Yabó llega todos los días al aula, blanco, impoluto. Atraviesa las miradas de la gente desde Santa Clara hasta la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Camina por los pasillos, se une en clase al resto de los estudiantes de Periodismo, mientras recuerda, quizás, el augurio de una antigua espiritista: “Dedicarás tu vida a la santería”.

Yabó no será el típico santero de las postales folclóricas. Y por eso mismo jamás será el periodista rancio, gris, estrictamente objetivo e imparcial, que alguien pudiera pretender que sea. Ahora mismo Yabó escribe ensayos sobre literatura para las revistas locales, prepara una tesis sobre las estrategias del poder en la prensa cubana, interpreta las cartas con precisión pasmosa y se consagra en la regla de Osha.

“Quizá le gente piense que di un gran salto cuando entré al mundo de la religión pero, en realidad, yo siempre fui creyente”, aclara el hijo de Oggún, el orisha guerrero por excelencia. “Aunque mi familia paterna profesaba la fe cristiana protestante siempre tuve inclinación hacia lo místico. Mi mamá me llevó a casa de una espiritista muy famosa de mi pueblo. Allí me dijeron que podía tirar las cartas, que podía consultar por caracoles”.

“Me olvidé de todo. Pasaron muchos antes de que volviera a pensar en la santería. Lo que pasa es que uno llega a dudar de la fe materialista y comienza a tener una especie de experiencia religiosa. Uno empieza a encontrar cierta paz en ese ordenamiento de la vida al interior de la regla de Osha. En la santería estoy encontrando un camino por donde conducirme, aun cuando mucha gente considere que la religión —esta religión— es atávica”.

Foto: Yariel Valdés

A pesar de que las religiones afrocubanas cuentan con miles de practicantes y están arraigadas en la historia de Cuba, Yabó sabe que su vida sería mucho más convencional si fuera devoto de la fe católica o protestante. “Aquí, durante mucho tiempo —dice— ha existido cierto prejuicio con las religiones de origen africano; siempre se han estigmatizado y se han puesto como un ejemplo de lo incivilizado, de lo bárbaro. Pero yo, por mi propia experiencia, no creo tal cosa. Desde que comencé a acercarme al mundo de la regla de Osha supe que había un principio casi filosófico de ordenamiento de la vida”.

“No, no me molestan las miradas en la calle. A mí me gusta que me miren, que me sientan extraño. Claro, yo también he vivido expresiones sutiles de rechazo: la gente no reacciona de la misma manera que hace 20 o 30 años, pero hay personas que tienen miedo, no quieren que los toques por nada del mundo. La primera vez que entré a la universidad vestido de yabó, alguien dijo, con desprecio: “Mira, otro más”.

En los mismos predios donde Yabó estudia, varios profesores y estudiantes están iniciados en la santería o en otras prácticas religiosas afrocubanas. Aún así, algunas personas no admiten ninguna coincidencia entre el pensamiento analítico promovido en una carrera universitaria y la devoción a los orishas. “Realmente no creo que exista tanta contradicción entre el periodismo y la santería: son dos planos paralelos de mi vida. Mi proyecto personal incluye el ejercicio de las dos cosas. Soy olosha, de la misma forma que en Cuba hay médicos que son oloshas, y hay artistas que son oloshas, y llevan esos dos regímenes de su vida de forma natural”.

En efecto, la devoción hacia los santos del panteón yoruba no impidió que Yabó siguiera otros caminos. “Durante mucho tiempo deseé hacerme santo, igual que deseé estudiar Periodismo. Llegué a la carrera sin saber nada, y se me abrió un universo. Me gusta ese halo romántico alrededor del periodista, me atrae el acto constante de denuncia, de perfeccionamiento de la realidad, que tiene que ver con el periodismo”.

No, Yabó no solo tiene que afrontar las muestras de rechazo o de incomprensión de la gente no religiosa. La santería también impone sus propios códigos morales, tiene sus propios límites. “Ya estoy consagrado, en algún momento próximo voy a ser santero. Pero soy homosexual. Y eso implica que entro a un campo de poder donde las personas gays tienen un lugar subalterno, o sea, carecen de varios derechos. Yo jamás podría ser babalao, aunque cumpla todas las condiciones. Sin embargo, hice lo que quería y tengo conciencia de las reacciones, dentro y fuera de mi ámbito religioso. Sí, claro, estoy preparado para hacerle frente a todo”.

Foto: Yariel Valdés

Yabó se llama Omar Martín Arboláez. Sin embargo, de acuerdo con las normas de la regla de Osha, debe nombrársele Yabó durante el año de iniciación.

Olosha: persona consagrada a la Regla de Osha

Regla de Osha: Santería o religión de los orishas.

Yabó: Nombre genérico con que se reconoce públicamente a la persona iniciada en la regla de Osha (durante el primer año de su iniciación).