La barbería está en Zanja y San Nicolás y es un local mediano con mucha luz, tres sillas, dos espejos que casi ocupan dos paredes enteras y fotos de cabezas donde las barbas se unen con el pelo meticulosamente o de dibujos (estrellas, tribales) hechos a cuchilla o de hombres con pelados rocambolescos. Tiene wifi afuera. Así que hay por lo menos diez personas sentadas en la acera y otras tantas recostadas en el muro del frente de la tienda, donde un viejo vende cigarros, pomos con veneno para cucarachas, revistas Bohemia, sazón completo.

El barbero de la primera silla tiene el cuerpo tatuado y musculoso. El segundo también. El tercero hace ya 15 minutos que terminó con un cliente, barrió (el suelo está limpio), botó el pelo cortado en un cuartico detrás de una cortina y ahora está sentado mirando el móvil. El que vende cigarros entra a veces, atraviesa la cortina y sale con un pomo congelado o con más cigarros. Cada vez que entra y cada vez que sale, cortésmente, pide permiso a Popy y a Eliodis, que están sentados juntos en el escaloncito de la puerta.

Todos los viernes o todos los sábados, a la misma hora, vienen, se conectan y esperan a que los mismos barberos les corrijan a máquina los machimbrados, desde las patillas hasta donde les empieza lo que en la calle llaman “la sombrilla”: el pelo que se abre en medio de la cabeza y cae amarillo hacia ambos lados (a veces cae verde, rojo, morado…). Cada dos semanas, los mismos barberos también les hacen la queratina sobre las sombrillas, les retocan los tintes, le rasuran la cara a Popy, a Eliodis le arreglan la barba, se la desvanecen.

Por eso, a las 4 menos 20 de la tarde del sábado, uno de los barberos no hace nada, los otros dos trabajan con paciencia y Eliodis oye música con los audífonos puestos por fuera de la enguatada blanca. Tiene unos tenis Jordan y el filo de los dientes de arriba, desde un colmillo hasta el otro, enchapado en oro. Popy tiene tipo de jugador de básquet. Los aretes, las cadenas, el pelo y algunos tatuajes de ambos son idénticos. A simple vista, incluso, las carcazas doradas de los móviles hacen que estos se vean iguales, aunque Eliodis tiene un IPhone 6 y Popy, un Samsung J7, porque hace pocos días se le fundió la batería a su IPhone.

Mientras esperan, Popy cuelga en Facebook un video que acaba de hacer en la barbería. Antes, había subido un video de dos noches atrás, en un concierto en una plaza pública en Matanzas. Había sacado el móvil y había filmado desde la tarima a las más de 200 personas que bailaban y había filmado a Eliodis mientras daba cintura con el micrófono puesto en el aire para que el público repitiera el coro. Porque Popy y Eliodis tienen público: más de 4 000 seguidores en Facebook; y se cuidan la imagen porque, como dice uno de sus temas, tienen que estar arriba de la moda, arriba de la moda, arriba de la moda…

WHAT’S UP, MODA

Conocí a Eliodis la tarde del viernes en La Casa del Gómez, un estudio pequeño en Buena Vista. Me lo presentaron como La Moda, su nombre artístico. Después me dijo que se lo sugirió un amigo suyo: “Porque a mí siempre me ha gustado vestirme, estar en el lío de lo que se usa”.

Desde un sofá, a través del cristal que da a la cabina, Reneé le hacía fotos mientras él cantaba medio encorvado porque, de alto que es, la cabeza le roza el techo: eso hace que tenga que concentrarse al máximo, controlar mucho la respiración.

Cuando llegamos, había grabado un coro (Ahora la moda en la calle es andar lindo,/ ahora la moda en la calle es tener fulas./ Para ser Lero- lero tienes que tocarte,/ para ser Lero- lero tienes que vestirte fula,/ por eso soy One- Leroley, soy One- Leroley) y estaba enfrascado en lo que los reparteros llaman rellenos: voces bajas, apoyos: yo, yo, sí, sí, what’s up, Moda, what’s up, Moda…

Le pregunté si eran improvisados y dijo “Claro”, dijo que ni él ni Popy escriben las canciones: que llegan al estudio sin siquiera haber escuchado el background, sino que ahí mismo escuchan lo que sea que el productor tenga hecho e improvisan pensando en una mujer, en las cosas del barrio.

