Un sabio y viejo amigo, que ya ha visto mucho y tiene la dignidad para enjuiciarlo, solía regalarme, en agudísimas charlas, la quintaesencia de los fenómenos nacionales. Yo, como buen jovenzuelo ávido de saber y oficio, le echaba un centavo y me disponía a escuchar una conferencia de más de 100 pesos. Entre sus muchas frases ingeniosas me regaló la que encabeza estas líneas.

Cada vez que desde la alta dirección político-gubernamental cubana hacían un nuevo “llamado” a exponer, a decir, a denunciar, que ahora sí vamos a erradicar todo lo feo, y ustedes verán que esta sí es la vencida, el Maestro solo sentenciaba: Llegó otra temporada del “Ponga su corazón sobre la mesa”. En efecto, una y otra temporada, y otra y otra más; para confirmarnos que han sido cíclicas, atorrantes e ineficientes.

Ahora el mandatario Díaz-Canel nos invita a conformar un “banco de trabas” con todo lo que obstaculiza el desarrollo de la nación. Antes se denominaron “errores y tendencias negativas”. Por momentos las han nombrado “distorsiones burocráticas”, “extremismos”, “mentalidad atrasada”, “frenos”, “dificultades”, “incongruencias” y un sinnúmero de calificativos que abarcan desde las formas más severas hasta las más sutiles para nombrar esas posturas, actitudes o pensamientos que, en nombre de la libertad y la Revolución, han edificado un grueso muro a la libertad y a la Revolución. “Marxismo de los miedos”, lo etiquetó Alfredo Guevara. Sabiendo, seguramente, que de marxismo no tenía ni el miedo.

Así, nos hemos desgastado, barrio por barrio, empresa por empresa, escuela por escuela, sindicato por sindicato, para aportar, para sacarnos del alma nuestras mejores ideas en torno a lo que no funciona de la sociedad, a lo que está mal en la mezcla de cemento para “construir el socialismo”; y los dirigentes, llámense Fidel, Raúl, Miguel Mario o sus subordinados y representantes de cada época en todos los estratos, han recibido con una amplia sonrisa el paquete de opiniones, han mandado procesarlas (bien controladitos los datos calientes), nos han propinado una felicitación enérgica y viril y después, cuando ya las opiniones, sugerencias, propuestas y corazones se pudrieron en las burocráticas gavetas, como la memoria aquí es asunto frágil, nos han convocado nuevamente, para que participemos, que ahora sí vamos a ser autocríticos, que en este minuto histórico (cómo hemos pasado instantes históricos), que sí vamos a derrotar al enemigo.

El que tenga dudas que haga una prueba y hojee los reportes de prensa de los últimos diez años, para no irnos muy atrás. Y se encontrará a la Comisión Política-Económica del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en 2011, explicando, que “debió trabajar en las cinco direcciones que fueron identificadas, tras escuchar el parecer de millones de ciudadanos”. Y luego, al Primer Secretario, afirmando que los resultados del debate son “un formidable instrumento de trabajo” para la dirección del Gobierno y el Partido a todos los niveles.

También puede buscar, en 2017, a raíz del VII Congreso del PCC, la “Conceptualización del modelo”, con 34 mil 991 opiniones recibidas, mientras que el Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030 se agenció 13 mil 329. Y qué decir del Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030, asunto “tan complejo” que solo se llegó al Congreso con sus bases, “es decir, la Visión de la Nación y los Ejes y Sectores Estratégicos”, documento que, a juicio del propio General de Ejército […]: “nos proporciona una formidable herramienta para continuar trabajando hasta su conclusión…”.

Quien aún no caiga de la mata, que revise una curiosa notica de 2013, en la cual se nos aseguraba, desde el titular: “Comienza en Cuba proceso de unificación monetaria”, pues ya había sido “acordado por el Consejo de Ministros poner en vigor el cronograma de ejecución de las medidas que conducirán a la unificación monetaria y cambiaria”. Cronograma que nunca vimos, pero que al parecer incluía plazos muy flexiiiiiibles, porque siete años después no ha aterrizado.

Pero la cosa, como es lógico, no solo abarca los terrenos de lo político y económico, sino también lo cultural y deportivo y constructivo y periodístico y docente, y de cuanta esfera o ámbito de la vida queramos investigar. ¿A alguien le suenan las consultas a expertos y población sobre los rumbos que ha de tomar el béisbol del patio? ¿Y cómo anda la pelota? ¿Alguno recuerda los acuerdos, cordialmente tomados, en cada congreso de trabajadores, electricistas, periodistas, discapacitados, intelectuales, sepultureros, pioneritos y cartománticas? Y este ha sido un formidable congreso, y en lo adelante lo pondremos todo en práctica en la base, que es donde se decide de verdad el destino del país, y fotos sonrientes en el palacio junto al líder; y al mes, ¡qué digo al mes!, a la semana siguiente, quién se acuerda de lo dicho.

Han sido muchos los “llamados”. Y ya de tanto decir se nos ha pelado la lengua y la esperanza. Uno, que es bobo a rente, pero a veces razona, comienza a desconfiar un poquito. Se da cuenta de que los tan cacareados “ejercicios democráticos” no han sido tales, porque el Soberano ha dicho, ha hecho catarsis, pero no ha podido tomar las decisiones; porque al Soberano le han prometido, pero no le han dejado controlar lo que se ejecuta; y porque cada nueva consulta no ha resultado más que un generoso bono de tiempo extra que el Soberano, vestido de sempiterno Liborio, les ha extendido a los mandantes para que, en el mejor de los casos, la vida siga igual.

En una extensa misiva de Ernesto Che Guevara a Fidel, fechada 26 de marzo de 1965, y que por primera vez salió a luz íntegramente en 2019, en el libro Epistolario de un tiempo. Cartas 1947-1967 (Editorial Ocean Sur), el guerrillero argentino desmenuza prolijamente (33 páginas en este volumen), errores y situaciones que se permitía criticar “amparado en la vieja amistad y en el aprecio, la admiración y la lealtad sin límites” que le profesaba al Comandante en Jefe.

Entre otras tantas perlas, el Che apunta:

  • “La economía ha demostrado que tiene una serie de leyes y que violentarlas cuesta muy caro”.
  • “Creo que hemos cometido muchos errores de tipo económico. El primero de ellos, el más importante, es la improvisación con que hemos llevado a cabo nuestras ideas, que ha dado por resultado una política de bandazos”.
  • “Hasta ahora nuestro pobre Partido [se refiere al Partido Unido de la Revolución Socialista, que 8 meses después devendría PCC] ha sido un muñeco armado al estilo soviético”.
  • …“Que siempre se tenga presente la lucha contra la tendencia a burocratizar el Partido, es decir, a convertirlo en un instrumento más de control estadístico del Gobierno, o en órgano de ejecución, o en órgano parlamentario…”.

Pero al final de tantos pliegos, el que ya salía quimera en ristre hacia otras tierras del mundo, confiesa: “Tengo cierta sensación de que esto es un poco de pérdida de tiempo para todos, porque tengo copias de otros escritos anteriores, de un tono parecido y realmente poco ha cambiado desde entonces, y nada de lo fundamental”.

55 años después, cada nueva temporada del “Ponga su corazón sobre la mesa”, nos deja un sabor amargamente parecido.

 

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