Mi Festival de Cine no empezó con cine sino con música.  Empezó con Haydée Milánes en el patio del Museo Nacional de Bellas Artes. Hubo una canción, le dije cuando acabó el concierto, que me estremece siempre, pero que esa noche me estremeció como nunca. No le dije, le digo ahora, que aguanté fuerte la respiración para no llorar o para que la gente a mi alrededor no me notara las lágrimas. No hubiera sido la única. Ya sabemos que hubo amigos que lloraron en tu concierto: Sandra, Carlos. Todos seguramente por motivos distintos y en momentos distintos pero seguramente a todos nos tomaste por sorpresa.

Yo no sé por qué desde que mis amigos de toda la vida empezaron a irse de Cuba, hace cinco, seis, siete años, yo habito La Habana como si me despidiera de ella; como si todos esos amigos me hubieran llevado consigo y acá solo hubiera quedado un eco de mí. En especial, Claudia. Hay una película documental en el Festival que yo no he visto pero sé que habla de Claudia y de mí. Se llama A media voz y la hicieron dos amigas cineastas: Patricia Pérez y Heidi Hassan. La estrenaron hace poco en el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, bajo el título In a Whisper, y mereció el Premio al Mejor Largometraje. Aquí se proyectará el próximo 11 de diciembre, a las 3:00pm, en el Cine 23 y 12.

A Heidi pude conocerla bien lejos del centro de Madrid, el pasado octubre, en una casa redonda a la que un amigo en común nos había invitado. No todos los días una conoce una casa redonda, así que sentí la urgencia de mencionarlo. Ese domingo nosotras pasamos unas dos horas conversando, como si estuviéramos retomando una conversación que habíamos iniciado imposiblemente antes de conocernos. El tema principal, no es díficil de adivinar, fue Cuba. Yo le conté de la Cuba a la que iba a volver al día siguiente y ella me contó de la Cuba de la que se había ido hacía varios años pero a la que seguía volviendo. Tengo la certeza de que su película me va a hacer escribir algo. Ya incluso tengo lista la primera oración, como esos jugadores de dominó que a veces tienen lista la ficha antes de su turno, porque saben leer el juego, y la ponen a girar encima de la mesa; aunque yo soy una pésima jugadora de dominó, pienso que todo va de mortificar a quienes se toman muy en serio ganar.

Entonces, Haydée y el concierto. Pasó en esa canción que yo sentí que en este año que comienza a acabarse me estoy despidiendo de la ciudad como nunca antes. La canción dice al principio que no escatimes un segundo para amar, que nunca se sabe, pero no es lo que dice la canción, no es lo que compuso Descemer Bueno, sino lo que sentí cuando Haydée cantó la canción. Esto podrá parecer raro, pero yo sentí que se me había acabado el tiempo para amar en mi ciudad, que fue como sentir que la ciudad se me había acabado, y que la canción de alguna manera traía un mensaje que me estaba llegando tarde. Hasta ahora yo no tengo planes concretos de irme a ninguna parte, ni por un día, ni por un mes. Y no digo definitivamente porque solo nos vamos definitivamente a la muerte. Pero siento que La Habana y yo llegamos al final de algo. Por lo pronto, lo único claro es que queda mucho cine por delante.