Foto: Reneé Clark

Foto: Reneé Clark

Si está en la calle y se le ocurre algo, lo graba en el teléfono.

–Hay frases populares que uno las coge. O frases que inventamos. Por ejemplo, yo digo Guachupina y la gente sabe qué quiere decir Guachupina porque oyó el tema. Entonces esa frase se empieza a usar y cualquiera hace una canción con ella. Por eso hay quien dice: “Es que ustedes cantan casi lo mismo.”

–¿Te da miedo que un día no se te ocurra nada?

–No. Lo que me da miedo es que se me olvide. Pero cuando empiezo a hacer la canción, ya se me va pegando, porque la oigo mil veces antes de irme. Así me la aprendo.

Eliodis tiene 29 años, un 12 grado en la Escuela de Deportes, en la modalidad de atletismo, muchos tatuajes: una grabadora antigua, las palabras MÚSICA y MODATÓN (Moda & Reguetón), letras musicales, la pirámide de los Illuminati, un maorí y el nombre de su madre, que vive con él, aunque se ven poco, porque él se pasa la vida grabando, filmando videos o en los conciertos o consiguiendo ropa con los particulares o pelándose.

También le da pena cuando alguien se le acerca y le dice que le gusta lo que hace o le pide hacerse una foto juntos, aunque es algo que le pasa bastante. Porque la gente empezó a conocerlo desde que era corista de Chocolate, en el 2014. Entonces, como ahora, Chocolate era uno de los mayores artistas del reguetón cubano. Un referente. Se conocieron en una discoteca, hicieron amistad, Eliodis le dijo que quería cantar y, aunque no había pisado un escenario, ni tenía un mínimo de técnica, aprendió a hacer segundas y terceras voces ensayando solo frente al espejo, escuchando a otros.

Eliodis se aprendía las canciones, cogía el micrófono en el escenario y, después de la presentación, cobraba lo que sea que le diera Chocolate.

Cinco meses después, como corista, había cantado en plazas, clubes y discotecas de casi toda Cuba. Sin embargo, quería empezar su proyecto propio. Así que terminó con Chocolate y empezó a pasar horas en la Hoster Music, “el estudio del Patica”, en Jesús María, Centro Habana.

–Y un día estoy sentado, mirando cómo la gente grababa y me dice un amigo mío: Asere, ven pa’ que grabes en este tema. Y lo hice. Y TNTichon (que entonces era DJ de Iré Omá, un grupo puntero del género) me vio cantando y me dijo: Vamos a hacer un proyecto con Popy, que rapea y está solo. Porque yo no rapeo. Lo mío es cantar.

Foto: Reneé Clark

Foto: Reneé Clark

MISTERIO

A las tres de la tarde, había un hombre con uniforme gris en Santos Suárez. Llamaba a la puerta de todas las casas: ¡Fumigación! Y fumigaba algunas. En otras, solo firmaba el papelito.

–¿Tú eres cantante? –le preguntó a Eliodis, que iba saliendo.

–Sí.

–Anoche yo soñé que le decía a un muchacho como tú que hiciera una canción con la palabra Guachinango.

–¿Qué quiere decir eso?

–¿Guachinango?

“Ese fue el primer tema que pegamos”, recuerda ahora Popy. “La Moda me hizo el cuento y yo le dije: ¿Qué quiere decir eso? Y él: No sé. Pero hicimos la canción y se pegó. La grabamos el jueves, la cantamos el viernes en el concierto de Wildey, el sábado andaba por toda la calle y el lunes hicimos el video.”

EL POWER

Pelado y con el cuello lleno de talco, Popy conversa conmigo en un muro en San Nicolás, cerca de la barbería. El viernes no había estado en Casa del Gómez porque tenía jaqueca, sin embargo, Eliodis me había dado su número. Así que el sábado por la mañana lo llamé al móvil. Contestó, dormido. Le pregunté si hoy iban a pelarse y me dijo que a eso de las 3:30, que tenían turno. Nunca lo había visto. Pero llegamos a la barbería y el reconocimiento fue instantáneo, por “la sombrilla”.

