica y hemos experimentado fuertes tensiones en el afán de distribuir tiempo productivo en la supervisión de actividades escolares, la realización de trabajo a distancia y el despliegue de tareas de cuidado. En familias monomarentales, en las cuales las mujeres asumen la jefatura del hogar y las funciones de cuidado principales de la familia, aparecen riesgos psicosociales notables que dificultan su acceso a servicios y que impactan de forma especial su función económica. En efecto, esto puede afectar su funcionamiento y vulnerar la salud psicológica de sus integrantes. En otros casos, se han agudizado los conflictos de convivencia, las violencias intrafamiliares y de género, al acentuarse también los malos tratos.

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Más allá de la composición familiar, de preocupaciones financieras, incertidumbre existencial, alteraciones emocionales inherentes a la situación de confinamiento y aumento de responsabilidades, existen claves para afrontar los desafíos en los cuidados y desempeñar con efectividad la educación durante este tiempo de cuarentena. Para ello, es importante apostar por mejorar la calidad de las relaciones familiares; generar estrategias conjuntas de reorganización de la vida familiar y resolución de problemas cotidianos; identificar redes de apoyo social disponibles; gestionar maneras de reconciliación familiar y resolución de conflictos mediante diálogos constructivos.

Otras claves deben quedar traducidas en protecciones específicas en el orden social, garantías legales y de seguridad social necesarias para reducir riesgos generadores de desventajas y malestares sociales.

Ciertamente, las posibilidades de desarrollar resiliencia familiar y mantener una convivencia estable y respetuosa per se las dificultades existentes en el periodo de confinamiento aseguran la estabilidad y salud emocional de la familia. La convivencia armónica, respetuosa y acompañada de expresiones de afecto, es un pilar esencial para el logro de la seguridad emocional y el bienestar psicológico infantil.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Recomendaciones para reducir vulnerabilidades en niñas y niños en este periodo 

Tras seis meses de distanciamiento físico y confinamiento, algunas familias pueden comenzar a reflejar agotamientos, sentir que los métodos empleados en la educación infantil pierden efectividad y que el comportamiento y las emociones de sus hijas e hijos se hacen reacios a las reglas y límites impuestos. ¿Qué hacer en estas circunstancias?

La sensación de cansancio, pérdida de control e incertidumbre respecto a cómo educar en circunstancias tan difíciles puede situarnos en un buen punto para plantear nuevas maneras de comprender la situación que estamos viviendo, reconocer el modo en que se experimentan en la infancia y concebir nuevos caminos y pautas de acción.

No existen mandamientos ni protocolos definitivos que garanticen cómo hacerlo bien. Criar es una experiencia ineludible de ensayo y de error, que angustia y edifica, que aterra y que fascina. Permítase el error y asuma con humildad situarse del lado del camino que apueste por generar bienestar, impulsar la autonomía infantil, no dañar y educar de una forma justa y respetuosa. Educar desde el respeto a las emociones, necesidades reales, ritmos y procesos de desarrollo naturales, permite que podamos comprenderles como personas únicas e irrepetibles con plenos derechos y potencialidades de desarrollo en todas las circunstancias.

A continuación, compartiremos algunas recomendaciones que pueden serles útiles para reflexionar y generar sus propias soluciones:

