En Nuevitas, ciudad portuaria ubicada en la costa norte de Camagüey, en el centro oriente de Cuba, el anémico panorama cultural corroe no solo las instalaciones en peligro de derrumbe, sino también la vida espiritual de su gente. Solo una vez al año se rompe la inercia de este lugar, cuando llega el Festival Hieroscopia.

I. Llegada

La ciudad tiene más de 60 mil habitantes, uno de los puertos más importantes de Cuba después del Mariel y muy pocas luces nocturnas. Pero no hay cines, teatros ni galerías de arte. Allí, en medio de una vida cultural sumamente deprimida, un grupo de jóvenes apuesta por el reconocimiento del arte y sus funciones sociales, abortadas en la racionalidad económica de una alta industrialización. Y organizan Hieroscopia, el festival que refleja el quehacer del Movimiento Audiovisual Nuevitero (MAN). Lo hacen para las miles de personas que viven en la ciudad y también para cualquiera en el mundo que quiera enterarse.
¿Para qué un festival de cine en Nuevitas?, le han preguntado muchas veces a Pedro Martín Navarro, uno de los coordinadores. ”Que no es de cine, que es de audiovisuales”, responde él. Han sido muchas las incomprensiones.

Ciudad de obreros, más del 88 por ciento de la producción mercantil proviene de la industria y de la contrucción, con más de 7 millones de dólares. En estos sectores, además, se concentran los mejores salarios de la zona, de entre 18 y 20 dólares mensuales. Ciudad culturalmente maltratada, cuenta con “solo dos o tres centros nocturnos a los que la gente va a bailar y a beber”, cuenta Pedro. Es el olvido, el peligroso borde de los extremos.

“Hace tres años cerraron la única galería de arte que había, llamada Guernica. Dijeron que no había artistas profesionales que expusieran allí su obra y que ya no cumplía con su objeto social”, comenta.

Hacer un festival de audiovisuales en Nuevitas, con cuatro ediciones ya, va contra toda lógica de consumo cultural, como poner los bueyes delante de la carreta. Pero ahí es precisamente donde radica su mérito. Pedro, con 29 años, es instructor de teatro. Junto a la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, también trabaja con niños y adolescentes para enseñarles a realizar audiovisuales con muy poca tecnología. “Es más factible eso”, dice, “que construir un teatro o un cine desde cero”. Aquí, casi el 91 por ciento de los trabajadores son operarios, técnicos o trabajan en el sector servicios. Y no van ni al cine, ni al teatro ni a la inauguración de alguna exposición. Pero al menos tienen un festival de audiovisuales, hecho por sus jóvenes, en el que se implica a un gran número de habitantes.

II. Recorrido

Es sábado, casi media noche. Todavía se escucha el chasquido de las latas de cerveza al abrirse, el repiqueteo del reguetón y su acompañamiento romántico, la bachata. La placita del centro está semidesierta. A eso se limita la actividad nocturna del pueblo… o sus vestigios.

“Es cierto”, admite Pedro cuando le señalan puntos en común de Hieroscopia con el conocido Festival Cine Pobre, fundado por Humberto Solás. “La diferencia está en que nosotros lo hacemos todo desde aquí”, afirma mientras su dedo índice apunta al suelo de la placita. “El Festival de Cine Pobre tiene sus oficinas centrales en La Habana y con ventanas a la calle 23 del Vedado, un centro cultural por excelencia. Hieroscopia existe desde Nuevitas, sin Internet, sin presupuesto, sin muchos amigos que nos apoyen”, subraya.

No se trata de un proyecto estatal, con la posibilidad de poseer una cuenta que le permita buscar y recibir fondos. El Festival de Cine Pobre se realiza con el apoyo del Ministerio de Cultura para el hospedaje y la alimentación de los invitados. También para la búsqueda de locales donde proyectar los trabajos. El resto va por su cuenta. Pero esta vulnerabilidad también los ha convertido en objeto de manipulaciones.

“Estábamos contentos por haber encontrado padrino, como decimos en Cuba. Hasta que vinieron las autoridades a informarnos de que esas personas de Costa Rica, que también habían estado apoyando a unos jóvenes de Santa Clara, estaban conectados con la USAID. Entonces decidimos entregar los equipos y el dinero que nos habían facilitado, porque no somos una organización política”, afirma.

Y no lo son. Se proponen, entre otras cosas, satisfacer necesidades expresivas y creativas, crear una memoria visual colectiva de la ciudad (que no existía), promover el arte y contribuir a la toma de conciencia de los problemas locales.

III. Despedida

Se hace tarde. Pedro promete escribir “cuando pueda”, porque para conectarse debe salir de esta ciudad productora de sal, leche, quesos, pastas alimenticias, fertilizantes de nitrato de amonio, cemento, bloques de hormigón, alambre de púas, electrodos y varillas para solda. Debe recorrer casi 80 Km para acceder lentamente a la web en las oficinas de Asociación Hermanos Saíz, o pagar las elevadas tarifas de la única empresa en Cuba que ofrece servicio de Internet.

Le preguntan por qué no se va a otro lugar, pero no responde. “Si la gente tuviera mayores oportunidades de realización básica en los municipios”, dice, “no habría tanta emigración hacia La Habana y a otros países. Hemos logrado hacer un Festival de audiovisuales en Nuevitas con prácticamente nada. Hay dos millones de cubanos en La Habana que son la parte visible del país, pero hay otros nueve millones que estamos del lado de acá”, concluye. Entonces, se pregunta Pedro, “¿dónde está Cuba realmente?”