Cuando nos sentamos, como me había gustado la idea de que jamás escriben las canciones, le dije que me improvisara algo. Le dije: Los zapaticos me aprietan. Y continuó: Las medias me dan calor./ No me quito los zapatos/ porque tienen mal olor.

Tiene una técnica: una vez que sabe de qué va el tema, repite la primera palabra del primer verso en los cuatro siguientes, como pie. En Guachupina, por ejemplo (un featuring con otros reparteros, cuyo video pasa de 89 000 vistas en YouTube), que trata sobre una mujer que se gana la vida haciendo felaciones, Popy dice: Guachupina, demuestra defensa./ Guachupina, chúpame la espina./ Guachupina, no seas tan mensa./ Guachupina, chúpala y camina.

A veces, también repite una frase del primer verso en el tercero y el quinto: “Quería que la matara, pero yo no lo sabía./ Que todo era serio, que no está pa’ bonche./ Quería que la matara, Popy, de noche y de día./ Que nunca pasara de día, que le cogiera la noche./ Quería que la matara…”.

Utiliza una figura retórica: la anáfora. Aunque no tiene ni idea.

Foto: Reneé Clark

Foto: Reneé Clark

–Nosotros les cantamos a las mujeres. Hay veces que es verdad que nos pasamos y les descargamos pa’ atrás, pero sin malas palabras ni nada. Eso es una de las cosas que nos han ayudado: que sentamos cabeza, porque ya estamos bastante maduros.

Con 11 años, en el 2006, Popy empezó a hacer música con algunos chiquillos de su cuadra, entre ellos, El Patica. Les “tiraban” a los chiquillos de la cuadra de al lado. Había empezado la furia de Elvis Manuel, del reguetón cubano que salía de estudios underground y que, aunque no tenía un estilo propio, musicalmente, sino que seguía utilizando las bases del reguetón boricua, hablaba de temáticas cotidianas, barriales, a la manera cubana.

A Popy, entonces, como nombre artístico, le pusieron El Power (era fanático a los Power Rangers). En la casa, sin embargo, nunca le han dicho Yerson, sino Popy.

Luego, El Patica armó la Hoster Music: una PC, un micrófono y unos audífonos, en su cuarto. Allí empezó a grabarles a los grupitos que empezaban, gratis. Y cuando El Patica estaba en la escuela, Popy, que ya casi nunca cantaba, sino que estudiaba Gastronomía y tenía demasiado tiempo libre, se hacía cargo del estudio.

Los fines de semana, por las noches, le decía a su mamá que iba a cantar en no sé qué discoteca para que ella le diera dinero.

–Pero un día, había un concierto de Los Adversarios en El Palermo. Y TNTichon me dice: ‘Dale, canta’. Y yo: ‘Por gusto’. Y él: ‘Le voy a decir a tu mamá que le estás pidiendo dinero y no quieres cantar’. Y tuve que hacerlo obligado. Desde ese día perdí el miedo escénico.

LOS LEROLEY

El Yhony es un centro nocturno en Playa, a un par de cuadras del túnel de 5ta. Junto a la puerta un cartel rojo vino: “El centro no se responsabiliza con la pérdida de objetos de valor, cámaras fotográficas, teléfonos celulares, etc. Utilice el servicio de guardabolsos”. Y uno más pequeño: “Aquí funciona un comité de protección al consumidor”. Grande, en una pared azul marino, el nombre oficial del Yhony: Río Club.

Desde hace meses, Popy & La Moda tienen aquí una peña, todos los domingos. Los sábados también tienen un espacio en el cabaret de 1ra. y 60. El resto de la semana lo pasan ensayando, o en los estudios, grabando canciones.