  • El acompañamiento y gestión emocional se convierten en resorte esencial durante el periodo de confinamiento. Dialogue con su hija o hijo sobre las emociones básicas (miedo, tristeza, ira, alegría) que pueda estar sintiendo durante este tiempo. Ayúdele a reconocer cada una de estas, a comprender posibles causas que las originan y a expresarlas. Explíquele que estamos viviendo una situación insólita y que es importante aprender a preservar el bienestar y a gestionar emociones más difíciles como la ira y el miedo. Todas las emociones tienen un valor en el psiquismo humano y son legítimas.
  • Aprovechen este tiempo juntos en casa y dibujen o escriban historias que reflejen cómo diferentes personajes expresan y manejan sus emociones. Luego, si desean, pueden realizar juegos para dramatizar emociones y personajes. ¡Puede resultarles divertido!
  • Establezcan de forma consensuada horarios de estudio en casa. Propóngale realizar actividades creativas que resulten atractivas y que a la vez contribuyan a desarrollar habilidades cognoscitivas. Por ejemplo: Invente problemas matemáticos a partir de situaciones reales o que impliquen personajes de ficción. Invítele a crear una historia imaginaria con sus personajes favoritos de cuentos infantiles. Luego, pídale que escriba las palabras más difíciles de acuerdo a su ortografía en un papel.
  • Pongan límites saludables y establezcan reglas de convivencia. Enséñele y explíquele cuáles comportamientos están permitidos y cuáles resultan perjudiciales o son inaceptables socialmente. Para poner límites no hay que estar enojado, sino convencido. Poner límites es importante para ayudarles a fortalecer el control de sus impulsos emocionales y enseñarles a ser coherentes en voluntad, emoción y pensamiento. Es importante que entiendan el sentido de las reglas y aprendan a respetarlas, así les resultará más fácil aprender a tomar decisiones y responsabilizarse de sus resultados.
  • Elijan determinados momentos o días de la semana para que puedan jugar en espacios libres, que no resulten peligrosos ni conlleven riesgos ante el contagio por el virus. Estos lugares pueden ser patios, terrazas, azoteas, jardines o zaguanes.
  • Las circunstancias actuales pueden ser favorables para enseñar desde casa valores básicos para la convivencia pacífica y el ejercicio de una ciudadanía responsable. La solidaridad, empatía, ayuda a otras personas que viven situaciones sociales precarias o se encuentran en circunstancias de vida difíciles, respeto al espacio, intimidad y diversidad, comunicación no violenta, cuidado a otros seres vivos y al medioambiente, constituyen valores esenciales.
  • Cohabitar el mismo espacio físico familiar todo el tiempo puede ser una fuente posible de contradicciones. En aquellas familias en las cuales la infraestructura física es bien limitada se hace más crítica la convivencia. Distribuyan la estancia de las personas de la familia en diferentes lugares de la casa, de manera que coincidan en algunos y tengan la intimidad necesaria en otros. Organicen, de ser posible, tiempos para permanecer en cada espacio, que no sean coincidentes con los intereses del resto.
  • Establezcan acuerdos y negociaciones en casa respecto a la distribución equitativa de roles domésticos para no sobrecargar a las mujeres y madres del hogar. Pacten días para realizar limpiezas de forma colectiva; higienizar el hogar es responsabilidad conjunta. Delimiten gráficamente, para no dejar esta tarea libre a la espontaneidad, cuáles son las tareas básicas del hogar y quienes serán responsables de realizarlas. Pueden involucrar a pequeñas y pequeños en actividades del hogar en dependencia de su edad: sembrar una planta, organizar su cuarto, recoger juguetes, fregar, sacar la ropa de la lavadora, etc.
  • Rescatar algunos juegos y conversaciones en familias es una acción que genera bienestar y provoca el sentimiento de complicidad importante para reforzar vínculos. Pueden realizar juegos de mesa antiguos como parchís, barajas, damas y ver programas televisivos en horarios determinados.
  • Legitimar el diálogo y comunicaciones pacíficas como forma de resolver contradicciones y conflictos latentes es un buen instrumento para aprender a convivir desde una ética social que se muestre coherente con la cultura de paz.

Considere que usted como cuidador principal también necesita comenzar a cuidar su salud psicológica. Practique el autocuidado emocional programándose actividades que le resulten placenteras y permitan canalizar el estrés resultante del ejercicio de una crianza que se intensifica en un contexto de confinamiento. Practique ejercicios, algún hobby, meditaciones o incluya en su agenda diaria actividades de esparcimiento que permitan su relajación mental. En caso de sentir mucha tensión, considere buscar ayuda psicológica profesional. Una manera de implementar una crianza desarrolladora y respetuosa comienza por experimentar bienestar psicológico en lo personal y tener la capacidad de expresar un estado emocional favorable a estos propósitos.

 

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