Cada 8 de septiembre, cientos de personas hacen una peregrinación a una casa casi perdida entre la maleza y el fango. Es la casona de El Guayo —a cinco kilómetros del poblado de Ranchuelo, en la provincia de Villa Clara— y allí se adora a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Esta tradición tiene su origen, cuentan los pobladores, hace más de sesenta años. Por entonces llegó a la zona un hombre con un paquete sellado y pidió que, si en seis meses no regresaba, el bulto fuera abierto. Dentro el paquete solo estaba la imagen de la virgen, patrona de Cuba.

Allí en El Guayo, donde antes estaba el caserío, hoy solo hay un templo y una humilde casa a 400 metros de distancia. Pero más de medio siglo después la tradición está vital. Decenas de campesinos a caballo peregrinan a la Virgen.

Aunque el suceso tiene también detractores. Vecinos de la zona aseguran que suele terminar con lesionados por carreras de caballos, accidentes de tráfico y hasta peleas con armas blancas; cuando luego de la expresión de fe, alguno asistentes dan rienda suelta a su jolgorio. Ese día jinetes de Villa Clara y Cienfuegos saturan las carreteras.

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