Cuando empezaron, en 2014, cantaban en algunas discotecas como invitados, iban a provincias, pero, desde el principio, grabar ha sido una filosofía. Dos, tres canciones diarias. Cuando llegan a 10 o 12, hacen una carpeta, y le ponen un nombre: La Abusata, La Rabia, El Cartel I (II, III…), Modatón I (II, III…). Eso es un disco. A veces dejan las canciones sueltas. Entonces es cuando Duani y El Cutu entran en juego: los productores. Van a los estudios, copian la música y la distribuyen, es decir, se la dan a Abdel La Esencia o a Michelito Boutic, los que tienen el control de la distribución por el Paquete, y les pagan. Así Duani y El Cutu garantizan que Popy & La Moda estén en el Paquete. Además suben los videos a YouTube, y se encargan de la parte logística de los conciertos.

De buscar trabajo se encarga el representante, que es, además, quien negocia los precios. Y El Kenyano, un mulato grande y fuerte que estaba conversando con Eliodis en el muro de al lado, mientras Popy hablaba conmigo, es el encargado de la seguridad.

En el Yhony, las mujeres entran gratis antes de las 12. Después pagan lo mismo que los hombres: 5 CUC. El domingo, a las 11 de la noche, las mesas del local están repletas: Duani dice que hay 60 personas; el portero me dijo que no podía darme el dato exacto.

–A nosotros nos siguen bastante, pero a veces no se llena el lugar por falta de promoción, o porque hay demasiadas fiestas por la calle. Lo que te puedo asegurar es que mientras menos gente vaya, más cantamos. Si ahora tú vas solo a mi concierto, te canto a ti solo, que fuiste a verme –me dice Eliodis.

Reparto: el reguetón de los pobres

A las 12 de la noche, el Yhony está lleno de muchachitos con “la sombrilla” y pulóveres anchos, que tapan más de la mitad de los pantalones tubo. También está lleno de muchachitas con pelos húmedos y sayas cortas o chores cortos y tacones y tenis. Hay reguetón grabado y una pantalla que muestra un Power Point con fotos de Popy, fotos de La Moda, y carteles que dicen Los Leroley.

–Eso nos lo pusimos por una canción de Wisin (Vacaciones), que dice: ‘lero- lero- ley, vacilando’. Y yo siempre le decía a La Moda: ‘¡Qué bolá, Leroley!’. Y nos quedamos con ese nombre. Ahora mismo en las redes sociales hay una pila de gente: Fulano Leroley, Mengano Leroley…

A las dos menos cuarto de la mañana la música grabada se diluye y se escucha en todo El Yhony: ‘¡Buenas noches! ¿La cinturita dónde está?’. Y rompe desde el audio: ‘¡Tienes que parar!, ¡tienes que parar!’.

En la tarima un rapero nervioso, con piel cobriza y pelo amarillo. Las mujeres se paran a la orilla del escenario, al lado de las mesas, corean: ‘Tú no tienes quién te folle’, aunque les pregunto a dos que bailan detrás de mí quién es el cantante y no tienen idea. Más tarde supe que le dicen Toyo.

Las voces quedan demasiado altas en el micrófono y hacen que el audio esté saturado. El playback molesta, porque el playback son pedazos de frases grabadas en el background y, casi siempre, quedan montadas en la voz del artista, que improvisa o que no dice lo mismo.

Popy está sentado en el backstage, debajo de una luz azulosa, incandescente. Eliodis bebe de un pomo con agua que estaba puesto junto a la escalera que da al escenario, al lado de otros pomos con agua y una botella con ron. Ríen, conversan.

Exactamente a las dos de la mañana, Toyo, que es el invitado, se despide, y El Kenyano, que siempre estuvo en el escenario, le pasa los micrófonos a Eliodis. Popy se para, se empina de un pomo con agua, le da un abrazo a Eliodis, los dos suben: ‘¡Buenas noches!, ¡buenas noches!’. TNTichon, que controla las máquinas, pone una música que empieza tensa y que rompe repartera. ‘¡Se formó!, ¡se formó!’. TNTichon pide bulla. El público hace bulla. Empieza el tema. ‘Pa’ que lo baile mi Cubita’, dice. ‘Porque hay que estar arriba de la moda, arriba de la moda, arriba de la moda…’.

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